Hilda, un universo en el que sumergirse

Hace unas pocas semanas llegó a España la serie animada Hilda, basada en los laureados, pero no tan conocidos cómics de Luke Pearson. Y lo hizo a lo grande, a través de Netflix, una de las plataformas audiovisuales con mayor audiencia, capaces de conseguir en poco tiempo lo que tanto trabajo cuesta a apuestas editoriales como la de Barbara Fiore: que un producto cultural inteligente e interesante para la infancia se convierta también en un fenómeno de masas.

Y es que, de repente, Hilda, esa niña intrépida de pelo azul, piernas delgadas y ojos enormes ha entrado en la vida de muchos hogares, descubriéndoles un universo misterioso de tintes míticos en el que personajes mágicos y fabulosos conviven con los humanos (unas veces más pacíficamente que otras…) en un lugar un tanto extraño. Un lugar donde las rocas pueden convertirse en trols, los troncos de madera en hombres demasiado conscientes de su existencia, donde las montañas a veces son gigantes dormidos y los rincones desaprovechados de las casas, puertas hacia espacios tiempo paralelos.

Hilda

 

 

Hilda es curiosa, valiente y aventurera. Le encanta vivir en un valle plagado de bosques, ríos y montañas, en compañía de su madre y una gran cantidad de seres mágicos, a los que observa con tenacidad científica y mirada antropológica. Ávida de conocimiento y de amigos inverosímiles, la pequeña se acerca a ese entorno aparentemente extraño desde la emoción y la curiosidad. Con ella saboreamos el placer del descubrimiento, el respeto por la naturaleza y los seres que la pueblan (por muy raritos que sean), y experimentamos empatía hacia los problemas ajenos. Y con ella viajaremos a Trollberg, una ciudad rodeada por un muro: un muro que, según Hilda, deja fuera todo lo interesante… Cruzaremos este muro en su compañía, rompiendo las normas de una sociedad que se regula a través del desconocimiento. ¿Quién puede escapar al hechizo de semejantes ingredientes?

La serie de Netflix ha sabido jugar con esos elementos para atrapar al espectador y sumergirlo en un universo que fascina, y que funciona a través de una narrativa global (fundada en los cómics), que va más allá de los capítulos auto conclusivos (y con frecuencia con moraleja) de las series animadas infantiles. En este sentido, la plataforma ha sabido asumir ciertos riesgos que convierten la serie en una propuesta diferente y muy recomendable. También es cierto que, en el proceso de adaptación de los cómics, la serie ha tenido que abandonar otros aspectos: algunos, por exigencias del lenguaje audiovisual, y otros en pos de convertir la apuesta personal, arriesgada –y en cierto sentido, experimental– de Pearson, en algo que pueda llegar a un público más amplio. Aunque la estética elegante y la sustancia de los cómics sobrevuela la serie, lo cierto es que la Hilda de Pearson propone complejidades (tanto a nivel de lenguaje visual como a nivel de construcción de personajes y tramas) que en la serie se han visto un tanto simplificadas. Así, las gamas de naranja quemado, de granate y de verde oliva que tiñen los días, del mismo modo que los fríos azules y los grises de las noches de los cómics, dejan paso a unos colores más suaves y brillantes, que siguen tiñendo los paisajes de un tono mágico, pero que lo vuelven menos escalofriantes que los del cómic.

Hilda y el trol

El paso de los cómics a la serie de animación afecta también a la simplificación de las personalidades de algunos de sus personajes, así como a las tramas, convirtiendo la serie en una especie de trampolín, una puerta que puede llevarnos de la pantalla al papel, y transformar la fascinación por el universo audiovisual de Hilda en una experiencia de lectura que –lo veremos enseguida– cuida cada detalle.

¿POR QUÉ LEER LOS CÓMICS?

Entrar en los cómics de Pearson no solo significa descubrir un universo inspirado en cuentos y leyendas nórdicas, sino sumergirse en unos libros donde el estilo gráfico, los colores, la composición dinámica y cambiante de las páginas, los peritextos narrativos y el uso expresivo de las viñetas conforman una especie de marca de la casa del universo Hilda. Un lugar donde lo que más cuenta es cómo se cuenta. Donde el tamaño de las viñetas, la perspectiva elegida en cada caso, las elipsis entre las imágenes y los vacíos entre los diferentes cómics explican tanto o más que los diálogos, y componen una obra en la que la exploración del medio se convierte en guía. Un lugar donde cada cómic parece una vuelta de tuerca del anterior, pues van creciendo con el autor y componiendo propuestas cada vez más arriesgadas, cada vez más experimentales. Un lugar, en estos aspectos, bien diferente al de la serie, pues en la serie prima la repetición de ciertos elementos que funcionan, en un gesto que en cierto modo aleja al lector de esa aventura de la exploración.

Otro de los aspectos clave de Hilda es la capacidad de Pearson para construir personajes sencillos y de profunda consistencia, y para proponer situaciones que oscilan entre el misterio y el absurdo, guiadas siempre por la mirada respetuosa de su protagonista hacia lo desconocido y el mundo natural. De ese material surgen diálogos llenos de humor, donde la personalidad de los personajes se va tejiendo a través de una buena conjunción entre lo que hacen, lo que dicen y la manera en que lo dicen (algo que no siempre se consigue en la serie animada). Personajes un tanto ambiguos, a los que conocemos poco a poco y casi nunca demasiado, ya que, a diferencia de la serie, la narrativa global de los cómics funciona más bien como un puzzle. Un puzzle en el que cada título se presenta como una pieza bastante autónoma (excepto el 5º título), con ciertos personajes que no suelen volver a salir en los cómics siguientes, pero que ayudan a darle forma, fuerza e identidad al universo de Hilda.

Esos rasgos permiten a Pearson proponer tramas que se tejen y avanzan en base a malentendidos, debidos a la ignorancia de ese mundo mágico, y se resuelven gracias a la fascinación de Hilda por la extrañeza de los personajes con los que se tropieza, los cuales representan la alteridad desconocida: trols, gigantes, aves del trueno, elfos, espíritus domésticos, etc. Porque además de intrépida, Hilda es bondadosa y sabe rectificar cuando se equivoca… y eso hace que el lector viva intensamente las situaciones misteriosas –y muchas veces peligrosas– en que se ve inmersa, pero sienta al mismo tiempo la tranquilidad de saber que todo acabará más o menos bien (aunque tal vez no sea eso lo que sucede en el segundo y quinto cómic…).Aunque Hilda nos habla de la importancia de atender a los detalles y tratar de comprender lo desconocido antes de juzgarlo, Pearson dibuja también con mucho tino una de las preocupaciones infantiles por excelencia: las relaciones maternofiliales, muchas veces contradictorias, relacionadas con la necesidad infantil de libertad para crecer y la de sentirse queridos y a salvo en los brazos amorosos de los adultos. Una relación entre Hilda y su madre que –a diferencia de lo que sucede en la serie de Netflix, donde se pierden aspectos relevantes de la personalidad de la madre– se basa en la confianza, en grandes cotas de libertad cuando viven en el bosque, y en los miedos maternos al llegar a la gran ciudad. Una relación que, al estar bien dibujada en los cómics, entreteje también gran parte de las tramas, donde nunca aparece un único personaje como responsable del conflicto. Y así, de a poco, cada vez vamos conociendo más a Hilda. Una niña aventurera pero también solitaria, estudiosa del mundo natural y curiosa empedernida; un personaje que se relaciona sin problemas con lo desconocido (por tanto, como le gusta vagar y perderse) y al que en cambio no le resulta tan sencillo comprender a los humanos, tengan la edad que tengan (algo que también queda un tanto desdibujado en la serie, que centra el relato no tanto en Hilda como en su pandilla).

Luke Pearson consigue dibujar un universo complejo y autónomo y convertirlo en un lugar habitable. Un lugar al que queremos volver. Un lugar donde siempre hay algo por descubrir y donde la aventura acecha en cada esquina, con una protagonista capaz de empatizar con criaturas de muchas edades y de instalarse así en el imaginario colectivo. La serie de Netflix puede ser el primer peldaño para adentrarse en este mundo, pero la lectura de los cómics asegura emociones más fuertes, y unos personajes de los que es mucho más difícil desprenderse.

 

Anna Juan Cantavella
Especialista en libros, literatura infantil y didáctica de la literatura
Autora del blog La coleccionista 

Concierto en cuatro colores

Un libro sobre el mundo de los sonidos que juega con texto e imagen para deleitar y desafiar a lectores de todas las edades.

“En el principio era el silencio.” Así arranca Fuerte, suave, murmurado, desde el principio los tiempos, antes de que llegara el verbo. En esa misma página en blanco, casi silenciosa, la voz, que nos acompañará hasta el final, nos dice con letras verdes: “Luego se hizo el ruido. El universo se llenó de sonidos.”.

 


Fuerte, suave, murmurado

 


En la siguiente imagen, libre de palabras, unos círculos (o esferas, como los ojos tienden a ver) flotan sobre un fondo color plata (un espacio sideral pulverizado de polvo cósmico), en una explosión de colores que podría ser la fusión de dos estrellas o el nacimiento de un planeta.

En pocos segundos y con solo unos movimientos, sin que nadie lo perciba, nuestra imaginación ha empezado volar y pasamos la página. Este preámbulo conciso en  palabras, nos envuelve en una narración en la que texto e imagen se combinan a tres niveles: textos informativos, estímulos sensoriales y las vivencias de algunos personajes.

Navegando por el libro nos sorprendemos ante imágenes, detalles y hechos divertidos que nos revelan diferentes facetas de un mismo tema. Desde el nacimiento del universo al descubrimiento de los ruidos y los sonidos del cuerpo, pasando por los sonidos de una casa, la ciudad o el paisaje, estamos caminando entre conceptos tan específicos como emocionantes.

En Fuerte, suave, murmurado encontramos reflexiones filosóficas y meditaciones sobre paradojas a partir de algunas dicotomías como música y ruido, natural y artificial, sano y nocivo,  o de ideas complementarias, escuchar y oír, comprensión y soledad. En sus páginas también se desarrollan algunos conceptos básicos de la física, unas pinceladas de historia natural y de la cultura del diseño y de la tecnología. ¿Por qué y cómo grabamos diferentes tipos de sonido? ¿Cuáles son las profesiones ligadas a los sonidos? ¿Cuántas lenguas existen? ¿Podemos comunicarnos sin palabras?

Fuerte, suave, murmurado

 

Lenguajes múltiples

La forma de narrar, la creación del ritmo a través de una narración visual atrevida que combina momentos de agitación con otros de quietud, la ocupación fluida de los espacios, las metáforas visuales, así como las imágenes de formas abstractas para interpretar los tipos de sonidos dotan de identidad a este libro.

Las páginas dobles ofrecen múltiples entradas a la historia y permiten lecturas no lineales. Cada una tiene una presentación-nudo-desenlace parcial de modo que los textos informativos se complementan conforme el lector avanza. Esta peculiar manera de comunicar, con un  lenguaje visual complejo, repleto de bromas – característica de los libros ilustrados contemporáneos, en los que hemos de incluir los libros informativos y de no ficción-, supone un desafío a la lectura verbal y visual para los principiantes, pero también para los lectores más experimentados.

Sin forzar ni mermar su inteligencia, los niños pueden dar nuevos pasos en la lectura de diferentes tipos gráficos, cada vez más presente en el mundo virtual y audiovisual en el que estamos inmersos. La obra muestra, además, algunos esquemas clásicos de representación de la información, lo que hace que su lenguaje sea aún más sofisticado.

Un esquema sencillo y lúdico muestra algunos sonidos del cuerpo humano (ventosidades, estornudos y huesos que crujen, entre otros) y un gráfico de barras compara las cantidades de decibelios producidos por diferentes fuentes nada obvias (nieve cayendo, un bebé llorando, una erupción volcánica, la caída de un meteorito). En las páginas finales, se invita a los lectores a expandir la experiencia escuchando sonidos del mundo real: los ruidos de un mercado, las voces del bosque, un disco de vinilo o incluso el sonido del Big Bang en la página web del físico estadounidense John Cramer.

Fuerte, suave, murmurado

Un talento extraordinario

El título ya lo sugiere: es como si estuviéramos entrando en un experimento de modulación de ondas. Fuerte, suave, murmurado ha sido diseñado por dos creadores hábiles en el entramado de textos e imágenes e impreso a cuatro colores especiales y vibrantes que, combinados, dan como resultado una paleta llena de matices.

El trabajo de Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv en la construcción de historias ha sido reconocido con importantes premios internacionales como el de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, en Italia. La pareja recibió una mención especial en 2015 y este año el máximo premio en la categoría de No Ficción con esta obra, publicada originalmente junto a I see that, por la editorial Old Lion Publishing House ubicada en Lviv, Ucrania. Un libro profundo en la medida justa, que se ha de apreciar poco a poco, en varias lecturas, para dejarse envolver cada vez más en él, igual que si escuchásemos una orquesta.

Texto de Ana Paula Campos para la revista Quatro cinq um

 

La ciencia es mucho más fácil de entender si puedes verla.Una conversación con Dominic Walliman y Ben Newman

A nosotros jamás se nos habría pasado por la cabeza, ¿un gato azul vestido con un traje espacial para enseñar ciencia? Sin embargo, cuando abrimos cualquiera de los libros del Profesor Astro Cat, empezamos a preguntarnos por qué no se nos habrá ocurrido a nosotros antes. Dominic Walliman y Ben Newman son los artífices de esta extraña y brillante idea científica. Con sus libros El Profesor Astro Cat y las fronteras del espacioLa aventura atómica del Profesor Astro Cat,  El Profesor Astro Cat y el  Sistema Solar y El Profesor Astro Cat y la odisea del cuerpo humano este dúo, formado por un profesor en física y un ilustrador, han dado un giro a la forma de hablar de física, astronomía o biología. Sus libros son visualmente atractivos, divertidos y tremendamente rigurosos. Para conocer un poco más a fondo cómo nació el proyecto y los secretos que se esconden detrás de cada uno de sus títulos hablamos con ellos.

Astro Cat

Dominic, Ben y tú os conocéis desde hace tiempo, ¿cómo surgió la idea de trabajar juntos para hacer libros informativos?

Dominic Walliman:Ben y yo fuimos al mismo instituto. Solíamos salir juntos de fiesta. Recuerdo que yo estaba obsesionado por todo lo que tuviese que ver con el espacio y  siempre acababa contándole alguna cosa divertida de los libros que leía.  Creo que a Ben le gustaron mis  anécdotas porque años más tarde, cuando estaba buscando a alguien que escribiese con él un libro sobre el espacio, se acordó de mí. ¡Y yo aproveché la oportunidad!

Ben Newman:Es cierto, en 2010 diseñé un poster del Sistema Solar que tuvo  muy buenas ventas en mi página web. Sugerí a Nowbrow, la editorial para la que trabajaba, que hiciésemos un libro infantil sobre el espacio. A los editores les pareció una buena idea y me preguntaron si conocía a alguien que pudiese escribir los textos. Enseguida pensé en Dominic. Cuando esa Navidad nos vimos, le pregunté si le interesaba el proyecto. Me dijo que no… ¡es broma! En realidad dijo que sí casi sin dudarlo.

Vuestra idea era hacer un libro sobre el espacio, ¿cómo se colaron el profesor Astro Cat y sus compañeros galácticos en el proyecto?

B.N:Dominic sugirió que nuestro libro tuviese un narrador. Las primeras ideas que tuvimos necesitaban una historia de trasfondo demasiado complicadas y no nos permitían centrarnos  en  el tema central que queríamos tratar. Casualmente en esa época había diseñado un papel de regalo que estaba lleno de gatos vestidos con trajes espaciales. Así que sugerí que utilizásemos un gato galáctico como narrador. A ambos nos pareció buena idea y decidimos que, además, sería un Profesor.

Astro Cat

De hecho, Dominic, tú también eres profesor de física. Al abrir tus libros leemos que trabajas programando ordenadores cuánticos… ¿Nos puedes explicar al estilo Astro Cat qué es lo que haces exactamente?

D.W:En realidad ya no trabajo con ordenadores cuánticos. Dedico todo mi tiempo al Profesor Astro Cat y a mi canal de YouTube Domain of Science. Pero sí, ¡los ordenadores cuánticos son apasionantes! Ahí va una explicación al estilo Astro Cat: los ordenadores cuánticos son un tipo de computadoras nuevas y muy experimentales que utilizan las leyes de la física cuántica para resolver problemas. La física cuántica son las reglas que describen las cosas más pequeñas de nuestro universo, como los átomos, los electrones y las partículas subatómicas. Resulta que estas reglas tienen un poder especial que nos permite resolver ciertos problemas más rápido que los ordenadores normales. Muchos científicos están tratando de construir ordenadores cuánticos para resolver diversos problemas como fabricar medicamentos o diseñar nuevos materiales.

Algo muy atractivo de vuestros libros es su estilo. Parece una mezcla entre los antiguos cómics americanos y algunos libros ilustrados de los años 60. Ben, ¿podrías contarnos un poco sobre tus fuentes de inspiración

B.N: Es cierto, esas dos referencias me han servido de inspiración. En casa tengo una colección de libros de ciencia de los años 50 y 60. Me gusta mucho hojearlos porque encuentro muchos ejemplos de cómo  explicar las cosas visualmente. Un buen ejemplo  es Our Friend the Atom, un título que descubrí hace años en eBay. Fue una gran inspiración para nuestros libros El profesor Astro Cat y las fronteras del espacio y  La aventura atómica del profesor Astro Cat.

Our Friend the Atom es una curiosa pieza de propaganda nuclear de los años 50 hecha por Disney. En ella colaboraron muchos de los artistas que trabajaron para Walt Disney a lo largo de los años. Es un hermoso libro de física, lleno de diagramas increíbles.

Out friend the atom

Se hizo incluso una breve película en la que se mezclan grabaciones de la vida real y secciones animadas que podéis encontrar en YouTube.

De hecho, hay un dicho que dice “Una imagen vale más que mil palabras” y, sin embargo, los libros de ciencia no suelen tener muchas ilustraciones…

D.W:¡De eso se trata! A veces olvidamos que una buena imagen o un diagrama puede comunicar mucho mejor un concepto científico que las palabras o una fórmula matemática. Las ilustraciones de Ben me resultan realmente útiles para explicar la ciencia porque es mucho más fácil entender algo si puedes verlo. Un buen ejemplo es ver cómo se guarda el código genético de ADN en tus células. Creo que la siguiente imagen es una descripción impresionante.

Al mismo tiempo es sorprendente que vuestros libros estén llenos de humor y datos curiosos. ¿Por qué pensáis que son importantes estos dos elementos en los libros de no ficción?

D.W:¡Sin duda las cosas son mucho más interesantes si son divertidas! Es cierto que cuando  hacemos ciencia tenemos que ser muy meticulosos con nuestra forma de pensar. Todo el proceso científico tiende a ser bastante serio. Pero yo pienso que no tiene que ser siempre así: a veces es divertido aligerar un poco los humos con algo de humor. Me gustan mucho los datos curiosos o sorprendentes, son pequeñas pastillas de información que pueden hacer volar tu mente.

B.N:Exacto, descubrir nueva información sobre el mundo que te rodea debería ser divertido. Quizá esto es algo que nos deberíamos recordar a diario. Todos nos merecemos la oportunidad de reír y sonreír mientras estamos aprendiendo.

El profesor Astro Cat y el sistema solar

 Diversión y ciencia. ¿Creéis que esta es una combinación necesaria para explicar términos científicos a niños o también es apta para los adultos?

D.W: El proceso de explicar términos científicos a niños y a adultos es parecido. Muchos adultos no conocen los conceptos científicos que explicamos en nuestros libros más a fondo que sus propios hijos. De hecho, cualquiera padre, madre o docente que se pusiera a estudiar con nuestros libros, probablemente terminaría sabiendo más sobre ciencia que la mayoría de los adultos.

Dominic, vuestro segundo libro, La aventura atómica del Profesor Astro Cat, se desarrolla en el mundo de la física,  un área a la que tú te dedicas. ¿Cómo elegiste los temas que había que abordar?

D.W:Cuando me propongo escribir, ya sea sobre física u otro tema cualquiera, tengo el impulso de intentar incluir todos los contenidos relacionados en el libro. Por desgracia, esto es imposible. Así que mi trabajo como divulgador se basa en  conseguir un equilibrio. Mi objetivo es mostrarles a los niños lo diverso que puede ser cada campo de la ciencia para que, si encuentran algo fascinante en él, puedan investigarlo más a fondo por su cuenta. Por otro lado, siempre tratamos de asegurarnos de que todos los contenidos están dispuestos en un orden razonable para que la lectura tenga sentido desde el principio hasta el final.

En una época donde se supone que toda esta información está disponible en internet, ¿por qué creéis que los libros informativos como los vuestros tienen tanto éxito

D.W:Personalmente me encanta la tecnología, pero también me fascinan los buenos libros. Creo que no hay nada que pueda reemplazarlos. Los libros son simples, no se quedan sin baterías, no se rompen cuando los dejas caer, no necesitan descargar actualizaciones y son fáciles de conseguir. Creo que nuestros libros tienen éxito porque contienen mucha información, pero a la vez están diseñados de una manera sencilla y agradable para que realmente puedas tomarte tu tiempo para hojearlos, sin otros elementos que te distraigan, piten o parpadeen.

B.N:Supongo que nadie quiere ver brillar una pantalla rectangular delante de su cara a lo largo de todo el día. Los libros proporcionan una tranquilidad que los dispositivos digitales e internet nunca conseguirán trasmitir. Para mí uno de los momentos más reconfortantes del día es cuando me siento con mis hijos a leer un libro. Creo que otras personas sienten lo mismo.

El profesor Astro Cat y la odisea del cuerpo humano es vuestra última aventura científica, ¿algún dato curioso por el cual deberíamos abrir el libro?

D.W:Por ejemplo, ¿alguna vez te has preguntado por qué estás vivo y la silla sobre la que estás sentado no lo está? Reflexionar sobre aquello que está vivo y aquello que no lo está puede ser fascinante. A diario nos cruzamos con un montón de cosas extrañas como plantas y animales que de alguna manera se las han arreglado para estar “vivas”. Sin ir más lejos, tú y yo somos un mecanismo extraordinario. Damos por sentado que nuestros cuerpos simplemente funcionan, pero para que podamos funcionar correctamente, están sucediendo cosas fascinantes en nuestro interior…

B.N:Yo voy a ser más directo. ¿Sabías que la cera de tus orejas es única?  ¡Nadie, absolutamente nadie más en el planeta tiene la misma cera que tú!

El profesor Astro Cat y la odisea del cuerpo humano

Para terminar, Ben, he escuchado que la música es una parte muy importante de tu proceso creativo. ¿Qué canción nos recomiendas para explorar el cerebro?, ¿y para un viaje por los pulmones?

B.N:Siempre escucho música mientras ilustro así que tengo las melodías perfectas para estos dos viajes.  Para explorar el cerebro, recomendaría escuchar la canción de Kelley Stoltz, Crossed Mind Blues. Es un tesoro musical y explorar nuestra cabeza con este ritmo sería divertidísimo. Para un paseo por los pulmones no estaría mal escuchar la canción de King Gizzard & Wizard Lizard, Float along – Fill your lungs.  A mí me hace respirar hondo, llenar mis pulmones y flotar.

La ciudad latente: una antología de 25 historias ilustradas que nos hablan de la relación entre los humanos y los animales

La ciudad latente es una antología de 25 historias ilustradas que nos hablan de la relación entre los humanos y los animales, continuación de Cuentos de la periferia, publicado en 2008. La premisa de la que decidí partir era bastante sencilla: piensa en un animal en una ciudad. ¿Qué hace ahí? ¿Cómo reaccionan las personas al verlo? ¿Qué podría significar? La primera historia que escribí hablaba de unos cocodrilos que habitaban la última planta de un rascacielos, y esta historia dio lugar a una serie de fantasías soñadas similares. Trabajo, como la mayoría de los artistas, a partir de un concepto inicial al que voy dando forma con datos que recabo aquí y allá, explorando una idea de distintas maneras hasta dar con un elemento más o menos completo, en torno a un sentimiento o un tema que lo aglutina todo.

la ciudad latente, shaun tan

Gran parte de mi trabajo, desde Los conejos hasta La cosa perdida o Cuentos de la periferia trata el tema de la separación o la tensión entre mundos artificiales y naturales que despierta la nostalgia ante aquello que se ha perdido o aquello de lo que no se tiene un recuerdo completo. El ritmo de vida que llevamos es, desde un punto de vista histórico, asombrosamente extraño, tanto por lo maravilloso como por lo alarmante, una especie de fallo técnico en el tiempo geológico marcado por separaciones y disoluciones importantes. En no pocas ocasiones he tenido la impresión de que muchos de los problemas materiales y espirituales de las personas, y míos también, podrían estar relacionados con esa distancia que hay entre la naturaleza en un mundo posindustrial, en especial en los centros urbanos. Pensar en otros animales es una manera útil de tomar conciencia de esto que digo, abandonar esa actitud antropocéntrica un tanto reducida, atrapada en el egocentrismo y las preocupaciones humanas propias de la época contemporánea.

Me parece importante señalar que mis animales no hablan y que su naturaleza permanece inescrutable. Son seres que entran y salen de cada historia como si trataran de decirnos algo sobre nuestros éxitos y nuestros fracasos como especie, sobre lo que significan nuestros sueños y cuál es nuestro verdadero lugar en el mundo, aunque siempre de una manera imprecisa. En ese sentido encontramos paralelismos entre estas criaturas ficticias y las reales; animales cuya presencia cotidiana podría ilustrar aspectos de la vida que solemos tender a pasar por alto, ya sea por distracción cultural, distancia física o barreras lingüísticas. Sencillamente estamos muy ocupados todo el tiempo siendo seres humanos, mientras que los otros mamíferos, insectos, peces y aves subsisten entre nosotros como parientes olvidados. Y si bien es posible que nunca lleguemos a entender cómo viven estos otros animales —sería absurdo asumir lo contrario—, escribir y dibujar historias sobre ellos tal vez nos permita ampliar nuestra imaginación y llegar a entender un poco más nuestro lado humano.

Las ilustraciones originales que aparecen en La ciudad latente son en su mayoría pinturas al óleo de gran formato, unos 150 x 100 cm, sobre las que no se ha llevado a cabo un trabajo digital significativo. Me gusta la materialidad de estos medios tradicionales y me agrada poder realizar movimientos con todo el brazo para conseguir diferentes texturas a esta escala por medio de pinceles, espátulas, trozos de cartón y hasta rasquetas limpiacristales de ducha para extender la pintura húmeda sobre el lienzo con trazos amplios antes de resolver los detalles. Antes de ponerme a pintar realizo una serie de esbozos y pinturas más pequeños, como los que aparecen más adelante. En el caso de este libro, gran parte del trabajo preliminar fue digital, en la forma de collage fotográfico —unión de distintas imágenes que iba encontrando— motivo por el que la imaginería presente en las pinturas finales resulta tan realista, extraídas de referencias fotográficas. En algunos casos, construí pequeñas escenas, como los dioramas de los museos. En “Ciervo”, la imagen que abre el libro utilicé, por ejemplo, pequeñas figuras de juguete en un bosquecillo realizado en una caja de cartón que coloqué sobre el alféizar de mi propia ventana para recrear el efecto deseado de luz y composición.

la ciudad latente, shaun tan

Con frecuencia me preguntan qué viene primero, la historia o la ilustración. Es un poco de las dos cosas, un proceso de discusión en el que un acto inspira el siguiente mediante revisiones sucesivas. En un principio, suelo tener una idea más bien confusa en la cabeza, como retazos de un sueño: un pez pulmonado en una alcantarilla con un rostro ligeramente humano, una nube de mariposas que desciende, trabajadores de una fábrica que vuelven a casa después del trabajo bajo la nieve a lomos de un yak. No siempre sé de dónde salen todas estas imágenes, aunque normalmente sí soy capaz de identificar algunas influencias, como pueden ser las noticias diarias, conversaciones o malinterpretaciones de algo que he visto u oído por encima (una fuente de ideas bastante común).

Pintar o escribir es siempre una forma de intentar entender lo que podrían significar esas fantasías soñadas, ya que los esbozos constan tanto de palabras como de imágenes realizados en pequeños cuadernos a lápiz o bolígrafo, normalmente repetidos, en los que realizo variaciones alternativas sobre la misma idea. Se trata de un proceso de desarrollo que puede llevar horas, semanas o meses, en el que con frecuencia el resultado es muy diferente de lo que imaginé en un principio. Lo que me interesa especialmente es la forma en la que una premisa absurda —unos cocodrilos en un edificio de oficinas, unos osos que se asocian con unos abogados, una orca perdida en el cielo— pueda llegar a tener un significado lógico si le dedicas el tiempo necesario a escribir o a dibujar sobre ella. Significados ocultos, miedos, revelaciones, preguntas filosóficas y preocupaciones de la vida real parecen emerger de forma natural y espontánea.

El pensamiento general que se desprendía de gran parte de este trabajo era sencillamente eso: que los seres humanos somos animales. Es algo que tendemos a olvidar, que somos una especie más de los varios millones que existen en este planeta. Nuestras leyes y religiones nos dicen que somos especiales, pero ¿de verdad lo somos? Algo que sí sabemos con seguridad es que magnificamos lo que somos y a la vez nos abruma la noción de superioridad propia del ser humano hasta el punto de tender a separarnos y comunicarnos interiormente nada más. Escribir ficción y acompañarla de ilustraciones forma parte en realidad de este proceso, es un diálogo interior que mira hacia dentro siempre, pero al menos intenta mirar también hacia fuera, hacia elementos no humanos, igual que hace un naturalista.

la ciudad latente, shaun tan

A menudo me pregunto si nuestros ancestros entenderían mejor al resto de la vida animal, por ser naturalistas intrínsecos. Si nos fijamos en las pinturas de las cavernas, que normalmente cuentan historias, los motivos dominantes son los animales; y si nos fijamos en los niños, las primeras palabras, conceptos y juguetes de muchos de ellos son animales. No figuras humanas, sino osos, elefantes, jirafas, ratones. Nuestra hija nació en la época en que empecé a pensar en este libro y a escribir estas historias, y cimentó la idea de que existe algo fundamental en el hecho de que el ser humano busque esa cercanía con sus parientes no humanos, ya sea a través de mascotas, cuentos, juguetes, programas de televisión o excursiones al zoo, algo que estuve haciendo todas las semanas durante un tiempo, ya que no vivo muy lejos de uno, junto con otros muchos padres primerizos con sus carritos.

Y a la vez seguimos mostrando una inmensa falta de respeto hacia los animales a juzgar por el trato que les damos, la destrucción de sus hábitats, la crueldad en las granjas de cría intensiva y muchas otras faltas e injusticias. Y esto es solo lo que conocemos. Sin duda existen muchos otros problemas de los que aún no sabemos nada como, por ejemplo, los descubrimientos recientes acerca del ruido que hacen los buques de carga: un sonido que causa interferencias en la comunicación a larga distancia de las ballenas con consecuencias posiblemente fatales. Cada vez vivimos en lugares más alejados de los bosques, las llanuras, los desiertos y los océanos, desde las ciudades al ciberespacio, y sentimos que nos falta algo realmente importante. Nos estamos dando cuenta demasiado tarde de que nuestro propio destino está estrechamente unido al de todas esas otras criaturas (algo que nuestros antepasados sabían muy bien) mientras seguimos degradando la tierra, los océanos y el aire, eliminando especies del mapa que se extinguen a diario, alterando un patrón perfectamente afinado. Cuando ultimaba los detalles de este libro, murió el último ejemplar de rinoceronte blanco del norte, como le pasa al rinoceronte de mi propio poema, y su desaparición puso el punto y final a la existencia de millones de años de esta subespecie. Vivimos en la era antropocena, es la primera vez que se puede decir que una única especie es la responsable de cambios globales a escala geológica. Posiblemente estemos ante un período de extinción masiva como no se había visto desde la desaparición de los dinosaurios a finales de la era cretácica.

la ciudad latente, shaun tan

Mi libro no trata tanto de todos esos temas como de la sensación imprecisa y confusa del ser humano contemporáneo, especialmente los habitantes de las ciudades, de que la vida se ha convertido en algo muy extraño y complejo con esta profunda crisis como telón de fondo. Esto no tiene por qué ser necesariamente algo malo, ya que lo extraño y lo complejo abren la mente a la imaginación y las posibilidades, una sensibilidad agudizada, una valoración autocrítica que nos lleva a pensar en el mundo de otra manera. Pero creo que es necesario reconducir esa imaginación hacia las cosas que son realmente importantes como forma esencial de cobrar conciencia de cuáles son esas cosas realmente importantes. Cosas que siempre parecen más grandes, más antiguas, más sabias y, finalmente, más duraderas que nosotros mismos.

 

El origen de las historias
Shaun Tan

Un fascinante viaje por los secretos del cuerpo humano

El profesor Astro Cat y sus compañeros galácticos tienen una interesante pregunta para todos sus lectores: ¿cómo sabemos que estamos vivos?

Quien quiera conocer la respuesta tendrá que reducir su tamaño a un nivel microscópico para colarse dentro de la anatomía humana.

El profesor Astro Cat

Analiza los huesos y los músculos; observa de cerca las orejas, los ojos y la boca; tómate tu tiempo para recorrer el misterioso cerebro y prepárate para entender cómo funciona el sistema inmunológico y nuestro manual de instrucciones, el ADN.

El profesor Astro Cat

Más de treinta coloridas infografías de las diferentes partes de nuestro cuerpo repletas de curiosidades y rigurosas explicaciones del profesor Astro Cat.

 

El profesor Astro Cat y la odisea del cuerpo humano
Dominic Walliman y Ben Newman

Antes estaba el mar, un imperdible

Antes estaba el mar: Es un libro conceptual. La prueba viviente de que los libros para niños pueden ser cualquier cosa. Que se puede abordar cualquier tema y huir de la simpleza en la que se cobijan algunos autores infantiles. En él los elementos metanarrativos cobran especial importancia. Aunque aborda cuestiones trascendentales como la pérdida o la desgracia, lo que llama verdaderamente la atención es la reflexión que hace sobre la materialidad del libro y sus significados.
El objeto libro queda explicitado de tal forma que su anatomía, su forma, el espacio que ocupa, dejan de ser el lugar invisible en el que se desarrolla una historia para convertirse en parte de la narración. Los límites entre continente y contenido quedan difuminados en una historia en la que el libro se concibe como un todo integral.
Una reflexión de estas características no podía tener mejor canal de expresión que el de un pop-up. Los pop-up rompen los contornos del libro y los ponen en cuestión. Aquí no aparecen hasta el final, cuando la narración lo exige. El protagonista necesita transgredir los límites materiales del libro en el que está confinado. Sólo así podrá escapar a un destino en ruinas. Entonces las dimensiones del libro van descubriéndose progresivamente. Primero, de forma sutil, el volumen queda sugerido dentro de la propia ilustración. Luego, con algunas simples solapas. Hacia el final se produce todo un estallido de papel en forma de figuras dobladas que rebosan completamente la bidimensionalidad del libro.
Antes estaba el mar, de Éleonore Douspis, editado en España por Barbara Fiore, es una puerta de entrada estupenda al universo de los pop-ups. Esta obra nos permite recopilar algunas de las claves conceptuales más importantes de esta técnica y contextualizarlas dentro de la reflexión sobre el libro como objeto. Un imperdible.

¿Cómo se ilustran los sonidos?

Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv explica cómo fue el proceso creativo de Fuerte, suave, murmurado. Cuentan cómo representaron visualmente el mundo de los sonidos y unieron armoniosamente lo cognitivo con lo filosófico.

«Nuestro libro vino precedido por un trabajo de investigación muy riguroso —contó Romana Romanyshyn—. Tuvimos que entender de qué manera se podía representar el sonido, dado que es invisible, no se puede ver. Exploramos las distintas formas en que el arte ha abordado el sonido y lo ha transmitido plásticamente. Uno de los pioneros en la interacción entre geometría, color y sonido fue Vasili Kandinsky, que desarrolló toda una teoría sobre la reproducción gráfica del sonido; por eso, nos apoyamos en su obra, en la que los sonidos tienen sus propios colores y formas. Kandinsky hablaba del fenómeno de la sinestesia, cuando diferentes factores de la percepción humana operan al mismo tiempo. Por ejemplo, cuando escuchaba música, Kandinsky veía manchas de color, la visualizaba».

Fuerte, suave, murmurado empieza con el instante en el que se produjo el Big Bang, cuando «en el principio era el silencio» y luego hubo un estruendo (hay incluso un enlace en el que se puede oír la explosión). «Al principio el libro tenía que ser narrativo, habíamos pensado en los protagonistas y en sus nombres, también en los diálogos —añade Romana Romanyshyn—, pero, a medida que avanzábamos, entendimos que era superfluo, porque el énfasis no tenía que recaer en eso. Así que descartamos lo de los personajes. La tendencia global se caracteriza por priorizar la brevedad del texto, la eliminación de todo lo superfluo y en la importancia del diseño.

En su libro los lectores encontrarán una representación de la estructura del oído humano, los diferentes tipos de voces, así como información sobre los sonidos más suaves y más fuertes que llenan el mundo, datos divertidos sobre cómo oyen los animales, la lengua de signos para sordos. Es curioso descubrir que la potencia de un concierto de rock y el llanto de un bebé no se diferencian mucho. Al final el lector se sumerge en el silencio como el que se oye cuando se arrastra un caracol, cruje un papel o late un corazón.

Este dúo de creadores afirma que el libro forma parte de un díptico. La próxima entrega está dedicada a la visión y a la percepción visual de la realidad. «También surge del deseo de mezclar el género de la no ficción con la filosofía. Además de explorar el sentido de la vista, también ahondaremos en que cada cual tiene su propia visión del mundo y lo mira a su manera», explicaron los artistas.

 

Fuerte, suave, murmurado
Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv

El mar no tiene fronteras

El 3 de octubre de 2013 un barco con unos 500 migrantes naufragó cerca de Lampedusa. La tragedia tuvo un gran impacto en Europa, sobre todo en Italia, donde se declaró un día de luto nacional. Días después, el Gobierno italiano decidió poner en marcha una operación humanitaria de búsqueda y rescate de embarcaciones de migrantes en el Mediterráneo. La llamaron Mare Nostrum (en latín “nuestro mar”); el nombre con el que los romanos honraron al Mediterráneo.

La operación Mare Nostrum estaba formada por barcos, aviones y drones de la Marina militar que trabajaban junto a la Guardia di Finanza, la Guardia Costera, los Carabinieri y médicos. Por primera vez la flota italiana dejó de patrullar sus costas para alejarse hasta 75 millas (120km) de su propio territorio. Navegaban hacia mar abierto, cerca de la costa de Libia, donde sabían que el trayecto es especialmente peligroso.

Meses después, la misión había rescatado a 155 000 personas. Sin embargo, las críticas no tardaron en llegar desde la Unión Europea: por un lado, el coste de la operación era demasiado elevado, 9 millones de euros por mes, por otro, se empezó a temer que el Mediterráneo se convirtiese en un lugar demasiado seguro. Los gobiernos más críticos opinaban que Mare Nostrum provocaba un efecto llamada que incitaba a las personas a lanzarse el mar sin ningún temor.

A pesar de las críticas, Italia solicitó fondos adicionales a la UE para continuar con las de tareas de vigilancia. La ayuda requerida nunca llegó y Mare Nostrum se suspendió en noviembre de 2014.  A partir de ese momento entró en acción otra operación conocida como Tritón. El mismo nombre que los griegos dieron a su dios mensajero. Un dios que, con su caracola, calmaba o elevaba las olas del mar.

Aunque Tritón es una operación europea, financiada por los 29 países miembros, tiene un presupuesto de tan solo 2,9 millones de euros al mes. Se objetivo es controlar las costas europeas, no el salvamento de personas: los barcos de Tritón ya no navegan más allá de 30 millas (48km) de los territorios nacionales. A pesar de que miles de naufragios siguen sucediéndose algo más al sur, en mar abierto.

Europa pensó que si no patrullaba más allá de sus fronteras dejaría un mensaje claro: no vengáis, el mar es demasiado ancho y peligroso. Miles de personas creyeron que Europa había comprendido que las guerras y las dictaduras son aún más peligrosas. El mar no pensó nada, pero lo largo del 2015 y 2016 se tragó a 8 771 personas. El mare nostrum, el mar mensajero.

 

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Revista para los que sueñan con la paga
Primavera 2017#4

Dossier Refugiados

Prefieren una posible muerte en el mar que una muerte segura en casa. Entrevista a Patrick Kingsley

¿Por qué tantas personas de distintos países, religiones y clases sociales lo abandonan todo poniendo en riesgo su vida para venir a Europa? La respuesta no es fácil, ni siquiera para quienes se han dedicado a estudiar este fenómeno. Por eso en el año 2015, el periódico británico The Guardian decidió que era necesario contar con un periodista que se dedicase en exclusiva a informar con detalle sobre la crisis de refugiados.

Patrick Kingsley fue el escogido. Desde entonces trabaja como corresponsal de migraciones y ha viajado por más de veinte países para entrevistar a migrantes, traficantes, cargos políticos y todo tipo de personas, buscando respuestas que nos ayuden a comprender la complejidad de esta situación y la responsabilidad que tenemos los europeos frente a ella.

De esta experiencia se nutre su libro La nueva odisea (Deusto). Un reportaje en el que somos testigos de cómo Hashem al Souki huyó de Siria y emprendió un accidentado viaje para poder asegurar el futuro de sus hijos. Hablamos con su autor sobre el trasfondo de esta historia.

Patrick, en los últimos años has conocido a familias que huyen de Afganistán o Iraq, también a chicos y chicas que abandonan Siria. Todos tienen un nombre y una historia. Por ejemplo, Adam que con 15 años abandonó su casa en Eritrea para llegar a Europa. ¿Qué lleva a unos y a otros a dejar sus países y emprender un peligroso viaje de miles de kilometros con un destino incierto?  La mayor parte de las personas que han llegado a Europa en estos años, huye de algún tipo de violencia. Si son sirios, intentan escapar de la guerra más salvaje de nuestro tiempo. Si son eritreos, huyen de la más autoritaria de las dictaduras. Quienes vienen de Iraq y de Afganistán, provienen de países inmersos en uno de los conflictos bélicos más largos de la historia reciente que, además, estuvo en  gran medida originado por la intervención de Occidente. A Europa también llega un pequeño porcentaje de personas que huyen de la pobreza y de la falta de oportunidades en sus países de origen, pero según la Organización de Naciones Unidas, la mayoría lo hace de la guerra y la represión.

Cuando los periodistas hablaís de las personas que llegan a Europa utilizáis diversos términos, a veces os referís a refugiados, otras veces, a migrantes. ¿Existen diferencias entre estas dos palabras? Para mi la palabra migrante es un término neutral. Describe lo que una persona está haciendo: migrar, se está moviendo entre distintos países. Esta palabra no indica por qué lo hace. En cambio, la palabra refugiado tiene un sentido legal. Sugiere que la persona ha tenido que abandonar su país para preservar su vida. Por eso, solo deberíamos emplear refugiado para referirnos a quienes ya les ha sido concedido el asilo político.

Aunque la palabra migrante no debería tener una connotación negativa, a raíz de la presente crisis, algunos periodistas comenzaron a emplearla de forma inadecuada; intentando sufgerir que un migrante no necesita de nuestra protección. No es alquien que tenga que refugiarse de la guerra.

Como respuesta, otros periodistas intentaron usar una palabra distinta para mostrar a los migrantes de una forma más amable. Empezaron a referirse a ellos como refugiados, para recordar a sus lectores que estaban hablando de personas que sí necesitaban refugio porque huían de la repesión y de la guerra. Personalmente, intento seguir usando migrante para referirme a alguien que está en el trayecto, que aún no han llegado a su destino.

Como corresponsal de migraciones has tenido que seguir de cerca las diferentes medidas que la Unión Europea ha adoptado durante estos años, ¿qué piensas de de la respuesta que ha tenido Europea hacia la crisis que está viviendo? La Unión Europea piensa que puede acabar con la inmigración haciendo que sea muy difícil llegar a Europa: lo hace construyendo muros y confinando a los refugiados en países en los que sus derechos no son respetados. Pero si hay algo que he aprendido cuando investigaba para escribir mi libro, es que la migración no se puede parar. La gente siempre se ha movido y siempre lo hará, porque le temen más a aquello de lo que le huyen que a lo que se puedan encontrar allá donde vayan. Por eso arriesgan sus vidas en pateras que muchas veces se hunden en el Mediterráneo. Prefieren una posible muerte en el mar, que una muerte segura en casa.

Europa debería darse cuenta de que las opciones no están entre que haya o no migración. Hay que elegir entre una migración regulada y una sin regular. No podemos parar este fenómeno, sólo podemos regularlo para que las condiciones mejoren. La forma de hacerlo, es establecer rutas legales y seguras para llegar a Europa. Esto beneficia a ambas partes: a los migrantes y a los europeos. Para los que llegan, habría una alternativa a las condiciones infrahumanas a las que tienen acceso actualmente. Y, a sus vez,  los europeos podrían manejar la situación caótica de hoy en día. Un emigrante siempre preferirá viajar legalmente si tiene la posibilidad de hacerlo, aunque sea pequeña.

Según tu punto de vista, ¿es posible que crisis de refugiados se deba a la ola de migración sino en el modo en el que la UE la está asumiendo? No creo que crisis de refugiados sea un término adecuado por dos razones. Primero, porque no tiene por qué ser una crisis: el número de personas que llegaron el año pasado, un millón, es bajo si lo comparamos con la población de la UE, 500 millones.Segundo, porque si es una crisis no es una crisis de refugiados, sino una crisis de asilo: una crisis de nuestras políticas de asilo defectuosas.

Debería ser posible para países tan ricos lidiar con esta cifra de refugiados, pero nuestro sistema de asilo no está funcionando adecuadamente. Países como Grecia e Italia, deprimidos económicamente, tienen que lidiar con el grueso de la crisis, y no estamos siendo suficientemente rápidos en la reubicación de personas de Grecia e Italia al resto de Europa.

Cada vez es más frecuente oír noticias sobre ataques terroristas islámicos como por ejemplo, las pasadas navidades en un mercadillo en Berlín. Si uno de nuestros lectores te confesase que teme que la llegada de inmigrantes venga acompañada de una ola de terrorismo, ¿qué le contestarías? Los refugiados sirios están intentando escapar del terrorismo que vimos en Berlín. Por eso vienen, porque quieren vivir en paz. De donde vienen, hay un ataque terrorista de ese tipo todos los días. Niños como tú mueren por las bombas a diario. Ellos no quieren que se reproduzca esa violencia en los lugares a los que llegan.

Revista ¡La leche!
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Primavera 2017#4

Dossier Refugiados. Entrevista de Inés Puig

 

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