Allí : Hier

cambio de estado
entre
la vuelta
nombrar

en el cambio
transplantada
en otras estaciones

os dije: me voy

sabía que
movimiento es cambio,
viaje,

los bolsillos,
las maletas llenas,
tierra

estoy,
no dejo de irme

no hay más
sino volver
entre tantas:
mi casa

Fuera, cómo fuera
no entendí
la pregunta, vivo aquí
¿qué dentro y qué fuera?

Y, ¿dónde me
dejé la casa?

quiero saber que allí estoy allí

Allí : Hier
Carmen José

Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos

La mujer se desvelaba. La prueba era que me despertaba de un codazo cada cierto tiempo para preguntarme si ya me había
dormido.

–Casi –solía contestarle.

Entonces la atraía hacia mí y esperaba a que su respiración se volviese más pausada. Algunas veces pronunciaba palabras tristes
justo antes de conciliar el sueño.

En una ocasión dijo:
–Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos.

El Paraíso, Bart Moeyeart y Wolf Erlbruch

Al principio no nos sentíamos nunca solos

Al principio no estábamos nunca solos. Nuestros pies descalzos caminaban en la abundancia y cuando nos tumbábamos, teníamos la sensación de ahogarnos en la vida. La mujer buscaba mi mano y yo la suya, y nos ayudábamos mutuamente a ponernos a salvo.

–¿Estás bien? –me preguntaba ella a mí, o yo a ella.

Estábamos bien.

Al principio no nos sentíamos nunca solos.

El Paraíso, Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch

El taller de las mariposas, Gioconda Belli y Wolf Erlbruch

Odaer pudo sentir cómo las mentes de todos empezaban a imaginarse el mundo lleno de mariposas y se llenaban de felicidad.
Pensó que sus momentos de tristeza, de angustia y soledad, sus noches de desvelo, no habían sido en vano. También de sus lágrimas había nacido la mariposa.

Pensó que como recuerdo de sus esfuerzos y para que nadie se engañara creyendo que la belleza no costaba trabajo, haría que las mariposas fueran primero orugas, que luego se transformarían en el insecto más bello de la creación. Por último pensó que era cierto lo que dijera su amigo perro: los sueños se hacían realidad. El secreto estaba en no cansarse nunca de soñar, en no darse por vencido.

El taller de las mariposas, Gioconda Belli y Wolf Erlbruch

Lo efímero

Una montaña se desmorona.

El rayo incendia una casa.

Las personas huyen.

Las personas pueden luchar contra los animales salvajes,
pero no pueden luchar contra los terremotos, los truenos y los rayos.

Pueden, eso sí, destruir fácilmente lo que otras personas han construido.

Los terremotos hacen estremecer las rocas.

Todo es efímero.

Pero la virtud permanece.

El nuevo libro del abecedario, Karl Philipp Moritz y Wolf Erlbruch

Muerte

Un hombre yace en el suelo inerte e inconsciente.

Junto a él hay un niño con una antorcha caída y apagada.

Al igual que la antorcha ha perdido su fulgor, se ha consumido la vida del hombre.

Sus ojos ya no ven.

Sus oídos ya no oyen.

No respira.

Su corazón ha dejado de latir.

Cuando dormimos parecemos muertos.

Tras el día llega la noche.

Tras la vigilia llega el sueño.

Tras el trabajo llega el descanso.

Tras la vida llega la muerte.

El nuevo libro del abecedario, Karl Philipp Moritz y Wolf Erlbruch

Lujo y exceso

Sobre una mesa hay manjares.

Alrededor de la mesa,la gente se sienta en sillas. Esta gente come y bebe.

En medio está sentado el hombre de la casa. El hombre de la casa bebe de un gran vaso de oro.

Un vaso así recibe también el nombre de copa.

El hombre de la casa es un hombre rico.

Tiene mucho más de lo que necesita. Nadie necesita un vaso de oro.

El vaso de oro es solo un lujo.

Tampoco es necesario un gran surtido de manjares.

Un gran surtido de manjares es un exceso.

El nuevo libro del abecedario, Karl Philipp Moritz y Wolf Erlbruch

El pato y la muerte, Wolf Erlbruch

La nieve caía. Los copos eran tan finos que se quedaban suspendidos en el aire. Algo había ocurrido. La muerte miró al pato. Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto.

Lo acarició para colocar un par de plumas ligeramente alborotadas, lo cogió en brazos y se lo llevó al gran río.

Allí, lo acostó con mucho cuidado sobre el agua y le dio un suave empujoncito.

Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba. Cuando lo perdió de vista, la muerte se sintió incluso un poco triste.

Pero así era la vida.

El pato y la muerte, Wolf Erlbruch

Ratas, Gottfried Benn y Wolf Erlbruch

La boca de una niña, tras yacer largo tiempo entre las cañas, parecía tan mordida.
Cuando le abrieron el pecho, tenía el esófago tan agujereado.
Por fin, en el porche enramado bajo el diafragma hallaron un nido de crías de rata.
Una de las hermanitas pequeñas yacía muerta.
Las demás subsistían gracias al hígado y los riñones, bebían la sangre fría y, aquí, su juventud había sido hermosa.
Como hermosa y rauda fue también su muerte: a todas ellas las arrojaron al agua.
¡Ay! ¡Cómo chillaban sus pequeños hociquitos!

Ratas, Gottfried Benn y Wolf Erlbruch