Un placer inmenso tanto para niños como para adultos curiosos

Los psicólogos creen que la capacidad creativa depende de la memoria y de la habilidad de jugar con el catálogo de experiencias e ideas que cada uno de nosotros conserva en su memoria. Más que eso, la memoria es el salvavidas de nuestro propio ser. De hecho, ¿puede haber algo más fundamental para la identidad que la memoria?

La memoria del elefante es un originalísimo cómic de la escritora Sophie Strady y del ilustrador Jean-François Martin. Original no sólo por su impresionante tamañode 38 centímetros –lo que ya de por sí lo convierte en una especie de delicioso póster narrativo– sino porque mezcla la fascinación de lacuriosidad enciclopédica con profundas preguntas sobre la memoria, la identidad y todo lo que hace que la vida valga la pena.

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Marcel es un elefante viejo y sentimental que se dispone a escribir una enciclopedia para dejarla como legado. Después de ver la construcción de la Torre Eiffel en 1889 y la aparición del primer ordenador Mac en 1998, y de llenar los cien años que separan un acontecimiento de otro con una larga vida de aventuras y triunfos personales, Marcel emprende la “ingente tarea de recoger en una voluminosa enciclopedia ilustrada todo lo aprendido durante su larga y apasionante existencia”.

Pero cuando está a punto de comenzar el repaso de sus muchos años de vida para rebuscar en el inmenso banco de datos de sus conocimientos, encuentra el
salón –el rincón imprescindible para escribir, deliciosamente poblado de un mobiliario moderno de mediados de siglo y de inconfundibles diseños de Eames –inundado de «montones de paquetes envueltos en papel de brillantes estampados», regalos sorpresa de los amigos por su cumpleaños.

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Según abre los paquetes y comienza a jugar con los regalos que contienen, va cayendo en la cuenta del doble significado de la palabra «presente». Marcel se ve transportado a su pasado y a las numerosas vidas comprendidas en su larga y completa existencia –la época de músico de fama mundial, los tiempos de marinero, el año sabático en Vietnam, la etapa de cuidador de los hermosos jardines de Luxemburgo y la participación accidental en las huelgas y revueltas del histórico mayo francés de 1968.

Marcel llega al último paquete que le queda por abrir, un grueso cilindro de cartón, en cuyo interior encuentra un cartel que reza: «Cuando mayo venga seguiremos nuestra propia senda». Mientras reflexiona sobre el curioso aspecto de viaje en el tiempo de lo que parece un eslogan político de la revolución del 68, advierte que es uno de mayo, día de su cumpleaños. En ese momento, sus amigos salen de detrás de los elegantes muebles para darle una verdadera sorpresa de cumpleaños.

La historia principal está aderezada con curiosidades enciclopédicas tanto sobre elementos de los recuerdos de Marcel, desde música a tecnología, como sobre los elefantes mismos. Aprendemos que el elefante duerme poco por la noche, “casi siempre levantado y en constante alerta” y que por el día echa cabezadas de pie; que un elefante adulto necesita beber más de 100 litros de agua al día y comer entre 100 y 150 kilos de comida dependiendo de la estación; que un elefante no puede saltar y que ha de tener siempre un pie en el suelo; y que a pesar de su enorme peso, alrededor de cinco toneladas, no hace ruido al andar.

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La memoria de un elefante es un libro francamente delicioso de principio a fin, una historia conmovedora aliñada con sutiles sorpresas para los jóvenes lectores y los adultos amantes del diseño.

Un placer inmenso tanto para niños como para adultos curiosos.

María Popova
Brian Picking

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