Lectores de libros ilustrados; comentarios de Suzy Lee

Recuerdo la primera vez que quedé fascinada por los álbumes ilustrados. No fue por la belleza de las imágenes del libro ni por el interés de la historia. Cuando pasé la última página y cerré el libro, creí haber tenido una intuición que no podría haber sido más simple e intensa. El corazón me palpitaba con fuerza y tuve la sensación de que por fin había encontrado lo que había estado buscando.

Lo primero que me intrigó fue el álbum ilustrado como medio. Quería encontrar la manera de recitar una serie de historias, una tras otra, en lugar de utilizar el lenguaje condensado de la pintura. Quería extender, recoger y luego hilvanar historias e imágenes juntas.

Quería ser pintora y narradora. El interés que sentí por los álbumes ilustrados fue una revelación natural. Sin embargo, dar el salto a un medio especial no implica que un artista se convierta también en especial. Para entender la fuerza de un álbum ilustrado extraordinario necesitaba examinarlos a conciencia.

En mi opinión, a un álbum ilustrado no lo hace extraordinario ni el medio ni el artista. Parece que esa cualidad procede de lo extraordinarios que son los niños, que no solo son su público principal, sino también los que hacen posible este género. Si alguna vez habéis intentado explicarle a un niño de tres años lo que significa semáforo o valentía comprenderéis lo que quiero decir. Explicar las cosas de la forma más simple posible tal vez sea lo más cerca que podamos llegar a estar de la esencia de la verdad.

Para crear esa sencillez, el autor debería ser directo y explícito, pero yo no soy así. Por consiguiente, tengo que estar en todo momento pendiente de crear mecanismos lúcidos en los que pueda confiar. El esfuerzo que el artista realiza cuando elabora un libro consiste en acercarse más a esa verdad tan simple. Mientras que los genios tal vez hayan empezado conociendo a los niños para después crear libros infantiles, yo me contento con haber tenido la oportunidad de haber conocido a los niños a partir de los álbumes ilustrados que he creado.

No paro de aprender de los niños, aunque esto no significa que ten- ga que esforzarme constantemente ni adaptarme deliberadamente a ellos. Lo que ocurre es más bien que me ayudan en el proceso de creación: siempre hay un momento en el que encuentras un obstáculo a mitad del proyecto y no sabes cómo salvarlo. Cuando estás parada y no encuentras la manera de avanzar, de repente aparece un niño y te da unos golpecitos en el hombro. Entonces es cuando te das cuenta de que estabas luchando con una mentalidad racional y lo que más necesitabas era la imaginación. De improviso se te alegra el alma y puedes volver a ese estado más juguetón.

Los niños van al grano enseguida y lo hacen a su manera, sin la necesidad de abarcar el conjunto. En una ocasión, durante un taller, un niño brasileño me preguntó acerca de Espejo:

«A partir de la mitad del libro, ¿por qué la niña del espejo no hace las mismas cosas?».

Antes de que tuviera la oportunidad de responder, otro niño lo hizo por mí: «¡Porque a los niños no les gusta hacer lo mismo cada día!».

Para un creador, tener lectores tan creativos es un verdadero privilegio. Es fantástico recibir la energía de los niños y poder devolvérsela. Cuando te das cuenta de que en realidad es el artista quien se beneficia de los álbumes ilustrados, comprendes el poco sentido que tiene decir que creas libros «para» niños; o todo lo contrario, que los «ignoras» por completo, porque lo que estás haciendo es aprovechar los resultados del medio que se ha desarrollado gracias a los niños.

La verdad que les llega a los niños siempre llega también a los adultos, pero eso mismo al revés no es válido. Es algo que intento tener recordar cuando trabajo en mis libros. El hecho de que todos los libros de la trilogía estén clasificados «para todas las edades» es interesante. La trampa de la etiqueta «para todas las edades» tal vez signifique «demasiado complicado para los niños» y «demasiado simple para los adultos» al mismo tiempo. Me gustaría crear un libro con complejas capas que puedan atraer a lectores distintos y evitar esa trampa.

A los adultos les inquieta la conclusión de Espejo.Tienden a comprenderlo como «el enemigo es uno mismo» o como «un intento fallido de encontrarse a sí mismo». Los adolescentes en plena pubertad también tienden a proyectar imágenes propias en la historia. Sin embargo, los niños pequeños llegan a conclusiones más claras y concisas: «una niña aburrida se pelea con su amiga y se aburre otra vez», o «si empujas a una amiga porque no es igual que tú, se rompe en mil pedazos». Los abuelos que compran La ola para sus nietos a menudo comentan que ven el mar deslumbrante de su juventud en el libro. Por otro lado, los adultos son capaces de apreciar la estética y la estructura de los álbumes ilustrados. A los niños, por supuesto, no les interesa ese tipo de formalidades. Los niños se limitan a disfrutar del efecto que les producen. Eso no les impi- de entrar en el maravilloso mundo de las sombras.

Toda esa reflexión y esos esfuerzos conducen a un objetivo: mi más sincero deseo de conoceros, lectores. Creo que puedo haceros llegar lo que a mí me parece bello y alegre. Pensando en grandes y pequeños por igual, intento sumergirme completamente en mis obras para transmitir lo que realmente siento.

Un álbum ilustrado extraordinario me susurra que todo esto es posible.

La trilogía del límite, Suzy Lee

Un comentario sobre “Lectores de libros ilustrados; comentarios de Suzy Lee”

  1. Hermoso soy admiradora de estos tipos de libros .Me encanta esta editorial y cualquier nota que encuentro me ayuda a enriquecerme más porque soy profe de letras y busco siempre material para mis talleres.gcs

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