El mar no tiene fronteras

El 3 de octubre de 2013 un barco con unos 500 migrantes naufragó cerca de Lampedusa. La tragedia tuvo un gran impacto en Europa, sobre todo en Italia, donde se declaró un día de luto nacional. Días después, el Gobierno italiano decidió poner en marcha una operación humanitaria de búsqueda y rescate de embarcaciones de migrantes en el Mediterráneo. La llamaron Mare Nostrum (en latín “nuestro mar”); el nombre con el que los romanos honraron al Mediterráneo.

La operación Mare Nostrum estaba formada por barcos, aviones y drones de la Marina militar que trabajaban junto a la Guardia di Finanza, la Guardia Costera, los Carabinieri y médicos. Por primera vez la flota italiana dejó de patrullar sus costas para alejarse hasta 75 millas (120km) de su propio territorio. Navegaban hacia mar abierto, cerca de la costa de Libia, donde sabían que el trayecto es especialmente peligroso.

Meses después, la misión había rescatado a 155 000 personas. Sin embargo, las críticas no tardaron en llegar desde la Unión Europea: por un lado, el coste de la operación era demasiado elevado, 9 millones de euros por mes, por otro, se empezó a temer que el Mediterráneo se convirtiese en un lugar demasiado seguro. Los gobiernos más críticos opinaban que Mare Nostrum provocaba un efecto llamada que incitaba a las personas a lanzarse el mar sin ningún temor.

A pesar de las críticas, Italia solicitó fondos adicionales a la UE para continuar con las de tareas de vigilancia. La ayuda requerida nunca llegó y Mare Nostrum se suspendió en noviembre de 2014.  A partir de ese momento entró en acción otra operación conocida como Tritón. El mismo nombre que los griegos dieron a su dios mensajero. Un dios que, con su caracola, calmaba o elevaba las olas del mar.

Aunque Tritón es una operación europea, financiada por los 29 países miembros, tiene un presupuesto de tan solo 2,9 millones de euros al mes. Se objetivo es controlar las costas europeas, no el salvamento de personas: los barcos de Tritón ya no navegan más allá de 30 millas (48km) de los territorios nacionales. A pesar de que miles de naufragios siguen sucediéndose algo más al sur, en mar abierto.

Europa pensó que si no patrullaba más allá de sus fronteras dejaría un mensaje claro: no vengáis, el mar es demasiado ancho y peligroso. Miles de personas creyeron que Europa había comprendido que las guerras y las dictaduras son aún más peligrosas. El mar no pensó nada, pero lo largo del 2015 y 2016 se tragó a 8 771 personas. El mare nostrum, el mar mensajero.

 

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