¿Mau Iz Io?, una historia lírica ilustrada sobre el ciclo de la vida

De la ilustradora Carson Ellis, una cálida invitación a celebrar la inexorable interdependencia entre la alegría y la tristeza.

Es casi banal decirlo, pero necesita ser recalcado constantemente: todo es creación, todo es cambio, todo es flujo, todo es metamorfosis, escribió Henry Miller al contemplar el arte y el futuro humano. La hermosa filosofía japonesa del wabi-sabi nos invita a encontrar significado y consuelo en la fugacidad, y sin embargo, mucho de nuestro sufrimiento surge de nuestra profunda resistencia a la ley que gobierna el universo: la fugacidad y el cambio constante. ¿Cómo, entonces, vamos a aceptar la única órbita que cada uno tenemos a lo largo del ciclo de la vida y vivirla con entusiasmo en lugar de desesperación?

Esto es lo que la ilustradora y autora Carson Ellis explora con gran sutilidad y calidez en ¿Mau Iz Io?, un cuento lírico e imaginativo sobre el ciclo de la vida y la inexorable interdependencia entre la alegría y la tristeza, la adversidad y el triunfo, el crecimiento y la decadencia.

mau2

La maravillosamente ilustrada historia está escrita en el lenguaje imaginario de los insectos, el significado del cual el lector deduce con deleite por las familiares emociones humanas que experimentan a lo largo de la historia: sorpresa, regocijo, miedo, desesperación, orgullo, alegría. El título significaría ¿Qué es eso?, la exclamación que los protagonistas emiten al descubrir un brote enrollado que se convierte en la pieza central de la historia, cómo los insectos tratan de darle sentido para después hacer uso de esta misteriosa novedad en su hogar. Muña-muña, responde el otro: No lo sé.

Los descubridores del brote solicitan la ayuda de un sabio ciempiés anciano que vive dentro de un tocón, un personaje que recuerda en espíritu a Búho en Winnie-the-Pooh. Él presta a la operación su escalera y el equipo comienza a construir un elaborado fuerte en la planta de rápido crecimiento.

Pero su feliz plan es bruscamente interrumpido por una araña gigante que envuelve su nueva zona de juegos en una telaraña, un recuerdo de que en la naturaleza, donde la pérdida de una criatura es la ganancia de otra y viceversa, ganancia y pérdida están siempre contrapesados en perfecto equilibrio sin derecho y equivocación finales.

Mientras los insectos son testigos de lo que la araña hace con abatida incredulidad, un pájaro —una criatura incluso más grande y formidable— baja en picado para comerse a la araña además de devastar el tallo-fortaleza. En su base, podemos ver a los insectos pasar del desánimo al desconsuelo.

Pero cuando el pájaro se va, uno de ellos descubre —con la entusiasta exclamación ¡Su!, lo que significaría ¡Mira!— que la planta no solo ha sobrevivido a la invasión sino que ha logrado, entretanto, producir un glorioso y colorido capullo.

Cuando los insectos reanudan las reparaciones y la construcción, el capullo florece en una vigorosa belleza. Debido al pequeño milagro de la flor, otras diminutas criaturas del bosque se unen a la alegre labor; las hormigas interrumpen su propia actividad, la babosa se desliza con los ojos abiertos de sorpresa, las abejas y las mariposas revolotean con admiración e incluso la mujer del anciano surge del tocón inhalando de una pipa mientras se maravilla ante el nuevo florecimiento.

Pero entonces, la naturaleza impone su dictamen central de fugacidad y cambio constante: la flor comienza a marchitarse.

mau

La fortaleza se derrumba y los insectos no parecen terriblemente perturbados, quizás porque saben que este es el camino natural, quizás porque saben que ellos también compartirán pronto el destino de la flor en este imparable ciclo de la vida, se despiden y se van.

Llega la noche, luego el otoño trae su propia magia mientras el mundo realiza silenciosamente su eterno deber de agitar el ciclo de crecimiento y decadencia.

Los restos de la flor marchita se hunden en el lecho del bosque mientras una serenata nocturna se despliega por encima antes de que una manta de nieve silencie el bosque.

En las páginas finales, vemos la llegada de la primavera con su recompensa redentora para revelar no un brote sino la promesa de todo un jardín de flores. ¿Mau Iz Io? exclama un nuevo insecto que entra en escena; una amable invitación a reflexionar sobre adónde han ido los otros como las estaciones que se suceden, presentando una sutil oportunidad para los padres de abordar el ciclo de la vida.

María Papova, Brian Pickings

El árbol rojo, Shaun Tan

El árbol rojo es un álbum conmovedor: a veces el día empieza vacío de esperanzas… nos revela la primera página donde se ve a una niña sola y triste comenzar un día más en un mundo desolador.

El viaje de la protagonista a través de paisajes surrealistas nos transporta a un espacio sin sentido donde el mundo es una máquina sorda. El mensaje, sin embargo, termina siendo esperanzador porque en medio del sonido y la furia siempre hay algo bueno esperándonos.

15894572_10154181202060686_2652269572919420630_n

Shaun Tan es uno de mis ilustradores favoritos, otro artista enorme que trabaja para hacer libros preciosos sin subestimar al lector. Cada página es una joya repleta de detalles, cada lectura puede ser un recorrido nuevo que nos invita a reencontrarnos con nosotros mismos aunque: a veces no tienes ni idea de qué debes hacer, ni de quién se supone que eres.

Reseña de La sala de Merlín

El pato y la muerte, Wolf Erlbruch

Un libro hermoso para hablar de un tema complejo. Dos personajes (el pato y la muerte) establecen un diálogo profundo y filosófico sobre la finitud de la vida, pero también sobre la finitud de la conciencia que no puede saberlo todo.

El libro es calmo, como la imagen de la muerte que en él se expone. Las ilustraciones son despojadas, como la vida misma, y los fondos blancos solo se vuelven azules con la llegada del final inevitable.

Creo que cada niño lee desde su propio universo simbólico y este álbum puede crear tantas impresiones como lectores que se acerquen a él. Por eso los libros no se pueden recetar, no sé si a todos les resultará una visión reconfortante de la muerte, pero a mi niña interior le hace muy bien.

El texto no ofrece fórmulas simples sino que acepta, como natural, el hecho de que existan preguntas que no podemos responder. Pero la muerte no es algo terriblemente cruel ni la promesa de un paraíso idílico, es algo que simplemente existe porque estamos vivos, la conocemos muy bien porque nos acompaña desde que nacimos: ella siempre estuvo ahí porque así es la vida.

Reseña de La sala de Merlín

15875506_10154181197020686_9182346119053785333_o