Bajo la superficie de todo proyecto creativo suele haber un gran iceberg oculto que lo mantiene todo a flote. Shaun Tan

Una masa de material preliminar formado por cajas, folios y cuadernos de notas que en principio el autor no pretende mostrar y menos aún publicar. Eso es especialmente aplicable a Emigrantes, una historia que depende en gran medida del silencio y el misterio. Siempre imaginé que, una vez terminado, el libro superaría las referencias a su fuente original, que sería algo así como un álbum perdido procedente de un universo alternativo. La falta de aclaraciones tan solo le añadiría interés, el lector se encontraría solo con una serie de dibujos extraños, de personajes sin voz en paisajes anónimos. Así pues, ¿qué necesidad tenía de volver a mi viejo archivo y publicar un volumen de notas y dibujos de trabajo? Aunque por lo general considero mi propio proceso creativo simplemente como eso, como un medio para conseguir un objetivo, lo cierto es que los cuadernos de trabajo de otros artistas me fascinan.

Me encanta ver el origen de las ideas, las conexiones con experiencias de la vida real, las múltiples posibilidades y problemas a los que se enfrenta el artista; pero sobre todo me gustan porque nos recuerdan lo que más nos atrae del arte y la ficción: su factibilidad. Por consiguiente, puedo imaginar que el proceso creativo de Emigrantes también podría resultar fascinante para otros lectores, especialmente teniendo en cuenta que resultó ser un proyecto largo e intrincado. A menudo me preguntan de dónde surgió la idea de este proyecto. No es una pregunta fácil de responder, pero sí puedo decir que empezó con una vaga imagen mental de un personaje alienado, cargado con una maleta, aunque durante mucho tiempo fui incapaz de dibujar nada que realmente valiera la pena a partir de ello. Mucho más tarde me di cuenta de que la imagen tenía una conexión con un tema evidente: la emigración. Sin embargo, esa revelación sólo sirvió para agravar mis problemas a la hora de conseguir una representación artística. Siempre me ha interesado la idea de la ilustración indirecta o, en otras palabras, el intento de encontrar un equivalente metafórico a un tema o experiencia, una representación más imaginaria que literal. Intenté aplicar esa estrategia a mis limitadas ideas sobre la emigración.

En mis primeros esbozos experimenté con cualquier cosa, desde personajes no humanos (a menudo pájaros o seres con aspecto de ave), a paisajes que surgían a partir de la combinación de objetos diversos. En un caso dibujé una ciudad compuesta por paquetes de comida repintados para que parecieran edificios; para ello me inspiré en una idea de «reciclaje cultural» y en los sueños de prosperidad de los emigrantes. Otra variación consistió en copiar viejas fotografías de archivo, recortarlas y elaborar con ellas composiciones menos previsibles, de un modo no muy distinto a lo que hacía Max Ernst con sus collages.

Los artistas a menudo intentamos percibir el mundo a través de un «ojo inocente», mirar lo que conocemos bien como si fuera algo desconocido, ver lo extraordinario en lo más ordinario. Desde muchos puntos de vista, eso se parece a la experiencia del que emigra: viajar a un país extranjero puede ser algo parecido a entrar en una segunda infancia, en la que todo debe reinterpretarse en un contexto nuevo. De hecho, la experiencia de la emigración comprende todos los retos emocionales, intelectuales y espirituales con los que puede enfrentarse el ser humano, puesto que pone en entredicho tanto lo conocido como lo desconocido. Esa profunda sensación de estar desplazado despierta también el misterio esencial en la vida de cualquier persona, sea cual sea su edad, experiencia o nacionalidad: quienes somos, de dónde venimos y cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea. Al final, resultó que Emigrantes tenía mucho que ver con esas preguntas fundamentales. Más allá de mis preocupaciones iniciales acerca del estilo o de la presentación, decidí que este proyecto constituiría un ensayo visual minuciosamente documentado, destilado a partir de numerosas anécdotas de personas que habían emigrado: un cuento universal que es a la vez real y abstracto, un género que navega entre dos aguas, entre la realidad y ficción. Al cabo de los años, el libro terminó siendo muy distinto de como lo había imaginado originalmente, pero también mucho más interesante. Sus páginas poseen una profundidad y una simplicidad que siguen intrigándome a pesar de lo laborioso de su elaboración.

A menudo me preocupaba que los lectores pudieran ver el libro como una obra obscura e idiosincrática, pero la respuesta ha sido increíblemente positiva: se ha traducido a varios idiomas (lo que implicó poco más que cambiar el título), ha hecho las delicias de niños y adultos de contextos muy diversos, y ha recibido numerosos galardones como novela gráfica, como álbum infantil, como obra de ciencia ficción, de ficción histórica y también como obra literaria en general. He recibido muchas cartas apasionadas de lectores emigrantes y refugiados que han visto reflejadas sus experiencias en las extrañas imágenes del libro, es como si la historia hubiera completado el círculo y hubiera vuelto al punto de partida.

A pesar de que no son en modo alguno imprescindibles para apreciar la obra final, espero que estas páginas brinden un punto de vista más íntimo de ese pequeño mundo que construí alrededor de Emigrantes, mis inspiraciones iniciales, la evolución de conceptos y la ejecución de las ilustraciones finales. El lector también puede disfrutar de los esbozos por sí mismos; aunque a veces puedan resultar extraños, siempre son sinceros en la medida que sirvieron para capturar ráfagas de ideas especulativas. Yo, por mi parte, disfruté revisándolos y recordando ese impulso creador esencial. En ese sentido, esos esbozos me parecen más reveladores que mis obras terminadas y elaboradas con más esmero; son la evidencia de una imaginación a la deriva, impulsada por una pregunta seductora, compleja y eternamente fascinante: ¿Qué pasaría…?

Emigrantes, Shaun Tan

En “El Mulero” el cuidado y la belleza de la edición se corresponden con el interés narrativo y la calidad estética

Se trata de una obra que mezcla distintos géneros como el cuento tradicional, el cómic y la ilustración. El protagonista es el hijo menor de un rey que tiene que rescatar a sus hermanos. El interés de la narración se amplifica con una sorprendente presentación gráfica. El dibujo de línea continua, fina y precisa, además de recrear con gran imaginación los escenarios, delimita las figuras en blanco y se ensambla perfectamente con los fondos pictóricos en los que el color adquiere un gran protagonismo.

Reseña de la Revista Peonza
El Mulero, Øyvind Torseter

Casualidad, reseña de la revista Peonza

Lo primero que sorprende de este original álbum es su formato estrecho y alargado como el edificio de la cubierta. La elección posiblemente no por casualidad, pero lo que sí es cierto es que condiciona las ilustraciones obligando a Pablo Amargo a desarrollar su ingenio e imaginación para diseñar las imágenes que nos sorprenden cada vez que pasamos una página.

La segunda sorpresa es el texto de Pepe Monteserín que nos recrea el pueblo de Ventoso y sus curiosos habitantes condicionados por el viento que arranca las hojas de los árboles y les obliga a vivir en perpetuo otoño.

Reseña de la revista Peonza. #120. Álbum II

Casualidad, Pepe Monteserín y Pablo Amargo

Lectores de libros ilustrados; comentarios de Suzy Lee

Recuerdo la primera vez que quedé fascinada por los álbumes ilustrados. No fue por la belleza de las imágenes del libro ni por el interés de la historia. Cuando pasé la última página y cerré el libro, creí haber tenido una intuición que no podría haber sido más simple e intensa. El corazón me palpitaba con fuerza y tuve la sensación de que por fin había encontrado lo que había estado buscando.

Lo primero que me intrigó fue el álbum ilustrado como medio. Quería encontrar la manera de recitar una serie de historias, una tras otra, en lugar de utilizar el lenguaje condensado de la pintura. Quería extender, recoger y luego hilvanar historias e imágenes juntas.

Quería ser pintora y narradora. El interés que sentí por los álbumes ilustrados fue una revelación natural. Sin embargo, dar el salto a un medio especial no implica que un artista se convierta también en especial. Para entender la fuerza de un álbum ilustrado extraordinario necesitaba examinarlos a conciencia.

En mi opinión, a un álbum ilustrado no lo hace extraordinario ni el medio ni el artista. Parece que esa cualidad procede de lo extraordinarios que son los niños, que no solo son su público principal, sino también los que hacen posible este género. Si alguna vez habéis intentado explicarle a un niño de tres años lo que significa semáforo o valentía comprenderéis lo que quiero decir. Explicar las cosas de la forma más simple posible tal vez sea lo más cerca que podamos llegar a estar de la esencia de la verdad.

Para crear esa sencillez, el autor debería ser directo y explícito, pero yo no soy así. Por consiguiente, tengo que estar en todo momento pendiente de crear mecanismos lúcidos en los que pueda confiar. El esfuerzo que el artista realiza cuando elabora un libro consiste en acercarse más a esa verdad tan simple. Mientras que los genios tal vez hayan empezado conociendo a los niños para después crear libros infantiles, yo me contento con haber tenido la oportunidad de haber conocido a los niños a partir de los álbumes ilustrados que he creado.

No paro de aprender de los niños, aunque esto no significa que ten- ga que esforzarme constantemente ni adaptarme deliberadamente a ellos. Lo que ocurre es más bien que me ayudan en el proceso de creación: siempre hay un momento en el que encuentras un obstáculo a mitad del proyecto y no sabes cómo salvarlo. Cuando estás parada y no encuentras la manera de avanzar, de repente aparece un niño y te da unos golpecitos en el hombro. Entonces es cuando te das cuenta de que estabas luchando con una mentalidad racional y lo que más necesitabas era la imaginación. De improviso se te alegra el alma y puedes volver a ese estado más juguetón.

Los niños van al grano enseguida y lo hacen a su manera, sin la necesidad de abarcar el conjunto. En una ocasión, durante un taller, un niño brasileño me preguntó acerca de Espejo:

«A partir de la mitad del libro, ¿por qué la niña del espejo no hace las mismas cosas?».

Antes de que tuviera la oportunidad de responder, otro niño lo hizo por mí: «¡Porque a los niños no les gusta hacer lo mismo cada día!».

Para un creador, tener lectores tan creativos es un verdadero privilegio. Es fantástico recibir la energía de los niños y poder devolvérsela. Cuando te das cuenta de que en realidad es el artista quien se beneficia de los álbumes ilustrados, comprendes el poco sentido que tiene decir que creas libros «para» niños; o todo lo contrario, que los «ignoras» por completo, porque lo que estás haciendo es aprovechar los resultados del medio que se ha desarrollado gracias a los niños.

La verdad que les llega a los niños siempre llega también a los adultos, pero eso mismo al revés no es válido. Es algo que intento tener recordar cuando trabajo en mis libros. El hecho de que todos los libros de la trilogía estén clasificados «para todas las edades» es interesante. La trampa de la etiqueta «para todas las edades» tal vez signifique «demasiado complicado para los niños» y «demasiado simple para los adultos» al mismo tiempo. Me gustaría crear un libro con complejas capas que puedan atraer a lectores distintos y evitar esa trampa.

A los adultos les inquieta la conclusión de Espejo.Tienden a comprenderlo como «el enemigo es uno mismo» o como «un intento fallido de encontrarse a sí mismo». Los adolescentes en plena pubertad también tienden a proyectar imágenes propias en la historia. Sin embargo, los niños pequeños llegan a conclusiones más claras y concisas: «una niña aburrida se pelea con su amiga y se aburre otra vez», o «si empujas a una amiga porque no es igual que tú, se rompe en mil pedazos». Los abuelos que compran La ola para sus nietos a menudo comentan que ven el mar deslumbrante de su juventud en el libro. Por otro lado, los adultos son capaces de apreciar la estética y la estructura de los álbumes ilustrados. A los niños, por supuesto, no les interesa ese tipo de formalidades. Los niños se limitan a disfrutar del efecto que les producen. Eso no les impi- de entrar en el maravilloso mundo de las sombras.

Toda esa reflexión y esos esfuerzos conducen a un objetivo: mi más sincero deseo de conoceros, lectores. Creo que puedo haceros llegar lo que a mí me parece bello y alegre. Pensando en grandes y pequeños por igual, intento sumergirme completamente en mis obras para transmitir lo que realmente siento.

Un álbum ilustrado extraordinario me susurra que todo esto es posible.

La trilogía del límite, Suzy Lee

Allí : Hier

cambio de estado
entre
la vuelta
nombrar

en el cambio
transplantada
en otras estaciones

os dije: me voy

sabía que
movimiento es cambio,
viaje,

los bolsillos,
las maletas llenas,
tierra

estoy,
no dejo de irme

no hay más
sino volver
entre tantas:
mi casa

Fuera, cómo fuera
no entendí
la pregunta, vivo aquí
¿qué dentro y qué fuera?

Y, ¿dónde me
dejé la casa?

quiero saber que allí estoy allí

Allí : Hier
Carmen José

Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos

La mujer se desvelaba. La prueba era que me despertaba de un codazo cada cierto tiempo para preguntarme si ya me había
dormido.

–Casi –solía contestarle.

Entonces la atraía hacia mí y esperaba a que su respiración se volviese más pausada. Algunas veces pronunciaba palabras tristes
justo antes de conciliar el sueño.

En una ocasión dijo:
–Aun estando cerca de alguien se puede estar muy lejos.

El Paraíso, Bart Moeyeart y Wolf Erlbruch

Al principio no nos sentíamos nunca solos

Al principio no estábamos nunca solos. Nuestros pies descalzos caminaban en la abundancia y cuando nos tumbábamos, teníamos la sensación de ahogarnos en la vida. La mujer buscaba mi mano y yo la suya, y nos ayudábamos mutuamente a ponernos a salvo.

–¿Estás bien? –me preguntaba ella a mí, o yo a ella.

Estábamos bien.

Al principio no nos sentíamos nunca solos.

El Paraíso, Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch

El taller de las mariposas, Gioconda Belli y Wolf Erlbruch

Odaer pudo sentir cómo las mentes de todos empezaban a imaginarse el mundo lleno de mariposas y se llenaban de felicidad.
Pensó que sus momentos de tristeza, de angustia y soledad, sus noches de desvelo, no habían sido en vano. También de sus lágrimas había nacido la mariposa.

Pensó que como recuerdo de sus esfuerzos y para que nadie se engañara creyendo que la belleza no costaba trabajo, haría que las mariposas fueran primero orugas, que luego se transformarían en el insecto más bello de la creación. Por último pensó que era cierto lo que dijera su amigo perro: los sueños se hacían realidad. El secreto estaba en no cansarse nunca de soñar, en no darse por vencido.

El taller de las mariposas, Gioconda Belli y Wolf Erlbruch

Lo efímero

Una montaña se desmorona.

El rayo incendia una casa.

Las personas huyen.

Las personas pueden luchar contra los animales salvajes,
pero no pueden luchar contra los terremotos, los truenos y los rayos.

Pueden, eso sí, destruir fácilmente lo que otras personas han construido.

Los terremotos hacen estremecer las rocas.

Todo es efímero.

Pero la virtud permanece.

El nuevo libro del abecedario, Karl Philipp Moritz y Wolf Erlbruch