Venir a cuento, una pequeña librería del barrio madrileño de Lavapiés

Venir a cuento es una pequeña librería del barrio madrileño de Lavapiés que abrió hace casi cinco años con la intención de reunir, en un mismo espacio acogedor, las ediciones más hermosas: libros ilustrados o excepcionalmente bien editados, tanto infantiles como para adultos, con especial predilección por el álbum ilustrado transversal, pero también por los cuentos infantiles, las novelas ilustradas, las novelas gráficas, los cómics infantiles y los pop-up.

La labor principal de un librero, en un mercado saturado de novedades editoriales (alrededor de 30 nuevos títulos diarios de media), es la selección. En esta librería se pone todo el esfuerzo en la selección para constituir un fondo de obras de calidad, sorprendentes e imprescindibles para todas las edades.

Antes de ponerse al frente de este proyecto cultural, que combina con otro editorial bajo el sello Recalcitrantes (con el objetivo de rescatar obras de mujeres olvidadas), Enrique García Ballesteros, el librero de Venir a cuento, había ejercido durante más de dos décadas casi todas las funciones posibles en el mundo de la comunicación y en el sector editorial: diseñador gráfico, director de comunicación, docente universitario, periodista, editor, corrector, lector, escritor…

Su pasión por los libros y la literatura parte de las historias mágicas y truculentas de Las mil y una noches que leía desde los siete años, repletas de héroes y heroínas, de aventuras y de fantasía, de amor y de humor, de erotismo y de crueldad, de nociones de ética y justicia social. Como tantos otros, se dejó arrastrar por los torrentes que, en la literatura, te dirigen a lugares insospechados y, justo antes de abrir la librería, hubo de enfrentarse profesionalmente a la tarea de reseñar más de un millar de títulos de literatura infantil y juvenil para el Servicio de Orientación a la Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, lo que le ayudó a conformar una idea bastante aproximada del panorama editorial.

Ahora, acosado por la presbicia, aconseja lecturas o experiencias a quienes buscan en el contenido o en el continente de un libro-objeto algo diferente; y aún disfruta, como lo ha hecho siempre, hojeando y oliendo entre sus manos un libro por vez primera.

Venir a cuento. Libros ilustrados

Calle Embajadores, 29
28012 · Madrid
Tel. 911739143
Email: info@veniracuento.com

Un simpático e imaginativo relato ilustrado con un mensaje positivo: la capacidad innata de todos los seres vivos para adaptarse a cualquier tipo de entorno

Rex es contable. Vive en un sencillo apartamento junto a su mascota. Como cada día, aunque con un poco de retraso, se dirige a su trabajo, pero desde el primer momento sabe que esta no va a ser una buena jornada. A sus habituales problemas de movilidad (ser un Tyrannosaurus no es fácil en el mundo de hoy), se suman algunas incompatibilidades con los vecinos. Aunque siempre trata de mostrar el mejor humor ha decidido que es hora de dar un cambio en su vida, y eso pasa por cambiar de actividad: ahora se dedicará a inventar cosas para solucionar problemas jurásicos.

¿Quieres conocer las instalaciones de Dinosoluciones? Las caricaturescas imágenes muestran al protagonista en sus complicados desplazamientos, escenas cotidianas en la gran ciudad, para las que el autor ha utilizado técnicas de retoque digital, que homenajean de forma indirecta a otros grandes artistas como Azpiri. Un simpático e imaginativo relato ilustrado en el que subyace un mensaje positivo: la capacidad innata de todos los seres vivos para adaptarse a cualquier tipo de entorno.

 

Reseña de Canal Lector

Rex en la cuidad,  Gabo León Bernstein

Carta de amor

Esta es una carta de amor
tan confusa y tan profunda
como, por ejemplo,
el bosque o la oscuridad nocturna.

Mi corazón late con fuerza
para llamar a tu puerta
y tú me dejas entrar.
Porque sin ti no quiero estar,
sino mucho más contigo.

Esta es una carta de amor
tan confusa y tan profunda
como, por ejemplo,
el mar o incluso todavía más.

Dos que se quieren,
Jörg Schubiger y Wolf Erlbruch

Entre nosotros

El amor, que quede entre nosotros,
si no es verdadero,
al final le quita las ganas a uno.
A uno o a los dos, incluso.
«Mira que es maravillosa la vida»,
hay uno que siempre suspira,
«desde que nos conocemos y desde que nos besamos»,
y en eso lleva razón:
realmente es una maravilla esa confianza
tan absolutamente ciega,
ya sea de día, de noche o incluso cuando hay niebla.
Y sin embargo, que quede entre nosotros,
si no es verdadera
al final le quita las ganas a uno o a los dos, incluso.

Dos que se quieren,
Jörg Schubiger y Wolf Erlbruch

Dos libros complementarios sobre los dos polos de nuestra intrigante existencia

A la hora de crear imágenes sobre la vida y la muerte, puede haber grandes diferencias en como cada cultura afronta los dos polos de la existencia humana. A pesar de que el tema de la muerte aparentemente ha dejado de ser un tema tabú en la cultura occidental, sigue suscitando emociones complejas de expresar cuando esta llega y de forma conflictiva cuando lo hace prematuramente: entre los que aún están por nacer.

Elizabeth Helland ha creado un texto profundo y poético que abarca de forma sincera la inseparable unión entre la vida y la muerte, la magia de la vida y la interminable búsqueda de su significado. Como contraparte Marine Schneider ha logrado con sus lápices de colores, expresar y dar una nueva forma a estos dos personajes, grandes atrayentes y fascinantes por tradición. Sus ilustraciones contribuyen, con su belleza enigmática, a visualizar de una manera serena y reconfortante un proceso del que todos formamos parte: el ciclo de la vida en su inicio y en su fin.

El trabajo colaborativo de esta excelente dupla ha dado como resultado dos libros complementarios sobre los dos polos de nuestra intrigante existencia.

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de ilustrar estos libros?
Supongo que fue definir el aspecto que tendrían los personajes de la Muerte y la Vida. Todos coincidimos en que la Muerte tenía que ser diferente de la emblemática figura negra con una guadaña desde el principio. Como el texto es tan fuerte, las imágenes tenían que ser muy coloridas y juguetonas. Conseguí definir el personaje de la Muerte, después de llenar páginas y páginas de mi cuaderno de bocetos. El personaje de la Vida, por alguna razón, fue más fácil. Su personaje es tal vez menos “fuerte” que la muerte, pero traté de hacer que los escenarios contaran la historia y causaran un impacto en el lector. El libro de la Muerte, también fue un desafío, ya que era mi primer libro álbum. A pesar de que sabía que quería ser ilustradora de libros infantiles desde muy temprana edad, me preguntaba: ¿podré hacerlo? ¿Se convertirá en un hermoso libro que los niños quieren coger de su estantería? Después de hacer el primero, me encantó tanto el proceso que estuve aún más segura de que ¡yo había nacido para esto!

Uno de los momentos más emotivos en la historia de Soy la muerte es cuando se habla de la muerte de los neonatos, algo totalmente nuevo que enfrenta con valentía una realidad. La imagen que acompaña esta parte del texto es una de las imágenes emblemáticas de este álbum. ¿Qué pensaste al leer está parte del texto y cómo llegaste a la imagen de la constelación?
En Bélgica, de donde soy, no somos tan abiertos a la hora de hablar sobre la muerte. La escondemos, o usamos otras palabras para describirla. ¡Imagínate cuando leí esa parte del texto! Pensé, espera un minuto, ¿este libro es realmente para niños? ¿Cómo reaccionarán los lectores? Fue un poco chocante para mí, pero después de reflexionar sobre ello, pensé que, si vamos a hacer un libro sobre la muerte, hablando de todas las formas y las ocasiones en que la muerte viene, hablar de los bebés no nacidos era absolutamente necesario. También fue muy difícil encontrar la manera correcta de ilustrar un texto tan poderoso: al principio, la imagen era la misma que ahora, pero sin la pequeña constelación del bebé. Svein, el editor de Magikon, sugirió que la imagen sería más potente si el bebé fuera una constelación. ¡Pensé que era una idea brillante!

¿Con qué parte del texto de los dos libros te quedarías?
Mientras hacía el libro de la Vida, murió un muy buen amigo mío, y pensé que si la representaba en el libro, la mantendría viva en cierto modo. En la página con el marinero, tatué su nombre en su brazo. Es una ilustración muy especial para mí, y siempre lo será.

Soy la vida / Soy la Muerte
Elizabeth Hellan Larsen y Marine Schneider

Una meditación simple y refinada sobre la naturaleza de la vida y la omnipresencia de la muerte

Erlbruch se embarca a menudo en viajes existenciales. En libros como El Pato y la muerte, plantea cuestiones importantes sobre el significado de la vida y la muerte con humor y claridad. No instruye ni moraliza, sino que invita a los lectores a unirse a él para reflexionar sobre las preguntas cuyas respuestas, también está buscando. Erlbruch ha dicho que un objetivo importante de su trabajo es inspirar el diálogo entre los padres y los niños que leen juntos.

El pato y la muerte ha sido aclamado como un clásico moderno. Es una meditación simple y refinada sobre la naturaleza de la vida y la omnipresencia de la muerte. La historia es una versión moderna sobre el tema medieval de la danza macabra, que, en última instancia, lleva a cada persona de cualquier edad y posición a enfrentarse a la muerte. Erlbruch trata su tema con dulzura y amor. Encuentra la ternura y la intimidad en la relación entre el pato y la muerte, iluminando la oscuridad que tan a menudo rodea a la muerte.

El pato y la muerte, Wolf Erlbruch

Muerte y tristeza

Numerosas artistas y escritores han intentado abordar el tema de la muerte en los libros ilustrados. Por supuesto, la muerte en sentido general aparece con frecuencia en los libros infantiles, pero utilizarla como tema central de un libro infantil es algo muy distinto. La curiosidad natural de la mente infantil es insaciable, sobre todo acerca de los temas que los padres tienden a evitar. En el mundo desarrollado, para bien o para mal, muchas personas deciden posponer el momento de tener hijos. Esto significa que los casos en que los niños experimentan la pérdida de los abuelos son cada vez más frecuentes.

El tema de la muerte se ha enfocado de numerosas y variadas formas. Lo más habitual es tratarlo a través de la muerte de una mascota y una representación reconfortante del cielo, donde todo el mundo s encuentra a gusto y observa con cariño nuestros afanes terrenales.

Un enfoque bastante distinto es El pato y la muerte de Wolf Erlbruch, publicado originalmente en Alemania en 2007 como Ente, Tod und Tulpe. El libro sigue las andanzas de un pato que se acerca al final de su vida y se percata de que la muerte (retratada sin concesiones a modo de esqueleto vestido) le persigue: 

Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño.
¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La muerte le contestó:
Me alegro de que por fin me hayas visto.
Soy la muerte.

Las páginas del libro son muy sobrias, con pocos elementos y fondo blanco y consisten principalmente en el diálogo filosófico entre el pato y su perseguidora. Cuando el animal finalmente siente frío y yace sin vida, la muerte se lo lleva al agua, coloca delicadamente un tulipán (elemento que aporta el único toque de color cálido) encima de su cuerpo y lo empuja suavemente para que emprenda su viaje.

Extracto del libro El arte de ilustrar libros infantiles, Martin Salisbury y MOrag Styles Editorial Blume

El pato y la muerte, Wolf Erlbruch

La crónica del viaje fantástico de un niño y su perro a través de ciudades, países y continentes en busca de un nuevo hogar

La siguiente población con la que nos topamos ya estaba en ruinas. Allí no vivía nadie, no vivían ni animales ni crecían flores. Por las calles solo andaba sin rumbo un chico que nos aseguró que ya estaba muerto. Los demás habitantes de las casas cercanas se habían ido o estaban ya en el cielo, pero a él no le apetecía aún marcharse y les había dicho que los alcanzaría más tarde. Aún tenía que pasar por algunos lugares para memorizarlos bien y poder recordarlos luego, en el otro mundo.

Tenía un aspecto parecido a los chicos normales, pero era más pálido y no dejaba huellas en la arena.

Nos contó los últimos días de su ciudad. Un día, por la mañana temprano y sin advertencia, entraron unos monstruos. No era capaz de describírnoslos, pero de algo sí se acordaba: no tenían corazón. Donde debían tenerlo, en el medio del pecho, tenían un hueco. Por eso tampoco sentían nada mientras destruían la población.

Al chico, antes de irse, le apetecía mucho jugar con alguien. En eso yo podía ayudarle, y él se puso contento. Le propuse jugar a las persecuciones, pero enseguida me avergoncé porque solo jugaba para ganar. Pero en el juego no hay que hacer trampas, así que de veras ganaba yo siempre. Cuando descansamos, el chico dijo que probásemos al escondite.

En esto él era superior, porque conocía bien los alrededores y era capaz de esconderse en 37un lugar donde yo no esperaría ningún escondrijo. Estábamos por tanto empatados.Luego, sin embargo, tuve que seguir adelante, porque el campamento ya no podía estar lejos y yo deseaba reunirme cuanto antes con mi padre.

Quise que viniera conmigo, pero el chico rehusó dando las gracias. Se alegraba de haber podido jugar con alguien una vez más. Ahora ya no necesitaba nada.

Nos despedimos agitando la mano, yo confiado en que acababa de iniciar la última etapa de mi viaje.

¡Huye!, Marek Vadas y Daniela Olejníková

¿Qué es la casualidad?

¿Qué es la casualidad? Una disculpa de los que no entienden las cosas. Basta que yo haya nacido en Ventoso para que desprecie la casualidad.

Ventoso era un pueblo en el que siempre hizo mucho viento. Un pueblo construido cerca de un collado, en un embudo entre montañas por donde se colaba el viento del Oeste.

Las casas de Ventoso también estaban inclinadas; el viento empujaba las plomadas de los albañiles y las burbujas de los niveles de tal manera que, con esas herramientas, los obreros construían las paredes oblicuas, como proas de barco. Las casas de Ventoso, vistas desde lejos, parecía que navegaban rumbo al collado.

Casualidad, Pepe Monteserín y Pablo Amargo