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Publicado
Septiembre 2009
ISBN
978-84-93677-84-8
Encuadernación
Cartoné
Formato
29 x 24
Páginas
72
Autor
Peter Verhelst
Ilustrador
Carll Cneut

No es de extrañar que en su primer libro para niños Peter Verhelst reescriba un cuento, pues su obra está imbuida de ellos. A primera vista parece tratarse de una adaptación poco significativa de “El ruiseñor”: el argumento resulta perfectamente reconocible, los principales personajes se mantienen y hasta se respeta la moraleja de Andersen. Sin embargo, las apariencias engañan. Bajo la superficie se esconden un sinfín de elementos novedosos y sugerentes. No cabe duda de que una lectura asociativa y creativa aportará mucho más al lector que la mera búsqueda de sentido.

Peter Verhelst demuestra ser un narrador nato. El trepidante dinamismo y el ritmo vertiginoso de su pluma imprimen un sello muy personal al relato de Andersen y logran implicar a fondo al lector. El autor añade ingredientes narrativos, cambia la perspectiva, relata una historia cuajada de gritos, susurros, risas, bromas y profundas reflexiones. El lenguaje posee un enorme poder visual y el tono es variado y dramático.

Las frecuentes repeticiones de palabras y frases confieren al texto un ritmo enérgico y fluido, a la vez que las reiteradas variaciones sobre un mismo inventario de ideas y motivos redundan en beneficio de la cadencia temática. Por todo ello el cuento invita a una lectura teatral en voz alta, en la que el lector está llamado a acoplar la entonación al vaivén de la línea argumental. Los saltos en el tiempo y la alternancia entre acción y reflexión dan lugar a una estructura relativamente compleja para niños de corta edad, pero esto se remedia con una lectura matizada que aproveche al máximo los recursos ofrecidos por el propio autor. Es todo un reto explorar la creatividad y la inventiva de uno mismo y del niño dando lectura a este relato que, de acuerdo con la filosofía de Peter Verhelst, una vez escrito empieza a tener vida propia.

Por su parte, el ilustrador Carll Cneut también da una impronta extraordinariamente personal al cuento a través de sus dibujos. Apuesta por una reinterpretación del arte gráfico chino en la que logra un sutil equilibrio entre el color, la composición y su peculiar visión de la cultura oriental. Se sirve de la perspectiva atmosférica y experimenta con diversas técnicas, entre ellas la sombra china. Predominan el azul, el amarillo y el verde en un continuo juego entre tonos claros y oscuros. Unas ilustraciones se presentan abigarradas, otras resultan más etéreas y sintéticas. Los ropajes de los cortesanos y los sirvientes han sido dibujados con un finísimo pincel, en tanto que el Jardín de los Jardines se presenta como una salvaje aunque bien meditada exuberancia de flores y plantas y explosión de colores. Las ilustraciones de Carll Cneut revisten una increíble belleza, pero sólo adquieren sentido a través del poético texto de Peter Verhelst.

El color, el movimiento y la textura se ajustan al milímetro al cambiante tono del texto. Las dinámicas escenas cargadas de figuras presurosas, vivos colores y gestos dramáticos se contraponen a momentos de silencio donde los colores se vuelven más fríos y oscuros y los contornos se difuminan. La imagen de la niña en la copa del árbol, recortada contra una inmensa luna llena, introduce un punto de sosiego en torno al cual se articula el libro.

El autor y el ilustrador se han compenetrado a la perfección. Repetición, contraste, límite y espacio son palabras clave que se aplican tanto al texto como a las ilustraciones. No en vano El secreto de la garganta del ruiseñor ha sido acreedor a numerosos premios y menciones de honor: Boekenwelp, Boekenpluim, Woutertje Pieterse, White Raven y Gouden Uil. Los diferentes jurados coinciden en que logra una maravillosa simbiosis y una armonía absoluta entre imagen, texto y diseño. Así se culmina un sueño largamente esperado: por fin la palabra y la imagen se unen en un excitante baile del que ambas salen reforzadas.

Aunque en un principio este magnífico álbum infantil va dirigido a un público de entre siete y once años, cualquier persona puede disfrutar de él. Rebasa no sólo los límites de la edad, sino también las fronteras entre ilustración y texto.Concluimos afirmando, como lo hace el jurado del premio Gouden Uil, que en este viaje a través de la imaginación Peter Verhelst y Carll Cneut han sabido transformar un cuento clásico en una joya de palabras y colores que incluso supera la cautivadora riqueza del original.

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