La cosa perdida

En la conclusión de su libro Lire l’album Sophie Van der Linden (2007) afirmaba que los álbumes “escapan a toda tentativa de fijación de sus reglas y de modelización de sus principios” y asegura que el estudio del libro-álbum no puede más que funcionar a través de la singularidad y del análisis de propuestas concretas. Esta entrada es una parte de un artículo que publiqué en CLIJ sobre La cosa perdida. Aquí, sólo he reproducido el análisis en torno a los elementos preliminares, aquellos que leemos antes de iniciar la lectura textual, con la que se supone se inicia la historia… ¡El resto queda para otra posible entrada!

El título La cosa perdida condensa muchos de los elementos característicos de la poética de Shaun Tan, que introducen al lector en un mundo un tanto ambiguo, lleno de interrogantes que no siempre consigue respuestas, sino que incita a seguir buscando. “Cosa” hace referencia a algo tan indeterminado como “todo lo que existe, ya sea real o irreal, concreto o abstracto”, como reza la primera entrada del diccionario. Por tanto, esas tres palabras simplemente nos explican que la historia girará entorno a algo que se ha perdido:un texto ambiguo que se abre como un interrogante y que parece plantear un tema completamente banal. La composición de la portada, en cambio, introduce un contrapunto a través de la ilustración y produce el sentimiento de extrañamiento tan trabajado por el autor.

La portada como un mundo de  indicios

Sobre un paisaje urbano, tomado prestado a Jeffrey Smart, uno de sus pintores fetiche, Tan recrea una atmósfera fantasmagóricay un tanto inquietante, construida a través de una serie de detalles insólitos que re-escriben el cuadro y producen la desfiguración conceptualque Phillip K. Dick (1989) expone como uno de los pilares básicos de la ciencia-ficción. Edificios grises sin ventanas acompañan a maquinarias que dejan al descubierto sus engranajes y tuberías. El cielo, que en el cuadro original (Cahill Expressway, 1962) representa el de un atardecer nublado, se ha transformado aquí en un cielo oscuro verdoso, atemporal, por el que se desplaza el humo de las chimeneas; la gran figura humana de la estatua de Smart, se ha transfigurado en un ser medio humano-medio máquina y las calles están ahora llenas de indicaciones descabelladas. El resultado es la perspectiva de una ciudad mucho más gris y absurda que la de cuadro original.

cubierta cosa perdida

Este paisaje urbano se complementa muy bien con el fondo amarillentode la portada sobre el que inserta, lleno de fórmulas y dibujos de maquinarias, que parecen hacer referencia al funcionamiento y a los entresijos de una ciudad completamente mecanizada. Este fondo, como veremos, es uno de los elementos principales para entender el álbum. A través de la interacción con el marco que limita las ilustraciones, con las ilustraciones y con el texto, éste crea todo tipo de significaciones, desde la más representativa hasta la más irónica.

La ilustración, separada por finos marcos del fondo, se nos presenta como una fotografía que muestra un plano medio y que como señala Joly, “insiste en la relación entre un individuo y su espacio”, uno de los elementos clave del álbum. Aunque el lector empieza leyendo la imagen de izquierda a derecha, la mirada se posa rápidamente sobre la parte derecha, en la que destaca una gran figura de contornos curvos y colores cálidos y brillantes, que contrasta con el escenario. A su lado, y más acorde con el tono y los trazos de la ciudad, un chico de gesto cansado parece esperar algo. De este modo, Shaun Tan nos presenta a los tres personajes principales del relato: la ciudad mecanizada e inhumana, el chico y un objeto extraño, que por su color y el color de las letras de “cosa” en el título, parece que sea la “cosa perdida”.

 De hecho, la portada se equilibra plásticamente con el título y el nombre del autor, que más allá de plantearse como simples textos, se presentan como parte de la ilustración y aportan significado. Las letras del título parecen recortes de diferentes textos, unidas entre ellas a modo de collage. De tamaños, colores, texturas y familias tipográficas diversas, su ensamblaje quiere connotar e incluso amplificar la indeterminación que explicitan las palabras “cosa perdida”. Esta, como veremos, es algo inclasificable y el collage imprime a las palabras esa identidad mestiza y algo extravagante que la diferencia de su alrededor.

El nombre del autor, en letras manuscritas y también en rojo, forma parte de una especie de cuño en el que destaca el logotipo de una fábrica con grandes chimeneas humeantes, que bien podría formar parte del decorado de la ilustración principal. Puede que la elección de una tipografía que simula la escritura a mano y el color rojo, como el de la cosa, sean dos elementos con los que el autor se posiciona frente a la realidad que estamos viendo: él está con la cosa perdida y no quiere formar parte de ese mundo mecanizado.

Pero la portada presenta otros detalles a tener en cuenta. Como veremos a lo largo del álbum, algunas de las palabras que configuran el fondo de página se destacan un poco del resto, pierden su carácter meramente figurativo y su significado cobra sentido, aportando una información que establece articulaciones irónicas con el resto de la propuesta visual y textual. En este caso, la palabra diferentiation parece tomar cuerpo justo debajo de la ilustración principal, para jugar con el resto de elementos figurativos de la portada y mostrarnos así uno de los atributos de esa cosa perdida.

De paratextos y preámbulos

Entrar en La cosa perdida significa adentrarse, sin preámbulos y de repente, en el mundo acartonado y mecanizado que el fondo de página imprime en la composición de toda la obra. Sin guardas ni portadillas, la página de créditos aporta mucha información sobre el universo del libro y se presenta ya como un exceso, en el que el autor tantea los límites literarios, narrativos y conceptuales del libro-álbum. En medio del abigarramiento de las fórmulas y dibujos de máquinas, aparece, entre otros, el cuño de portada, ahora con un cerdo en su interior y la frase “Departamento Federal de Información”, en clara referencia a dos de las novelas que marcan de un modo más evidente el álbum: 1984Rebelión en la granja, ambos de Orwell y ambos ejemplos de mundos distópicos. Entre un mar de números de control, medidas y sellos de inspección, el paratexto apela al dueño del libro, en un juego metaficcional e irónico que continua, como veremos, en la contraportada.
imagen la cosa perdida - fondos
En lo alto de la página la palabra prefacio viene seguida de la siguiente frase: “Este libro pretende servir de introducción y referencia para los estudiantes que preparan oposiciones en la especialidad de motores de combustión y termodinámica aplicada”. Haciendo referencia al fondo de página, este elemento introduce un distanciamiento entre lo que es el libro y lo que dice ser y forma parte del juego irónicoque la conjunción texto e imágenes establece a lo largo de la propuesta. De hecho, las palabras que sobresalen del fondo hacen siempre referencia a fórmulas de termodinámica y el hecho de que formen parte de un lenguaje muy alejado al literario, produce rápidamente ironía. Entre las palabras del fondo que destacan en esta página encontramos Functions, haciendo referencia a esa sociedad funcional en la que estamos a punto de entrar y Coefficient of correlation the standard Deviation, en referencia a la cosa perdida y al comportamiento de la única persona que parece darse cuenta de su existencia.

Encuadrada en un marco y situada en la parte superior de la página, una ilustración nos muestra el vagón de un viejo tranvía que viaja por entre las chimeneas de una ciudad oscura atestada de fábricas hacia la derecha de la página. En su interior,personajes sin atributos y de apariencia cansada esperan en silencio la llegada a su estación correspondiente. Sólo uno parece mirar al exterior, hacia el lector, con los ojos abiertos como platos, con expresión de curiosidad: un niño que parece disfrutar todavía del asombro que le produce la realidad.

De texturas, marcos, tonalidades y otros elementos de ambientación

Al pasar página, nos encontramos con una doble página estructurada a través del juego entre diferentes texturas que se repetirán hasta el final del libro: el fondo, las ilustraciones de diferentes tamaños, encuadradas por uno o dos marcos y el texto, insertado sobre trozos de páginas de una antigua libreta de una ralla. Texto e ilustraciones aparecen pues como figuras individualizadas sobre el fondo. La tipografía elegida (de la familia Typewriter) y el hecho de que éste se encuentre enmarcado, de igual modo que las ilustraciones, hacen de él parte de la propuesta visual y ayudan a conferir el tono del relato.

El fondo que separa las diferentes viñetas, por otra parte, puede funcionar también como una especie de banda sonora, un ruido de fondo industrial, como el existente en todas las ciudades del mundo; aquel ruido sobre el cual se produce la comunicación y se crea y se recrea la vida cotidiana; un ruido de fondo de máquinas trabajando sin cesar, sin uso aparente, que no parecen tener ninguna relación con el relato, pero que están presentes y que, lejos de ser un elemento paralelo a la historia, tiene la capacidad de redondear el tono de la narración al empequeñecer la historia como lo que supuestamente es: algo completamente banal y de poca importancia, como todo aquello que lleva el sello de lo cotidiano.

La cosa perdida, Shaun Tan

Las diferentes texturas y las composiciones variadas que vamos encontrando de las dobles páginas a medida que nos adentramos en la lectura, subrayan la complejidad de la ciudad en la que transcurre la historia. La propuesta visual nos introduce en un ambiente opresivo parecido al de las distopíasde mediados de siglo XX y nos recuerda, sobre todo, a Brazil de Guillian (1985), puede que por lo incomprensible, por la carga de surrealismo, por la ironía, por la importancia de la visualidad, por los tonos elegidos y por esa indeterminación temporal que sitúa al lector en un futuro-retro que no puede acabar de apropiarse del todo. Aunque los cielos siempre verdes evocan también a ese Los Ángeles inquietante y opresivo de Blade Runner (Scott, 1982), de cielos siempre oscuros, en el que la lluvia ácida no deja de caer ni por un instante.

Así pues, mucho antes de haber empezado a leer la historia, el lector ya se ha adentrado un poco en ella, a través de la atmósfera cargada e incomprensible que desvela la propuesta visual. El ambiente está creado por tonos verdosos, grises, granates y amarillentos apagados y poco saturados que sitúan al lector en un mundo que parece estancado y en el que el paso del tiempo solo viene marcado por el leve movimiento del humo que recorre el cielo. Dichas tonalidades muestran de forma muy expresiva la realidad acartonada, burocrática y apática, en la que parece que nunca va a pasar nada que no esté de antemano previsto (como en toda buena distopía o utopía). La iluminación difusa de las ilustraciones subraya dicha atemporalidad. Todos estos aspectos nos llevan a pensar en palabras como monotonía, regularidad, pesadez, aburrimiento, uniformidad y rutina.