Agujero

Torseter se nos presenta en esta joya simbólica e irónica de la ilustración como uno de los artistas más curiosos y elaborados del panorama de la literatura infantil y juvenil.

Con una edición de gran formato, cuidada y agujereada, Barba Fiore Editora apuesta por este título sorprendente que contiene un cuento ilustrado de un modo deliberadamente imperfecto para potenciar así la realidad cotidiana de una mudanza.

Este álbum ilustrado sencillamente y con toques de colores pensados para no saturar al lector (por esa misma razón el texto se limita a las interacciones entre personajes necesarias) que debe centrar toda su atención en el agujero que encontrará en medio de cada página. Este agujero está físicamente siempre en el mismo lugar y el autor dibuja en función a ello; mientras que el agujero está en el medio del libro para el lector, para el protagonista de este libro ilustrado se mueve constantemente y debe lograr atraparlo.

El continuo juego que Torseter hace del agujero es lo que desprende humor sutil: el agujero es a la vez una luz de semáforo, un boquete en la calle o una fosa nasal una vez atrapado por el protagonista, que lo entrega a un laboratorio y, si bien él se ha deshecho del agujero, para el lector sigue en su mismo sitio.

Torseter se nos muestra aquí pues, como un ilustrador de talento, capaz de supeditar su trabajo a condiciones concretas y sobradamente capaz de interpelar directamente al lector, que no se siente molesto por quedarse atrapado en esa fosa que atraviesa el libro, sino que agradece el esfuerzo de conciencia que el autor le obliga a hacer para diferenciar claramente la estructura del libro tangible de la historia narrada.

Boolino