El Mulero

Barbara Fiore es una editorial especializada en ilustración, libro de artista e infantil, que ha editado recientemente un libro fastuoso y sorprendente: El Mulero.

Gracias a él he conocido el trabajo de Øyvind Torseter, un dibujante noruego de estilo libre y vacilón, en el que integra el dibujo puro y rápido de tradición caricaturesca —veo a Feiffer y a Sempé, entre otros— con técnicas mixtas: recortes, efectos de color… No sé qué les echan en el agua a los noruegos, pero me resulta muy interesante cómo hay todo un grupo de autores que están dinamitando las fronteras entre ilustración, cómic y literatura ilustrada, a base, simplemente, de hacer lo que les da la gana: pienso en otro gran autor de Noruega, Bendik Kaltenborn.

El Mulero, precisamente, adapta un cuento infantil tradicional europeo —con multitud de variantes, de ahí que tenga todo el sentido adaptarlo de nuevo—, sobre un trol sin corazón y un séptimo hijo audaz que sale en su busca para rescatar a sus hermanos y sus novias. Jim Henson y su equipo lo adaptaron en aquella obra maestra que fue El cuentacuentos. En el cuento están todos los elemenos del folclore que hacen que el relato nos toque, porque es el tipo de relato que nos hemos contado siempre: su estructura prácticamente la llevamos grabada en el ADN. Los hermanos mayores inconscientes, los animales parlantes que son ayudados y luego ayudan al héroe, la princesa benéfica —aquí mejor perfilada, con más papel, intencionadamente— y por supuesto el trol, un monstruo atroz que dibujado por Torseter parece realmente salido de una pesadilla.

Dos cosas hacen relevante este libro más allá del valor que ya tiene recontar una historia tradicional para el público actual: una es el humor, desenfadado, muy visual, basado en un dibujo que tiene gracia, y en diálogos con mucha chispa —sobre todo los del caballo que acompaña al mulero—. La segunda es el despliegue visual, y una maravillosa libertad en la puesta en escena, que no se preocupa por las clasificaciones. A veces hay viñetas, otras ilustraciones a toda página, otras sólo hay formas y colores.

Las figuras de los personajes suelen basarse en la línea, con alguna textura, y los fondos presentan toda una variedad de técnicas. Sin embargo no quiero que se piense que es todo pura estética: El Mulero se lee, se disfruta como un cómic, no como una sucesión de estampas bonitas, aunque sea muy bonito, y la estupenda edición a buen tamaño de Barbara Fiore potencie el disfrute.

Sin llegar en lo posmoderno, el enfoque del cuento es actual. Ya he mencionado antes el papel que juega la princesa, que, aunque es rescatada, tiene un rol activo en la resolución. Pero el escenario y los objetos también parecen situarnos en un punto temporal difuso, imposible de fechar con exactitud. Por no hablar del pulpo que toca el saxofón, claro.

El Mulero, además, me ha parecido un libro disfrutable de verdad por adultos y niños. Y digo de verdad porque, a menudo, de lo que hablamos es de productos infantiles con alguna referencia a la infancia del espectador adulto. No es el caso, como digo: la persona que disfrute con la frescura e improvisación de Joann Sfar puede encontrarse tan a gusto como un crío que quiera un cuento. Ambos se reirán con el caballo, abrirán la boca de asombro cuando toque y sentirán miedo ante el impresionante trol. Apuntad el nombre de Øyvind Torseter, que hay que seguirlo.

 

Gerardo Vilches
Entrecomics