El silbido del lobo

Al menos hasta que aparece un misterioso encapuchado con capa: Lobo Solitario. El Silbido del Lobo nos cuenta, entonces, como un joven aspirante a dibujante de tebeos se convirtió él mismo el un Superhéroe.

Crítica:

Lo primero es saber quién es Bjørn Rune Lie. Así que busco. Su página personal, una elegante recopilación de sus trabajos que, en cierta forma, se parece a estos trabajos, me lo aclara. Es un ilustrador noruego, radicado en la actualidad en Bristol, Inglaterra, que además de trabajos publicitarios o portadas e interiores para las más diversas ediciones –revistas, discos, libros…- ha publicado ya tres libros infantiles: dos en Noruega y este, El Silbido del Lobo ya en Inglaterra; y gracias a Barbara Fiore Editora también ahora en España.

Su estilo, cálido y retro, tiene algo de cartelismo publicitario de las décadas central del siglo XX, algo de la animación de la Europa del Este y del arte folk nórdico, un poco de la diagramación libre de Will Eisner, otro tanto de la sensibilidad “Lo-Fi” de un Wes Anderson y tonos noir interpretado desde la ingenuidad aparente. Es, en definitiva, una amalgama retro que, por fortuna, tiende más hacia lo atemporal que hacia el simple guiño. El Silbido del Lobo está dominado por los colores cálidos, por la sensación de textura de la pintura y por una mixtura de despreocupación y delicadeza. El arte resulta, así, expresivo y tierno, dinámico en su síntesis de influencias que igualan el libro ilustrado y el tebeo.

El Silbido del Lobo no es en realidad un cómic, pese a que en el haya trazas de arte secuencial, sino más bien un relato ilustrado siguiendo técnicas mixtas que, por supuesto, influencia el cómic. Habla de tebeos, esos sí, y luce un abierto amor por el medio, al cual homenajea en una historia que, reconducida a la fábula irónica, parecería una versión minimalista y esquinada de ciertos temas de Las Asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, la maravillosa novela de Michael Chabon, mixtura de melodrama y biografía del cómico de superhéroes.

Lo que Bjørn Rune Lie hace aquí es una práctica posmoderna, valga la paradoja, clásica: La inversión, la relectura subversiva de un original bien sabido, un cuento popular como tantas veces se ha hechos. El noruego tomó Los Tres Cerditos y El Lobo como punto de partida, para darle la vuelta, convirtiendo al lobo en un paria soñador, un desclasado que sueña con ser dibujante de tebeos y crear superhéroes, y a los tres cerditos en los hijos de un mafioso, capitostes y especuladores, abusones capitalistas. A partir de esto compone la forja de un héroe, el año 1 de lobo solitario; justiciero enmascarado, hombre (Lobo) misterioso y el superhéroes que la ciudad necesita.

El Silbido del Lobo que comienza con el imprescindible “Había una vez…”, si bien tras un expresionista prólogo donde el lobo ve como sus trabajos son rechazados por una poderosa editorial donde tan solo puede trabajar como chico de los recados. Este doble comienzo, tan opuesto en estética y tono, marca la elegante dinámica del libro, sus constantes guiños y homenajes a la cultura popular en una mixtura de pop, cine negro y superhéroes, todo ello reducido a un art-pop esencial y representativo por el pincel de Bjørn Rune Lie, estilizado y lleno de humor cómplice para los adultos… pero que puede funcionar igual de bien con el lector infantil, ya que se trabaja a partir de elementos arquetípicos.

La base de esta contrahistoria del lobo y los tres cerditos (Cerdazos, en esta ocasión) ya la había explicado mejor que nadie Garth Ennis en Predicador, cuando el padre de Jesse Custer le decía a este e pequeño la legendaria frase “Tienes que ser de los buenos hijo, porque de los malos ya hay suficientes”. Esa simple, pura, ética vital es la que transmite El Silbido del Lobo, sublimada mediante el relato de un superhéroes de cuento… O de tebeo, que tanto da.

Adrián Esbilla
Cine Ultramundo