La fuga

A simple vista, La Fuga es un apresurado resumen de la vida. Un retrato de la brevedad de la existencia a través de las vivencias de un músico de jazz.
A simple vista.

Pero veamos este libro de otra forma. Nada más abrir la primera página, detengámonos en lo que vemos, hagamos que nuestra vista se comporte como la aguja de un antiguo gramófono y sigamos las elegantes líneas de Pascal Blanchet, convertidas en surcos en la página. ¿Lo oyen?

Poco a poco lo vamos oyendo, ese rítmico compás de la batería Art Blakey que nos va marcando el paso de una línea a otra cuando, de repente, el piano de Oscar Peterson comienza a sonar y la voz de Sarah Vaughan se escucha de fondo, envolviéndolo todo y llevándonos por la página. Y a partir de aquí, dejémonos llevar por esa música que nos llega en forma de imágenes, que hablan de amor a la música y de amor a la vida, de los momentos que forman el álbum de fotos de nuestra vida.

En poco más de un centenar de páginas, Blanchet logra una extraña unión de imposibles: imágenes que evocan música, ilustraciones que se animan y conforman secuencias de dinámica propia, bitonos que explotan en un arcoiris. Una especie de eclosión sinestésica donde los sentidos se confunden y entrelazan para conseguir una experiencia única. Lo que debería ser una seguido de ilustraciones a toda página, estáticas, toma vida y movimiento, quizás avivadas por el aliento del gran Al Hirschfeld, omnipresente, inspirador claro de esa línea refinada y delicada, que nos lleva entre algodones.

La ausencia de palabras confirma tan sólo lo que estábamos viviendo: que La Fuga no es un libro para leer. Es un libro que se siente.

La preciosa y cuidada edición de Barbara Fiore sólo hace que acrecentar la experiencia sensitiva, incorporando a todo lo cortamente expresado el gozo del libro fetiche.

Y no os perdáis la página web de Pascal Blanchet. Una preciosidad.

Álvaro Pons
La cárcel de Papel