Vivan las vacas

¡Vivan las vacas!

978-84-16985-12-8| Prudhomme y Rabaté | Cartoné | 120 pág. | 21 x 29| 20 €

Comienzan las vacaciones de verano y los turistas convergen en una pequeña ciudad costera. En la playa, mamá duda si hacer toppless o no ¡Venga, topless! Papá prepara con Junior los utensilios de pesca como si fuesen auténticos exploradores. Los niños ya chapotean en el agua. Un par de jubilados se saludan en la orilla. Hay quien sueña con una romántica historia de amor protagonizada por la chica bonita de la toalla de al lado. Otros prefieren esculpir un enorme jardín zen en la arena. Los perros corren en círculos. Un señor se lleva cuatro sartenes a precio de una, mientras que el padre de familia se siente orgulloso cuando acaba el día y no ha comprado ni un solo cachivache en la tienda de suvenires.

Vivan las vacas

Prudhomme y Rabaté viajaron a la orilla del mar para dibujar el particular universo que se forma un día de sol sin nubes. Con gran atención a los detalles, los autores se deslizan entre la masa de veraneantes para presentarnos un mosaico de historias irónicas y tiernas, reales como la vida misma. Un divertido retrato de la vida en la playa donde no solo nos atrevemos a mostrar nuestros cuerpos, sino también, nuestra naturaleza más profunda.

 

Reseña

¡Vivan las vacas!, porciones de vida en la playa de Povolos

SOCIOLOGIA DE UNA PLAYA

Pascal Rabaté y David Prudhomme observan de forma ocurrente y satírica a sus coetáneos. ¿El escenario? Un día en la costa francesa más real que la vida misma.  A falta de un hilo narrativo central, el lector se encontrará con una familia modesta que instalados en la playa, evita las compras y se dedica a desplegar los artilugios de pesca del caballero, al bronceado de la dama y a los juegos en el agua de los niños. Un rubio con un torso esculpido que elige meticulosamente a la presa con la que va a coquetear. Dos viejos caminantes y a sus perros que se cruzan una y otra vez por tierra y mar. Una banda de jóvenes voyeurs tan perspicaces como apocados. Una pareja burguesa que observa cínicamente a la prole. Un concurso de extravagantes esculturas de arena. Punks con sus perros,  nudistas, feriantes, un brocha poco productivo, deportistas vegetarianos, tatuados,  jugadores de petanca…

PUNTOS DE VISTA MÚLTIPLES

Inicialmente la lectura resulta un poco confusa pues no sabemos realmente a dónde nos lleva. ¡Vivan las vacas!se estructura como un si fuese una crónica en formato de cómic, sin comentarios y sin una estructura real, excepto por una unidad en el lugar y en el tiempo: un día en la playa, el camping y el mercado de la playa de Polovos. El centro de atención y el punto de vista cambian  en casi en cada viñeta, lo que permite que el lector se mueva constantemente entre personajes, situaciones, fragmentos de diálogos, cuadros vivientes y bromas.

Vivan las vacas

UN CÓMIC ANTROPOLÓGICO

La magia de ¡Vivan las vacas!, se revela tanto en las escenas elaboradas como en los cientos de detalles que pueblan las viñetas y despiertan inconscientemente los recuerdos del lector. Pascal Rabaté y David Prudhomme no tuvieron grandes dificultades para documentarse, simplemente posaron sus nalgas en la arena y se dedicaron a escuchar y llenar sus cuadernos de dibujo. La experiencia resulta tan antropológica y cómica como las escenas de Jacques Tati (particularmente en las de Las vacaciones del Sr. Hulot). Y es que todo es posible cuando prestamos un poco más de atención a los miembros de nuestra especie en vacaciones. El trazo, en ocasiones mordaz, sin embargo, apenas exagera la naturaleza de los personajes  que resultan profundamente normales, a menudo adiposos, divertidos o patéticos y que, finalmente, se parecen a nosotros.

Y si a pesar de todo, sentimos el incómodo efecto espejo distorsionado, no es necesariamente culpa del estilo gráfico realista de Rabaté y Prudhomme sino, quizá, del tema en sí mismo. La playa nos solo incita a exhibir nuestro cuerpo sino que, más que cualquier otro lugar público, expone la naturaleza más profunda de sus adeptos.