Un día más contigo, caminando por una tarde de primavera

Marzo 2016 | 978-84-15208-73-3 | Rústica | 104 pág. | 26 x 18 | 18€ Comprar

El tiempo que pasamos juntos fue como unos fuegos artificiales, que llenan todo el firmamento, pero, en un abrir y cerrar de ojos, se desvanecen. La añoranza, en cambio, es como una semilla enterrada en lo más hondo del corazón y que lentamente germina.

Un acuerdo entre amigas, secreto, privado y sagrado, lleva a una niña a recorrer un largo camino que nunca antes había recorrido en soledad. Una ausencia que se hace presente a cada paso, en cada soplo de aire, en el movimiento de las ramas, en clase de matemáticas, en un último abrazo donde se echa en falta a alguien.

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¿Existe un cielo más allá de las nubes? ¿Habrá nubes en ese paraíso donde se encuentran todos los que ya no están con nosotros?

Jimmy Liao vierte sobre la protagonista de Un día más contigo ese sentimiento de soledad incierta que provoca la ausencia. Esta soledad que nos hace más fuertes y valientes, que nos obliga a enfrentarnos a los miedos del tiempo en el que no nos sentíamos nunca solos, en un camino de aprendizaje y dolor, de entendimiento e infinito amor.

La historia jamás contada

Cuando se publicó Un día más contigo me acordé de pronto de que, cuando yo cursaba segundo de primaria, un compañero de clase murió. No lo conocía muy bien; era un chico que sacaba siempre las mejores notas en todos los exámenes, pero enfermizo, y a menudo faltaba a clase, uno o dos días al principio, luego una o dos semanas, hasta que, al final, todos acabamos por acostumbrarnos a su ausencia. Al cabo de un tiempo, sin que nadie supiera a partir de cuándo, ya no volvimos a verle. Fue como si sus compañeros de clase nos hubiéramos olvidado de su existencia, o que apenas nos diéramos cuenta, y solo fuéramos vagamente conscientes de que había caído enfermo y se había ido. El maestro tampoco lo mencionó o, si lo hizo, no me acuerdo: todo me parece muy difuso.

Más tarde me acordé de otros acontecimientos relacionados con este. En cuarto de primaria, mi maestro también murió, creo que por alguna dolencia pulmonar. Era un hombre alto y guapo, muy moreno, que siempre iba vestido con pantalones blancos holgados de corte occidental, que se le inflaban cuando soplaba el viento, y hablaba en chino mandarín. Un buen día, vino a clase un sustituto, y a él fue como si se lo hubiera llevado el viento.

También en mi niñez estuve a punto de morir. Cuando yo era pequeño, por delante de mi casa, pasaba un gran colector de aguas pluviales, y un día en el que soplaba un tifón, por un descuido, me caí dentro. Normalmente el nivel del agua del colector era muy bajo, pero ese día, por culpa del tifón, el agua llegaba casi a la altura de la calzada, y me arrastró casi hasta un puente cuando tuve la suerte de que me rescataran.

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Los recuerdos de infancia, con todos sus detalles, esperan a que empiece el proceso de creación para ir apareciendo como hordas de fantasmas, y de verdad que asusta un poco. En el fondo, ¿en qué consiste el proceso de creación? En hacer un dibujo, escribir un texto y que el conjunto tenga sentido. Con Un día más contigo, en el fondo, me enfrenté al tema de la muerte de un niño, y lo sorprendente es que mi propia obra me asusta un poco. En definitiva, ¿cuántas cosas terribles se esconden todavía en la oscuridad más profunda de mi subconsciente?

Jimmy Liao