Liao, un estilo lleno de contrastes

Cuando uno lee varios libros de Jimmy Liao, es fácil identificar ciertos elementos constantes en su obra que lo hacen reconocible y definen su estilo tan característico. Puede que no siempre se encuentren todos en un mismo libro, pero sí la gran mayoría. De hecho, cuando abres por primera vez un libro de Liao, te predispones a encontrarlos, los esperas, los buscas.

Estos elementos son, a mi entender, su sello personal: la presencia de un gran colorido y unas texturas como de dibujo a tempera, la nostalgia como principal hilo conductor de sus relatos y un lenguaje muy particular, complejo.

Todo esto se une y entreteje magistralmente gracias a su maravillosa capacidad de convertir algo triste en una hermosa imagen: ese es el estilo de Jimmy Liao, no se limita solo a su expresión gráfica, su estilo viene también marcado por sus temas recurrentes y un lenguaje a ratos sencillos, a ratos indescifrable.

Lo primero que llama la atención en sus libros es el brillante colorido de sus ilustraciones que, en ocasiones, se potencian con un repentino blanco y negro. Suelen ser colores sólidos, intensos y alegres, lo que se contrapone a las nostálgicas palabras que las acompañan. Tienen una textura especial, te dan ganas de acariciar las páginas a ver si la pintura está aún húmeda.

Son reconocibles incluso cuando ilustra textos de otros autores. Y digo incluso porque, cuando se trata de ilustrar a otros, sí se aprecia una sutil reducción de la nostalgia que inevitablemente impregnan casi todas sus historias. Aunque la paleta de colores es la misma, cuando ilustra textos de otros, sus dibujos son más amables y dulces, sin ese aire sombrío que en la mayoría de los casos acompañan los textos que él mismo compone. El monstruo que se comió la oscuridad y Filbert, el diablillo bueno son dos claros ejemplos de que su arte al servicio de otro es igual de hermoso, pero de alguna manera se disfraza, como cuando uno se pone un traje para una boda: es él, pero no es él.

La nostalgia, ya digo, está tan presente como cualquiera de los colores en sus dibujos. Nostalgia, melancolía, sensación de pérdida, tristeza, miedo, despedida… Sí, el alegre colorido de Liao esconde las emociones más negativas, un llamativo contraste que es una característica de su arte.

Sin embargo, no creo que su intención sea la de transmitir tristeza. Liao trata estos temas en sus libros desde una perspectiva profundamente realista, con naturalidad, y a través de mucho simbolismo, metáforas y un lenguaje enigmático. No trata de esconder la realidad (el mundo a veces puede ser un lugar solitario, perder a un ser querido nos parece imposible de superar y da miedo no saber adónde se dirigen nuestros pasos en la vida), sino que la muestra tal y como él la percibe. Posiblemente lo que más me conmueve de las obras de Liao es que a pesar de lo íntimas que parecen sus preocupaciones, resulta muy fácil sentirse identificado con sus palabras.

Y es que Liao no es fácil de leer: sus sueños, sus anhelos, sus deseos, sus observaciones, todo se mezcla creando imágenes casi oníricas. Muchas veces he tenido la sensación de estar incluso entrando en la intimidad del propio Liao, en sus reflexiones más profundas, aunque ininteligibles. Nos permite entrar, nos da la llave, pero no se muestra completamente. De nuevo, el contraste. Así, tenemos libros en los que la trama es sencilla y accesible (siempre teniendo en cuenta que se trata de Liao y que tiene un estilo particular) como El pez que sonreía o Abrazos, y otros tremendamente indescifrables como ¿Verdad o mentira?

Aun sabiendo que sus historias son por lo general tristes, abro cada nuevo libro con la ahogada esperanza de que no sea una historia trágica. Y por ello quizás me sorprendo una vez más cuando me encuentro con historias agridulces como Paisaje de amor, que comienza con algo tan trágico como la muerte y la pérdida y acaba revelándose como una bonita historia de amor más allá de la muerte, como una poética descripción de la superación del duelo. Sí, aunque no lo parezca, en los libros de Liao también hay hueco para la esperanza y este libro es muestra de ello. Pero hay más.

Un día más contigo, caminando por una tarde de primavera es una colorida carta de despedida a una amiga que ya no está. Y a pesar de lo conmovedora que es la historia, resulta esperanzadora la manera en que la protagonista describe lo que a su amiga le gustaba hacer. En Gracias, conejito, por una tarde maravillosa, un recorrido por el pasado y la melancolía acaba con una pequeña lucecita verde-esperanza al final del camino (¿o es ese quizá el principio?).

Mi mundo eres tú es el último libro de Jimmy Liao. Aunque es quizá el más enigmático e intimista de los que he leído hasta ahora, reúne todas estas características que se aprecian en los libros anteriores: nostalgia, despedida y sueños con un envoltorio de brillantes colores. Es posible que aquí su estilo sea un poco más oscuro: se acentúan la nostalgia y esa desesperada necesidad, tan humana, de tratar de entender por qué hay seres queridos que ya no están. Y aun así, sigue habiendo hueco para la esperanza de un futuro reencuentro y la tranquilidad de no saberse solo en el universo.

Liao muestra un enorme respeto por la infancia y por las emociones de los niños, que para él son tan reales e importantes como las de cualquier adulto. Sus protagonistas son casi siempre niños (o el niño que todos llevamos aún dentro, el que fuimos) y más concretamente, niñas. Ellas también sufren el duelo, la pérdida y la nostalgia. También se sienten perdidas de vez en cuando. Liao se autodenomina emisario de esos sentimientos y los universaliza convirtiéndolos en algo extrapolable a cualquier persona, sea de la edad que sea. Sus niñas protagonistas pueden parecer seres vulnerables que buscan el apoyo y el consuelo en sus mascotas, ya sean estas un gato o un conejo gigante (los animales son una constante en sus obras, a veces como protagonistas y otras, escondidos en un segundo plano). Sin embargo, estas niñas se desvelan como personajes fuertes que se enfrentan a sus miedos y a su dolor por difícil que sea, aunque no los comprendan del todo. Una vez más el contraste.

Las ilustraciones de Jimmy Liao y sobre todo sus textos reabren el debate de si todos los libros ilustrados son para niños. Sus personajes son niños, los colores, fuertes, y el trazo es grueso y de aire infantil. Sin embargo, sus temas son complejos, sus preocupaciones, maduras, y su visión de la realidad demasiado pesimista para lo que suele ser la visión de un niño. ¿Acaso con re-calificar sus libros como novelas gráficas en lugar de álbumes ilustrados resolveríamos el dilema? No estoy segura. Creo que está ambigüedad que se da en otros artistas como Shaun Tan, por ejemplo, en el caso de Liao se puede considerar un rasgo diferenciador.

Beatriz Bejarano del Palacio