Los personajes de Albo y Auladell –una mujer misteriosa, un hombre con esencia de pájaro– viven en un mundo intangible, de colores tenues, desgastados por el tiempo, y se aman a esa hora incierta en la que confundimos vida y poesía.

Nunca usarás la facultad del vuelo para conocer aquello que la intimidad oculta a la mirada de los otros. Esa es la advertencia que le hacen al protagonista, un ser que podría ser un ángel, pero que prefiere engancharse a otra ilusión más carnal: la que conforman el deseo y la ternura que siente por una mujer espectral, que alcanza a verlo desde su barca.

Hay en este relato, como en las mejores obras simbolistas, ese fluido lirismo, esa atmósfera que también poseen los cuadros de Franz Stuck y Odilon Redon. Es el hechizo especial que –por decirlo con un tópico– consigue quien echa un vistazo al mundo a través de los sueños.Más allá de ese romanticismo y esa iconografía, Alas y olas es una nueva demonstración del talento de Pablo Auladell, un artista deslumbrante de recursos, entre cuyas influencias caben desde Lorenzo Mattotti hasta el periodo azul de Picasso.

En cuanto a la historia que firma Pablo Albo, cabe decir que tiene la misma presencia y el mismo vigor poético que las ilustraciones.Escribe el autor que el cuento está levemente inspirado en la leyenda esquimal La mujer esqueleto.La pista de ese relato inuit nos conduce a un ensayo donde este último figuraba, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, cuya interpretación de la leyenda sirve también para Alas y olas. No en vano, el perdurable vínculo de los protagonistas se sostiene a lo largo de un ciclo de vida, muerte y reencarnación. Albo nos mete hasta las entrañas en un drama en el que las potencias luminosas provienen del mar, que aquí no funciona como un mero elemento retórico.Cada ingrediente de este breve relato libera asociaciones e imágenes ocultas. Por eso el lector puede tomarse la libertad de jugar a encontrarle semejanzas y paralelismos.Así, la unión en la que desemboca la historia de Albo y Auladell me trae a la memoria aquel ángel enamorado en Cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987), de Wim Wenders. Y por alguna razón que no acierto a explicar –y que por eso tecleo al final de estas líneas–, también me recuerda el amor que La Cosa del Pantano siente por Abby Holland en el cómic que dedicó Alan Moore a este curioso personaje.

Sinopsis

Para conseguir aquellas alas, la condición era clara: Nunca usarás la facultad del vuelo para conocer la intimidad de los otros. Él accedió. Y fue sincero cuando mintió al decir que cumpliría. Y cumplió por mucho tiempo. Durante años olvidó su pasado de tierra y voló entre las aves. Su cuerpo no conoció la vejez, aunque tampoco el placer. Ni arrugas ni abrazos, así era la vida en el aire. Y así fue, hasta que una tarde de tormenta voló bajo, cerca del mar. La mujer desvalida en su barca llena de agua, alcanzó a verle y dejó por un instante de pensar en la muerte para desear estar a su lado. Eso le salvó la vida. Esa fue la llamada. Él, aunque lo intentó, no pudo ya dejar de mirarla ni de preguntarse cómo soportaba ella, en las noches del mar, esa soledad que le asomaba a los ojos y que era idéntica a su soledad de años de vivir en el aire. Atosigado por la curiosidad, pensó que haberse mostrado en la tormenta le daba derecho a una breve mirada a la intimidad de la mujer… Un viaje de ida y vuelta entre un hombre y una mujer que se conocen cuando no son humanos y se reencuentran cuando todavía no lo son. Una historia de anhelos y encuentros, de carne y de huesos, levemente inspirada en la leyenda de la mujer esqueleto, que nos habla de lo humanos que somos aunque no lo sepamos, aunque no lo parezcamos, aunque no nos demos cuenta.

Guzmán Urrero
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ALAS Y OLAS

Septiembre 2011 | ISBN: 978-84-15208-04-4 | 32 páginas | Cartoné | 27 x 38 | 18,00€

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