Hay libros que nos pueden gustar más o menos y luego hay otros que son decididamente útiles, al estilo de los manuales de supervivencia. “Del cuidado de las ardillas. Una guía práctica” es uno de esos títulos. Al menos para mí que, desde que talaron los árboles que había frente a mi casa, tengo a las ardillas metidas en casa. Aunque… ¡cuidado!

Se trata de la traducción que han hecho Carles Andreu y Albert Vitó de un artículo que apareció publicado en Londres en 1910 dentro de la obra Children’s Encyclopedia. En realidad, se trata de un puñado de consejos sobre cuál es la mejor manera de criar a una ardilla en cautividad. Y, aunque la lectura del libro no nos convertirá en zoólogos expertos, sí que nos ayudará a comprender mejor la naturaleza y los comportamientos de este simpático animal.

El libro se abre con una traca de lo más florida. Dice así: La ardilla puede llegar a ser un animal de compañía encantador e interesante, pero debemos intentar que el ejemplar escogido sea joven y, si es posible, nacido en cautividad. Es muy cruel capturar un animal que lleva una vida activa en la naturaleza, que ha abandonado ya la infancia y ha probado el sabor de la libertad en el bosque. Me imagino que la referencia a la infancia viene por lo de la Children’s Encyclopedia. De todas formas, rápidamente se nos aclara la ventaja de por qué es preferible no intentar domesticar a una ardilla salvaje: Es difícil domesticar a un animal como ése, que si se siente amenazado es probable que nos propine un buen mordisco en un dedo. La ardilla nacida en cautividad, en cambio, casi nunca presenta ese hábito tan indeseable y puede domesticarse con mucha más facilidad.

La aparición del adjetivo indeseable muestra a las claras que ese artículo de 1910 mezclaba con desprejuiciada alegría la información científica más objetiva con el juicio personal. Pero, en cualquier caso, el objetivo del mismo, que no era otro que el de conseguir adiestrar a una ardilla, se puede conseguir fácilmente si se tienen en cuenta los numerosos consejos que da sobre la jaula y la alimentación. Los primeros son un poco chocantes porque después de que se nos aclare que la jaula no puede ser pequeña, sino espaciosa (“en ningún caso debe tener menos de un metro cuadrado de superficie y un metro y medio de altura”), que debe tener una rueda giratoria (“porque así la ardilla realiza el ejercicio necesario para mantenerse en buen estado de salud”), una caja forrada de heno (“para que pueda dormir cálidamente en su interior”), serrín y paja en el suelo y una rama de árbol para que el animal corretee, el autor nos acaba advirtiendo que “si la jaula es muy grande, también puede añadirse un trapecio”. En cuanto al párrafo sobre la comida, yo lo encuentro un poco contradictorio porque empieza diciendo “Alimentar a una ardilla no es nada difícil” para añadir a renglón seguido: “Deberían dársele muchos frutos secos, como avellanas, nueces y cacahuetes, pero no las variedades más aceitosas como las nueces de Brasil. Las bellotas, el trigo y el pan seco también son apropiados; y asimismo, debería dárseles regularmente arroz hervido y pan mojado con leche aunque bien escurrido. También le sentarán bien las zanahorias, los colinabos, las manzanas y la patata hervida, incluso un poco de fiambre de vez en cuando”. Pues qué quieren que les diga: acostumbrado como estoy a los peces, a las ardillas les veo trabajo.


Sea como fuere, se trata de un libro entrañable que ha sido ilustrado con gracia por el reputado Axel Scheffler y que ha sido bellamente editado por la muy recomendable Barbara Fiore.

Lord Velasco
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DEL CUIDADO DE LAS ARDILLAS

Septiembre 2009 | ISBN: 978-84-93677-87-9 | 40 páginas | Surbalin | 11,7 x 18 | 15,00€

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