El árbol rojo es la quinta obra que publica este ilustrador, y las cuatro que la preceden desde 1995 han sido reconocidas con galardones internacionales. Es a la vez la segunda en la que el texto también es suyo y vio su primera edición en Australia, a cargo de Thomas C. Lothian.

Libro de gran tamaño aunque con pocas páginas; ilustraciones de todos los formatos,siempre encuadradas, a veces dejando grandes espacios para el texto y otras integrando las escasas frases en el propio dibujo. Esta escasez de texto permite mayor juego a la maquetación utilizando una fuente exageradamente funcional,como de antigua máquina de escribir,a la vez que recupera los errores típicos de este romántico artilugio,variando los tamaños de las letras, las sangrías de cada renglón, sobreimprimiendo letras e incluso inclinando los renglones. El color del texto se suaviza acercándose a los tonos oscurecidos de los fondos.Nos detenemos en este aspecto aparentemente técnico porque creemos que en este libro es uno más de los detalles que se cuidan en función de la expresividad total de la obra,y en este caso concreto, con la intención de evitar la rigidez de una técnica que hoy día es exageradamente perfecta buscando el romanticismo de todo lo retro y la ternura de lo manual e imperfecto.

Son varias las sorpresas que nos llegan de esta publicación,la primera el propio relato en sí que no guarda la habitual linealidad, no se desarrolla una acción específica ni hay interacción entre personajes,simplemente es la extraordinaria descripción de un sentimiento, la desesperanza,es la expresión de las sensaciones que lo acompañan y su sorprendente y esperanzadora resolución final.

Otra sorpresa es que la narración de estos sentimientos y sensaciones se hace prácticamente a través del lenguaje visual. El texto es mínimo y se limita a ejercer el papel de título para cada ilustración. Es la tremenda fuerza de estas imágenes y su inquietante dualidad, realidad–sueño, la que consigue la transmisión del sentimiento y su interiorización en los lectores.

También es nuevo y sorprendente el uso de recursos surrealistas en un libro pretendidamente infantil.La posible incapacidad de la mentalidad infantil para sentirse motivada por imágenes surrealistas es otra tesis que acabará por caer.Las irreales descontextualizaciones de estos dibujos son sobrecogedoras y la tensión creada ante la cotidianeidad de lo monstruoso se extiende indefinidamente con la creación de entornos obsesivos, abigarrados de objetos tan extraordinariamente bellos como inútiles. La ambigüedad del personaje único y principal facilita que cualquiera de nosotros, grandes o pequeños, se identifique sintiendo la incongruente soledad de su recorrido que hace más brillante el final.

Alberto Urdiales

EL ÁRBOL ROJO

Mayo 2005 | ISBN: 978-84-93481-11-7 | 32 páginas | Cartoné | 21 x 30 | 18,00€

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