Un niño solo en su cuarto luchando contra su temor a la oscuridad para poder conciliar el tan ansiado y reponer sueño, es una figura que todos tenemos presente porque todos la hemos vivido alguna vez… o no?

Pero el caso es que, a diferencia de la mayoría de nosotros, el protagonista de este álbum ilustrado si tenía razones para estar inquieto porque debajo de su cama, donde la oscuridad es aún más negra y terrorífica, si se escondía un monstruo.Uno pequeño, pequeñísimo, pero al fin al cabo un monstruo, que además tenía un hambre enorme. Primero probó zamparse unas pantuflas,…!un asco total!, luego un cochecito de juguete,…¡qué dolor de encías! Hasta que encontró una caja debajo de la cama que tenía un agujerito por el que se asomó y a través del cual solo pudo ver oscuridad. ¿Oscuridad?, habrá que probarla pensó, y se la sorbió toda y se relamió feliz y contento de su hallazgo. El pequeño monstruo era insaciable, así que luego de terminarse la oscuridad de la caja empezó con la de los cajones del armario, los dobleces de las cortinas, el sótano, las madrigueras de los conejos, y así terminó por engullirse la noche entera.No quedó más que un planeta insomne, luminoso y triste al mismo tiempo porque las estrellas ya no brillaban, la luna desaparecía, los búhos se caían de los árboles y los gatos perdieron todo su glamour porque sus ojos no brillaban más sin oscuridad. Y en medio de esa inabarcable luminosidad alguien lloraba desconsolado porque no podía dormir. El monstruo, ahora enorme luego de haberse engullido la noche, sintió compasión por el pobre niño y se escurrió dentro de su cuarto, lo sacó de la cama y lo cobijó entre sus enormes y oscuros brazos mientras le cantaba una nana para hacerlo dormir. ¿A que no es linda esta imagen?, la de un niño que es arrullado por la oscuridad, justamente aquella que, entendemos y sentimos, es la causa de nuestros desvelos.

Esta historia no es solamente un excelente ejercicio terapéutico para todos aquellos pequeños para quienes la oscuridad les deja un espíritu inquieto que les espanta el sueño, es además una estrategia educativa sumamente interesante: la de llevar al límite ciertas situaciones para exponer con claridad la real naturaleza de las cosas. Ya lo hizo Saramago para instruirnos sobre la necedad de los sistemas políticos autoritarios con “Ensayo sobre la lucidez”, o sobre la complejidad de la naturaleza humana en “Ensayo sobre la ceguera”. Nada mejor entonces para hacer que nuestros pequeños le pierdan el miedo a la oscuridad que mostrarles un mundo sin ella. No voy a hablar esta vez de las ilustraciones, solo les voy a decir que son autoría de Jimmy Liao, por lo que pueden estar seguros que tendrán en sus manos una obra de arte.

Juan Carlos Rheineck

EL MONSTRUO QUE SE COMIÓ LA OSCURIDAD

Septiembre 2010 | ISBN: 978-84-93750-64-0 | 56 páginas | Cartoné | 23 x 25 | 15,00€

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