Los primeros años en la vida de un niño son fundamentales para fromar su personalidad y para que se socialice con su entorno; por ello, muchos cuentos hablan de la amistad y de la aceptación de los demás.

El perrito que quería tener amigos de Yoshitomo Nara es una historia que incide en la importancia de tener alguien con quien relacionarse; de hecho, el perro protagonista está triste porque nadie parece reparar en él, es tan grande, tan diferente, que pasa desaparecido hasta que una niña lo ve y se hace amiga suya, y lo hace con canciones, porque la música es un elemento beneficioso en la educación de lo más pequeño.

Por su parte Filbert el diablillo bueno de Hiawyn Oram y Jimmy Liao habla de un pequeño diablillo que, en contra de los deseos de sus padres, un tema que el propio Liao ya trató en su obra “No soy perfecta” y de su propia naturaleza, lejos de hacer trastadas siempre actúa bien y quiere ser bondadoso con todo el mundo; decidido a resistir las presiones de sus papás, de su maestra y de sus propios compañeros Filbert, cuya apariencia es un homenaje de los autores al cuento “Donde viven los monstruos” de Maurice Sendak, sigue siendo la oveja negra de la familia hasta que recibe la inesperada ayuda de Florinda, una angelita que tiene mucho de diablillo y que está pasando por una experiencia muy semejante a la suya. Haciendo un gran alarfe de imaginación, entre los dos conseguirán ser aceptados por sus respectivos entornos tal y como son, con sus propias personalidades, al margen de que sean más o menos diferentes al resto.

Lucas Estevan

EL PERRITO QUE QUERÍA TENER AMIGOS

Septiembre 2013 | ISBN: 978-84-15208-36-5 | 32 páginas | Cartoné con sobrecubierta | 24 x 25 | 15,00€

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