Jimmy Liao nació en Taipei (Taiwán) en 1958. Comenzó a trabajar en el mundo de la publicidad, pero en 1995 le diagnosticaron leucemia, y se vio obligado a estar un año en tratamiento, aislado. Este acontecimiento dio un giro radical a su vida y a su visión del mundo. Cuando se recuperó, en 1998, publicó sus dos primeros libros, y desde entonces se ha convertido en uno de los ilustradores más conocidos en todo el mundo. Varios de sus trabajos han sido llevados al cine y al teatro, y con el corto El pez que sonreía fue premiado en el Festival de Cine de Berlín en 2006.

Empecemos por el principio: ¿cómo empezó a ilustrar, y qué significó para usted a nivel personal?

Fue en los años 80, cuando trabajaba en una empresa de publicidad. Intenté hacer el proyecto de un anuncio con ilustraciones. Fue la primera vez que intentaba dibujar. Nunca estudié ilustración en la escuela, no había un profesor de esa materia en esa época. Iba a las librerías para encontrar ejemplos de ilustraciones en revistas japonesas y álbumes ilustrados infantiles. Leía muchos libros y revistas y aprendí a ilustrar de manera autodidacta. Después de terminar algunos proyectos, estaba ansioso por compartirlos con otras personas. Una de mis amigas consiguió una cita en una editorial para reunirse con un editor al que ni siquiera conocía. Yo no supe nada de esto hasta después. Mi amiga me devolvió mis trabajos ese día, y entonces supe que me había ayudado a dar el primer paso. Después de unos días, recibí una llamada de teléfono de la editorial y empecé a dibujar ilustraciones para algunas de sus revistas y cubiertas de libros. Así fue como comencé a trabajar en el mundo de la ilustración.

Realmente disfruto ilustrando. Es algo que siempre me hace sentir alegre. No pienso en mí mismo como un buen trabajador de una empresa. Ilustrar me permite trabajar por mi cuenta la mayor parte del tiempo. Es una suerte que el mundo de la ilustración me encontrara y me permitiera dedicarme a lo que me gusta, y a lo que sé hacer.

¿Qué grado de influencia ha tenido en su trabajo de ilustrador el hecho de haber trabajado antes en publicidad?

Pienso que mi experiencia en el campo de la publicidad me ha ayudado a cumplir los plazos y, lo más importante, he aprendido a tener en cuenta la reacción de la gente que ve mis ilustraciones. Estas dos cosas me han ayudado a reflexionar más sobre mi trabajo. A encontrar un modo razonable de expresar las historias que hay en mi cabeza.

¿Qué pasos dio para ver publicado su primer libro? ¿Envió su trabajo a algún editor?

Mi primer libro surgió a raíz de la propuesta de una editorial. Llevaba dibujando desde hacía unos diez años. Algunos editores me habían pedido que publicara mi propio libro, pero yo no me veía capaz de eso. Después de mis días de enfermedad, cambié de opinión. Pensé que quizá podría dejar algún legado al mundo, o un recuerdo para mi hija. Así que acepté hacer mi primer libro. La idea de la editorial era hacer un recopilatorio de ilustraciones, pero cuando me puse a trabajar, encontré de repente que tenía muchas cosas que decir. Así que cambié la idea original. Dibujé la historia de una pequeña niña solitaria. Era Secretos en el bosque (1998), y estaba dedicado a mi hija, que por esa época tenía solo un año.

El pez que sonreía

¿Es cierto que El pez que sonreía está basado en sus vivencias durante su estancia en el hospital?

Sí, pero en el momento en que lo estaba ilustrando no era muy consciente de ello. Yo había elaborado la historia en mi cabeza; pasaron los años, y un día me di cuenta de que yo era el pez, encerrado en un acuario, observado por la gente a través del cristal. Era como mi experiencia en el área de aislamiento del hospital. Mi familia y amigos lo único que podían hacer era saludarme con la mano desde lejos, al otro lado de la ventana.

El sonido de los colores

Desencuentros (2006) y El sonido de los colores (2001) fueron los álbumes que le dieron a conocer. ¿Cómo vivió ese fenómeno? ¿Cómo lleva la fama que tiene desde ese momento?

Me llevó bastante tiempo acostumbrarme, incluso hoy en día me cuesta. Así que me inventé la historia de Mr. Wing (2003) para desahogar un poco mi ansiedad. Trata sobre un empresario muy afortunado que lo tenía todo: dinero, una mujer muy guapa, y unos niños estupendos. Era tan afortunado que le salieron alas. La gente le envidiaba. Le observaba. Él tenía de todo, pero no era dueño de sí mismo. Esta historia era mi válvula de escape para sobrellevar el cambio.

Aunque muchos lectores conocen a Jimmy LIao, poca gente puede reconocerme por la calle. Todavía puedo salir por ahí y llevar una vida normal, pero aún hoy no me gusta ver mi nombre y mi fotografía en el periódico. Eso a pesar de que muchos de mis lectores conocen mi trabajo gracias a los medios de comunicación.

Su libro La piedra azul (2006) fue el primero que vimos traducido al castellano, ¿sabe cómo le descubrieron en Latinoamérica y en España?

Realmente no. Centro toda mi atención en mi trabajo de ilustrador. Mi agente y mi editor son los que organizan todos los asuntos de promoción. Cuando me enteré de que mis libros eran bien recibidos en el mundo latinoamericano, me quedé muy sorprendido. Los libros favoritos de los lectores españoles eran muy diferentes de los que gustaban en Taiwan.

Estuve en la Feria del Libro de Guadalajara en diciembre de 2013, y conocí a mis lectores de Latinoamérica. La verdad es que me emocionó mucho.

Desencuentros

¿Está al tanto de la repercusión que tienen sus álbumes en España, desde que Barbara Fiore publicó Desencuentros en 2008?

La verdad es que agradezco mucho a la editorial Barbara Fiore por publicar mis libros en España. Han hecho mucho por mí. No he viajado a España como autor, pero me entero de todo por algunas reseñas e informes. Mi editor me dijo que cuando fue a la feria del libro de Bolonia, se dio cuenta de la cantidad de gente de España y de otros países de habla hispana que eran capaces de reconocer mis ilustraciones. Esto me sorprendió. Y por todo ello debo dar las gracias a Barbara Fiore.

En España, el concepto de álbum ilustrado es todavía algo tradicional y siempre se asocia con el libro infantil, pero últimamente se publican cada vez con más frecuencia obras que no responden exactamente (o exclusivamente) a la definición de libro infantil. Algunos de sus libros podrían ser claros ejemplos de esto y no siempre son fáciles de encajar en una sección u otra de las librerías. ¿Qué nos puede decir al respecto? ¿A quién se dirige cuando comienza a darle forma a una nueva obra?

Al principio de todo, cuando hice mi primer libro, tenía muy claro que no haría libros solo para niños. Esperaba que fueran para todas las edades. Pensé: ¿qué diferencia hay entre un libro para niños y otro sin edad? Además del contenido, el formato y la extensión del libro son importantes. Decidí hacer un libro que tuviera más páginas que uno infantil, y que fuera más pequeño que un álbum ilustrado estándar. No sé si el formato de mis libros hace que los lectores de cualquier edad se interesen por ellos, pero la verdad es que muchos son adolescentes y jóvenes. A pesar de todo, los dos primeros premios que obtuve fueron galardones de libros infantiles de Taiwan.

Nunca pienso en mis potenciales lectores cuando trabajo. Puede que tenga una vaga idea. Pero tampoco me preocupo demasiado por las características tradicionales de los libros infantiles. Mis libros son para todas las edades.

Sus álbumes suelen ser bastante alegres, y las escenas urbanas están llenas de vida y color. ¿Se corresponde esta imagen con Taipei, la ciudad donde vivió su infancia y adolescencia?

En realidad, las ilustraciones de mis libros provienen de mi imaginación. No puedo hacer bocetos. A veces incluyo paisajes urbanos de Taipei o Taiwan en mis ilustraciones, pero no se corresponden exactamente con la realidad. Por ejemplo, la estructura de la estación de metro en Desencuentros procede de la estación Beitou del metro de Taipei. Pero la parte de la calle y el invierno nevado no son de allí, sino que vienen de mi mente.

¿Qué tipo de límites en cuanto a temática y estilo se impone a la hora de ilustrar para niños?

Elijo temas sencillos y claros. Intento concentrarme en una sola idea. Y hago mis personajes más amables. Cuando ilustro para niños, intento recordarme a mí mismo a esa edad. Depuro mi manera de expresarme.

En varios lugares públicos de Taiwán hay murales pintados por usted. ¿Qué siente al ver su obra formando parte del paisaje urbano?

Intento no pensar en ello. Pero me gusta observar las caras de la gente cuando ve mis pinturas. Si a la gente le gustan, estupendo. No sabría decir lo que siento.

Varios de sus libros han sido transformados en películas, quizá la más famosa sea El pez que sonreía. ¿Ha participado en el proceso de adaptación? ¿Le gusta más trabajar en equipo, o en la soledad de su mesa de dibujo?

El pez que sonreía ha sido la única película de animación. Ha habido otros tres largometrajes y algunas representaciones. Nunca me he involucrado en ninguna adaptación de mis libros. No sé mucho sobre hacer cine o teatro, pero iría a los estudios a animarles y a expresarles mi agradecimiento. Trabajo en mi estudio, en solitario. Es lo que sé hacer y lo que me gusta.

En su bibliografía, la mayor parte de sus álbumes los ha hecho en solitario, pero hay algunos otros en los que ha colaborado con otros autores. ¿Le resulta difícil ilustrar historias creadas por otras personas?

Cuesta decir qué es lo más fácil. Las dos cosas son complicadas. Cuando soy autor del texto y de la ilustración, puedo hacerlo todo a mi gusto, pero también debo crearlo yo todo. Mientras que cuando solo hago la ilustración, tengo que sumergirme en el texto para entender lo que el autor ha querido decir. Luego tengo que convertir los pensamientos del autor en algo concreto. Esforzarme por usar imágenes concretas para representar las ideas. Ambas cosas son complicadas.

En estas colaboraciones, el tono de sus ilustraciones (aunque la marca personal es claramente reconocible), es ligeramente diferente al de las obras que escribe usted mismo, como si se tratara de dos estilos distintos. ¿Tiene una manera de dibujar específica cuando ilustra para otros diferente de la de sus propios libros?

Mucha gente me dice lo mismo, incluso mi editor. No sabría decir cómo o por qué, simplemente sucede. Quizá la razón es que cuando trabajo en el texto de otro, intento reflejar lo que hay escrito. Cuando hago mis propios libros, normalmente no termino el texto antes que las ilustraciones. Suelo crear primero las imágenes en mi cabeza, y luego organizo estas ilustraciones para ver la relación entre ellas hasta que consigo armar un historia. Así que, como puedes ver, mis libros normalmente provienen de un tono emocional, no de una historia lineal. Esta quizá sea la mayor diferencia que encuentro.

Usted lleva unos quince años ilustrando, y tiene una importante carrera a sus espaldas, aunque también un gran futuro por delante. ¿Qué consejo le daría a los ilustradores que están empezando, a aquellos que aún no han comenzado a publicar?

Para ser un ilustrador, un autor, o un artista en general, primero necesitas saber cuál es tu talento. Debes saber la diferencia entre lo que quieres y lo que puedes. Si alguien quiere dedicarse a hacer ilustraciones profesionalmente, no como un hobby, debe saber si tiene talento para ello. Luego, ponerse a hacerlo sin pensar demasiado. Y hacerlo todos los días, una y otra vez. Perseverar en el trabajo. La gente piensa demasiado y hace poco. La práctica es de hecho la clave para ser un artista.

Un beso y adiós

Por último, díganos, ¿qué ilustradores han influido más en su obra?

Son demasiados como para nombrarlos. Cuando comencé a ilustrar leía muchas revistas para ver las ilustraciones de otros. Luego leí un montón de álbumes ilustrados. Durante los últimos diez años, he estado tomando como referencia las obras de arte. Voy a museos, teatros y cines. Cualquier tipo de arte influye en mi trabajo.


Entrevista realizada por Babar en colaboración con Beatriz Bejarano de Palacio.
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UN BESO Y ADIÓS

Septiembre 2016 | ISBN: 978-84-15208-79-2 | 96 páginas | Cartoné | 19 x 26 | 22,00€

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