Las reglas del verano de Shaun Tan tiene un funcionamiento parecido a su El árbol rojo. A través de un texto breve y unas ilustraciones cargadas de simbolismo, Tan pretende, más que contar una historia, instalar al lector en un mundo onírico e irreal, que incita al lector a reflexionar y a construir de forma activa su significado.

De hecho en sus comentarios sobre la obra asegura que cada ilustración bien podría verse como “el capítulo de un cuento que no está escrito y que solo la imaginación del lector puede elaborar”. Una nueva vuelta de tuerca a Los misterios del señor Burdick que, en este caso, juega con algunos recuerdos de infancia para transportar nuevamente al lector a esos suburbios australianos que Tan convierte en ambientes sugerentes.

Y es que esas extrañas reglas que el pequeño protagonista va explicándonos que aprendió el verano pasado están estrechamente ligadas a los lugares en los que se desarrollan. Nos encontramos ante un paisaje urbano, pero no el paisaje de los centros históricos o de las calles concurridas por transeúntes, habitantes y turistas. Los espacios urbanos de Tan son en gran medida, esos terrains vagues que tanto entusiasmaron a los surrealistas, dadaístas y situacionistas por su capacidad para mostrarnos lo irracional, obsoleto e inesperado de la ciudad. Las pequeñas aventuras de los dos protagonistas pasan siempre en espacios intersticiales, territorios residuales, lugares en los que parece que la ciudad ha terminado, pero en los que la naturaleza no es todavía del todo dueña: azoteas y descampados suburbanos.

La periferia, los márgenes, tantas veces evocados y narrados por el autor australiano. Los negativos de la ciudad. Las ruinas de la urbe industrial (llenas de fábricas vacías o de objetos abandonados) convertidas en espacios para la exploración y los juegos infantiles. Espacios ambiguos a los que -como aseguraría mi querido Delgado entusiasmado- su indefinición e imprecisión (tanto de límites como de funciones) le otorgan una multiplicidad de significados cargada de potencial creador. Lugares pues para la deambulación y la inventiva. Territorios perfectos para situar las acciones inesperadas que ocurren en la historia y dar vida al elenco de personajes extraños que merodean por las páginas del libro.

Un álbum evocador y lleno de caminos por recorrer para lectores que amen los retos. No se trata de una lectura sencilla. Requiere de intérpretes prestos a enfrentarse a la vaguedad y la ambigüedad, dispuestos a recorrer los paisajes de la infancia.

 

La Coleccionista

LAS REGLAS DEL VERANO

Marzo 2014 | ISBN: 978-84-15208-46-4 | 48 páginas | Cartoné | 27 x 30 | 18,00€

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