El primer enigma de este libro: ¿qué es la cosa perdida? Un ser indefinido, sólo descripto por la imagen. Una especie de gran tetera roja que destaca sobre los colores sepias y grises del paisaje, con tentáculos y pinzas, mezcla de aparato y ser viviente; entre tetera y molusco.

En el corto de animación que Shaun Tan realizó de este libro (1) es posible observar cómo se mueve la criatura. Por momentos actúa como una máquina, echa humo y todo; y por otros se balancea con su corpachón rojo de molusco haciendo sonar las campanitas que penden de sus gigantescas pinzas. Incluso agita una especie de tentáculo/cola, como si se tratara de un perro.Hay pocas palabras en castellano que abarquen tanto y al mismo tiempo digan tan poco como la palabra “cosa”. Decir “cosa” es decirlo todo y no decir nada a la vez. Shaun Tan afirma:

“Me interesó la idea de una criatura o persona que realmente no procediera de ninguna parte, ni que tuviera ningún tipo de relación con nada, que simplemente estuviera «perdida». Quería contar la historia desde el punto de vista de un personaje que representaría cómo podría yo responder personalmente a ello, por lo que el narrador anónimo soy esencialmente yo (aunque yo solía recoger conchas en la playa, en lugar de tapones de botella)”. (2)La idea motor del relato es la presencia de una criatura extraña, un ser que no procede de ninguna parte, que no tiene relación con nada, una “cosa” sin identidad definida. Ni artefacto, ni animal, ni persona. Allí, en medio del trajín de la ciudad, sin encajar en ese mundo, triste, solitaria y perdida. Un objeto/ser animado que juega, pero no tiene voz. Esta idea se complementa con la de un narrador-protagonista que relata al lector ese encuentro en términos de anécdota personal. La historia simplemente muestra cómo responde el protagonista/narrador (alter ego del autor) frente a esa aparición inaudita.

Ante la pregunta acerca de la naturaleza de ese ser, su procedencia, su situación, no obtendremos ninguna respuesta en el libro.Pero no sólo el personaje se manifiesta indefinido, también acerca del espacio, del lugar donde transcurre la historia se dice muy poco. Al igual que respecto a “la cosa”, la descripción del entorno está a cargo de las ilustraciones.“Leído aisladamente, el texto sonaría como si tratara acerca de un perro perdido en un barrio o ciudad cualquiera, pero las imágenes revelan a un animal extraño con tentáculos en un mundo surrealista, sin árboles, con el cielo verde, demasiadas tuberías, cemento y maquinaria”, señala Shaun Tan.

La cosa perdida

La descripción gráfica de un mundo “retro-futurista” vuelve a situarnos en la indefinición, esta vez de tipo temporal; al mismo tiempo que establece vínculos con toda una línea de historietas y películas futuristas situadas en mundos distópicos, habitados por personajes alienados por la tecnología y la burocracia. (3)En el libro de Shaun Tan vemos una arquitectura con monumentales edificios de cemento atravesados por tuberías, la ausencia casi absoluta de naturaleza, gigantescas esculturas de próceres-oficinistas con cabeza de televisor, el predominio de colores grises y ocres junto con puntos de vista en picado que empequeñecen aún más a los personajes dentro de ese paisaje poco amigable.En la creación plástica de este mundo, Shaun Taun se permite rendir homenaje a las obras de tres artistas: los australianos Jeffrey Smart (1921) y John Brack (1920-1999), y el norteamericano Edward Hopper (1882-1967). (4) El modo en que Shaun Tan modifica las obras citadas está destinado a acentuar los sentidos ligados a ese mundo surrealista y agobiante en el que sitúa su historia.Si bien la criatura contrasta (y no sólo por el color y tamaño) con ese mundo en el que habita, su naturaleza de ser a medio camino entre artefacto y animal le da —al mismo tiempo— cierto aspecto de mutante; quizá un producto azaroso de ese mundo. Algo así como si perteneciera y al mismo tiempo no perteneciera al entorno.

La cosa perdida

Tanto en el libro como en el corto de animación —donde las posibilidades de la imagen en movimiento y la iluminación acentúan los efectos en el espectador—, la escena en la oficina del “Departamento Federal de Objetos Inútiles” pone el acento en el absurdo de una maquinaria burocrática alienante que parece regir la vida en aquella sociedad.Obsérvese sino el monumental fichero gris con cajones y tuberías en lo alto del cual se halla encaramada la recepcionista, y de la cual apenas puede verse parte de la cabeza. “Rellene estos formularios” es la escueta respuesta que recibe el personaje, junto a una pila exagerada de papeles que apenas logra sostener en sus manos.El símbolo del cerdito con alas de la mencionada Oficina —con la frase: “barridus bajum alfombrae”— incrementa el humor absurdo ya presente en la propia existencia de un “Departamento Federal de Objetos Inútiles”.En esta atmósfera gris y sofocante aparece otro personaje extraño. Se trata de un ser con rasgos antropomórficos, pero de larga cola, con algo similar a cintas magnetofónicas en la espalda, que al parecer se ocupa de la limpieza del lugar ya que lleva consigo un estropajo y un balde con rueditas.“Si de verdad te importa esa cosa, no deberías dejarla aquí”, dice el personaje y luego agrega: “Este sitio es para olvidar cosas, para dejarlas atrás, para arrinconarlas. Toma, llévate esto”, y entrega al chico una tarjeta con una flecha ondulante, tan enigmática como su dueño.Este extraño personaje cuya función de ayudante del protagonista es indispensable para el desarrollo de la historia, resulta también sobresaliente por su naturaleza enigmática. ¿Qué es ese ser? ¿Por qué está allí? ¿Tiene una misión en ese mundo? ¿Es algo así como un agente de la resistencia de lo inútil? Su inesperada y solitaria aparición en la última página del libro acrecienta aún más el enigma.

Mientras a nivel de la historia, del mundo representado y de los personajes el libro se destaca por los lugares dejados en blanco, los vacíos e interrogantes sin responder, en el plano visual el libro se presenta lleno, abarrotado de textos e imágenes. No hay espacios vacíos en las páginas, cada una de las ilustraciones está enmarcada por un collage de hojas extraídas de viejos libros de física y matemáticas. Textos y diagramas de estos libros acompañan ese mundo industrial que muestran las ilustraciones. La narración, mientras tanto, aparece en un tipo de letra que nos recuerda las viejas máquinas de escribir.El uso estético de páginas destinadas a la enseñanza de ciencias exactas implica otorgar a algo una funcionalidad diferente de la habitual. La función de lo inútil y lo lúdico para lo que es útil y práctico. Esto resulta muy coherente con la historia que se cuenta.

Entremezclados en el collage de diagramas y textos de física y matemáticas encontramos, especialmente en la portada y la contratapa, sellos y rótulos también en sintonía con esa sociedad a la que pertenece el narrador. En estos detalles anexos, Taun se permite juegos humorísticos. Nuevos cerditos remiten al “Departamento Federal de Información” y al “Departamento Federal de Censura” con idéntico lema: “illuminare prohibitus”. Los créditos mismos del libro se integran a este juego, y el nombre de la editorial se inscribe en un sello donde se dice que el libro ha sido “Inspeccionado”, “Encontrado” y “Aprobado”.Aquello que no está dicho explícitamente, y menos aún cuestionado por el narrador: el agobio de una sociedad alienada, burocrática y controladora, aparece en estos detalles humorísticos en los que tanto la tarjeta postal enviada por Shaun (el narrador) a su amigo Pete, como el libro mismo que estamos leyendo deben pasar por la autorización de un “Inspector”, designado por un número de ocho cifras.Es interesante observar los cambios operados en los “COMENTARIOS DEL INSPECTOR” en dos ediciones diferentes del libro. Mientras en la edición (2005) el libro es declarado “Inocuo para el consumo” y “Autorizado”, en otra edición (2007) se señala “Consumo no aconsejable” y “Subversivo”.

La cosa perdida

Decíamos antes cómo el libro de Tan, y en particular la sociedad que describen sus ilustraciones nos remiten al cine y la historieta. Pero es importante destacar además que no sólo en el mundo representado aparece el diálogo con estos otros lenguajes narrativos, sino también en los recursos utilizados por la representación. Podemos dar como ejemplos el ángulo en picada que empequeñece a los personajes frente a gigantescos edificios y maquinarias; o en contrapicada dando cuenta del descomunal tamaño de la cosa perdida; efectos de “alejamiento de la cámara”, como en un travelling donde el tranvía en el que viaja Shaun se pierde en el anonimato de una multitud de tranvías idénticos.El libro también recurre al uso de diferentes tipos de plano:un plano panorámico para permitirnos ver el paisaje de una playa despojada de naturaleza, rodeada de cemento y tuberías;un plano general para mostrar al narrador y la cosa dentro del entorno de la ciudad; o un plano medio que da cuenta de la relación íntima que la criatura va estableciendo con el protagonista.La cosa perdida hace uso de los instrumentos que le brinda la imagen no sólo para describir aquello que el texto escrito se limita tan sólo a enunciar, o ni siquiera enuncia, sino también para mostrar el transcurso del tiempo y hacerse cargo por momentos de la narración. De allí que utilice recursos propios de la historieta, como la división en viñetas, mostrando en forma simultánea en la misma página escenas que transcurren en diferentes momentos. Un ejemplo de ello es la tarde que la cosa y el protagonista pasan jugando en la playa.

Es interesante observar que en la adaptación cinematográfica de esta obra Shaun Tan no renuncia a este recurso, y muestra en forma simultánea en la pantalla una serie de cuadros en los que los personajes realizan acciones en espacios y momentos diferentes. El movimiento de las imágenes dentro de los cuadros, e incluso el pasaje de un objeto o personaje de un cuadro a otro, produce un efecto de cruce sumamente original entre ambos lenguajes: el del cine y la historieta, como si la historia que se cuenta no quisiera abandonar del todo su origen de página impresa.

La cosa perdida

Hay un momento central en el libro y es el hallazgo del lugar habitado por las cosas perdidas en medio de la ciudad. Un lugar “escondido en un oscuro portal de una callejuela anónima”; especie de oasis para la imaginación y el juego dentro de la agobiante Suburbia. Para la ilustración que muestra aquel espacio y los objetos que lo habitan Tan destina la doble página central, y por única vez prescinde del collage que enmarca al resto de las ilustraciones y los textos del libro. El marco es de un tono oscuro e irregular, simulando la puerta entreabierta que permite al personaje y al lector entrever aquel mágico lugar.

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