Por norma general, todos los padres aspiran a que sus hijos/as sean los mejores, a ser posible perfectos; pero los padres de la niña protagonista de esta historia creada por Jimmy Liao fueron un paso más allá y quisieron dejar palpable este deseo desde el principio y para siempre, por eso le pusieron de nombre perfecta.

Sin embargo, ya en sus primeras manifestaciones la niña deja muy claro que para ella su nombre es un caramelo envenenado, un regalo que ni ha pedido ni le gusta; de hecho, está contenta y orgullosa de no obedecer para el significado de su nombre porque se siente rotundamente alejada de ese cliché, porque es imperfecta. La perfección es un anhelo cuya búsqueda suele producir frustración porque resulta infructuosa, peor también es uno de esos conceptos a los que les viene como anillo al dedo de la frase “cuidado con lo que deseas porque se podría cumplir”, y eso es algo que parece intuir Perfecta, porque está convencida de que ser perfecto sería aburrido en extremo: no tendría la posibilidad de equivocarse y enmendar sus errores. Además, los mismos adultos que quieren la perfección para sus niños son los primeros que no cumplen las normas, que maquillan sus errores como pueden; si lo que es bueno para unos, no lo es para el resto, ¿en qué quedamos entonces? Pues en que Perfecta tiene razón en querer ser como es una niña que se enfada, que no saca las mejores notas en el colegio y que no cae bien a todo el mundo, en mantener un sincero y sentido elogio de la imperfección.

Lucas Estevan

NO SOY PERFECTA

Octubre 2012 | ISBN: 978-84-15208-25-9 | 128 páginas | Rústica con solapas | 17 x 20 | 18,00€

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