La ola es un libro sin palabras, y yo le añadiría: por suerte.

Es un libro, además, sin portada. Bueno sí, pero más que portada, nos encontramos ante una ventana a la que asomarse. Porque si uno se detiene a mirarla, ya le invade el respirar del mar.

Trazos de acuarela y carboncillo van a llenar de música las páginas dobles que por su formato apaisado, más alargado y bajo de lo habitual, nos invitan a dejar el lugar desde el que leemos y sentarnos plácidamente a contemplar el horizonte azul de cualquiera de nuestras playas, disfrutando del juego de una niña con las olas de un mar, también con ganas de jugar.

Las guardas, de gris deslavazado, nos preparan el silencio para contemplar a una niña que corre, ilusionada hacia la orilla del mar que la espera. A partir de aquí, somos partícipes de una escena de juego, de la que, probablemente, haya sido protagonista también nuestra infancia. El tanteo, el reto, la risa, la ilusión, el susto, el enfado, el juego, el grito, la contemplación, la carcajada, la euforia… Es impresionante cómo la autora e ilustradora es capaz de generar toda la música emocional que acompaña a la historia, matizada no sólo por la expresividad facial y corporal de la niña protagonista, sino por todo el entorno… unas montañas que se desdibujan para otorgar el placer de la inmensidad, un azul que se va intensificando hasta inundar incluso el cielo, el horizonte, también cada vez más flojo hasta desaparecer para reaparecer más tarde… Y, por si no nos bastara, tenemos a cinco gaviotas que van anticipando el juego, y que poseen la misma actitud que el lector… estar presente, mirar, y, quién sabe, el deseo de participar.

La historia es redonda. La ola llena de tesoros la playa. Regalos para la niña. Regalos que provocan que al marchar la protagonista se despida, con la satisfacción de haberlo pasado bien. Muy bien.

¿No te has despedido nunca del mar?

Él ocupa la última página para hacerlo. Y no lo hace de la niña, sino de ti, la persona que lo has disfrutado, que lo has leído. Se despide de ti y te deja un sabor a mar que perdura un rato más o menos largo…

La contraguarda sigue siendo gris, pero ahora está llena e tesoritos. También son para ti.

La última página la despedida también del mar, a la niña, a la persona que lee; y la contraguarda… llena de regalos también.

Un libro sin palabras de Suzy Lee.

Un regalo.

Félix Albo
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LA OLA

Septiembre 2008 | ISBN: 978-84-93618-54-4 | 40 páginas | Cartoné | 17 x 30 | 16,00€

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