¿Cuáles son los límites del arte? Cada época establece los suyos y Suzy Lee vuelca en este álbum ilustrado una justificación de los suyos, desgraciadamente no coincidentes con los de nuestra sociedad.

Toda manifestación artística está, ineludiblemente, adscrita —de modo consciente o no— a un movimiento cultural, manifestaciones de un episteme o tipología de pensamiento, que, tradicionalmente, tiene por objetivo matar al padre, entre otras nobles funciones. El manifiesto de cada nueva formulación artística trata de desautorizar al movimiento inmediatamente previo recuperando así al anterior estableciendo así dos únicas posibilidades que podríamos denominar, sin connotar los términos, como “orden” y “desorden”.

Actualmente nos encontramos en una encrucijada: de los artistas “ordenados” decimos que no transmiten suficiente pese al esfuerzo que supone el trabajo mientras que las obras de aquellos “desordenados” nos parecen incompletas o incomprensibles de tan complejas como son. Contaríamos a Suzy Lee entre estos últimos.

A raíz de la Primera Guerra Mundial aparecieron un conjunto de movimientos en Europa caracterizados por una actitud revolucionaria: las vanguardias. Entre éstos, Tristan Tzara firmó un manifiesto en favor de una vanguardia caracterizada por tener el azar como máxima y con el objetivo de romper los límites de lo establecido, ya fuera de la cotidianidad como de la literatura más culta; este movimiento se conoce con el nombre de dadaísmo.

Marcel Duchamp fue popular, entre otros motivos, por transvestirse como Rrose Sélavy y convertir un urinario en una fuente (uno de sus múltiples objets trouvés) y Stéphane Mallarmé exploró los límites del silencio reformulando los márgenes del libro como objeto, como receptáculo de una historia con más o menos argumento.

Estos artistas “desordenados” están presentes en cada palabra y en cada dibujo de Suzy Lee. En algunas de las ilustraciones a doble página de uno de sus libros, La ola, resulta que en el pliegue central entre páginas estas ilustraciones no se completan sino que están cortadas.

Con este pretexto, la ilustradora coreana reflexiona sobre el libro como recipiente manipulable sin prefijar de una historia: los límites sobre la forma que imaginó Mallarmé en su Tirada de dados, la multiplicidad de usos de un objeto que desarrollo Duchamp e incluso el silencio sorprendente, incómodo e inesperado de John Cage (reflejado en el texto como páginas en blanco, que no vacías de significado) son algunas de las claves que la artista nos ofrece para comprender su obra; una obra poética y “desordenada” en el sentido más tradicional que hoy nos sigue resultando atractiva aunque nuestra sociedad se base en sistemas más racionales y cuadriculados.

Héctor Mellinas
Boolino

LA TRILOGÍA DEL LIMITE

Septiembre 2014 | ISBN: 978-84-15208-44-0 | 176 páginas | Rústica | 19 x 23 | 20,00€

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