No será cuestión de indagar aquí si es una constante en la infancia el desear que tu juguete favorito cobre vida (vida animada, en un sentido absoluto, es decir, que esté tan vivo como uno mismo). Pero muchos que fueron niños así lo desearon y otros que hoy lo son también lo desean.

Pues de ese poder transformador de la imaginación infantil, y de su capacidad vivificadora de los objetos, nos habla esta nueva historia de Suzy Lee. La autora demuestra haber comprendido a la perfección cómo el juego en la infancia permite experimentar sin riesgos las situaciones más increíbles. Es una experimentación que aquí se realiza en un submundo de fantasía, representado en el libro por la página inferior (las páginas se vuelven de abajo arriba). De modo que lo que “leemos” son los cruzamientos entre realidad y ficción que se producen a través de la línea de cosido de las páginas.

Expliquémonos. El planteamiento inicial en la página superior (la “realidad”) es el juego de una niña en una especie de desván lleno de objetos. En la página inferior vemos de forma especular las sombras que los chismes almacenados proyectan. Y a medida que la niña juega, vamos asistiendo a la transformación de las sombras en los productos de su fantasía.Lo fascinante (y lo complejo) de la narración de Lee es que, al transmutarse la sombra de los objetos, se produce la desaparición de los mismos en el mundo real, significando pues esa transformación-desaparición el paso al submundo; y así este submundo gana preponderancia y densidad a medida que el mundo real se vacía de escobas, bicicletas, escaleras, herramientas, aspiradoras y cajas.Recomiendo vivamente “leer” el libro del revés, bocabajo, es decir, “desde el otro lado de la realidad”. Lo que presenciamos entonces es un cuento de sombras con varios personajes. Aparece un lobo (en su origen, la sombra de la niña con una bota rota en sus manos) que persigue a una paloma (también sombra en su origen), mientras una princesa (ídem) juega con diversos animales de la selva, y baila en el lago con los cisnes.El clímax llega cuando el lobo traspasa la barrera entre realidad y ficción, escapa de su mundo de sombras y “sube” a la página superior para asustar a la niña. Entonces, desde el lado de la fantasía, la princesa y los animales ayudan a escapar a la niña, haciéndola entrar en el submundo (que ella misma había creado). Y, agrupándose, logran que sus sombras asemejen la silueta de un monstruo que asustará al lobo, convertido en cazador cazado. Conmovidos por sus lágrimas, y dentro de la lógica moral del juego infantil, la niña, la princesa y los animales consuelan al lobo y celebran su nueva amistad con un baile.

Sombras

Todo este trepidante y tierno juego se ve interrumpido bruscamente cuando se oye una voz que grita “… ¡A cenar!”, y que devuelve la preponderancia al mundo real, donde descubrimos que todos los objetos del desván, lógicamente, han acabado desparramados por los suelos. Pero todavía queda una coda genial que no quiero desvelar aquí y reservo al “lector”.

Se habrá notado que entrecomillo una y otra vez el verbo “leer”, y quien conozca la obra de Suzy Lee sabrá por qué. En efecto, a excepción de las letras de la llamada a la cena y poco más (que no revelo), el resto de la narración es muda. Ciertamente, es más fácil para un ilustrador narrar sin palabras, si se da una de estas dos circunstancias: que la acción sea sencilla (como, pongamos por caso, en El globito rojo de Iela Mari), o que el argumento sea de sobra conocido (como en la nueva versión de Caperucita Roja, de Adolfo Serra). Pero ninguna de las dos se da en Sombras, el cual, además, narra dos acciones de forma simultánea (las de sendos mundo y submundo) e incorpora una complejidad simbólica considerable. Por ejemplo, de forma análoga a lo que ocurría en La ola, aquí el color es quintaesencia de la experiencia que vive la protagonista, y al final su vestido se encuentra empapado de tonos amarillos.Así pues, la concepción narradora del libro destila complejidad, y también la tarea del lector puede conllevar cierto grado de dificultad. Desde el terreno de los estudios de literatura infantil se viene señalando cómo el álbum ilustrado es un género que tiende a saltar las fronteras de edad y cómo cada vez es mejor apreciado por el público adulto. Parece, pues, que algo de ello hay en Sombras. Sin duda su “lectura” proporcionará un buen adiestramiento en la interpretación de imágenes, el seguimiento de secuencias narrativas y la atención a los detalles. Este tipo de destrezas también forma parte de la alfabetización que se pide a los niños del mundo de hoy. Ellos, a un mayor o menor nivel, dependiendo de la edad lectora, gozarán con las diferentes aproximaciones que permite la obra de Suzy Lee.

Sombras

Ignacio Ceballos Viro
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SOMBRAS

Septiembre 2010 | ISBN: 978-84-937506-5-7 | 40 páginas | Cartoné | 31 x 18 | 16,00€

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