La emoción que provocan va del temor a la sorpresa. Quizá por ello las sombras son un recurso tan frecuentado en la literatura infantil. Heredando esa tradición de largo aliento, Suzy Lee nos entrega un álbum tan gracioso e imaginativo como evocador.

Cualquier aficionado a la literatura con una cierta veteranía recordará un puñado de ficciones en los que la sombra cobra vida o se convierte en objeto de compraventa.El legado es muy rico y su linaje es antiguo –lean, para comprobarlo, Breve historia de la sombra (Siruela, 1999), de Victor I. Stoichita–. Con todo, esa fórmula adquiere un mayor impulso en la narrativa infantil, quizá porque hablar de niños y de sombras implica hablar de figuras literarias tan llamativas como Peter Pan o Peter Schlemihl.

En este libro, Suzy Lee plantea un divertido juego en el que la sombra no es una entidad negativa, sino un reflejo burlón, empeñado en adquirir una identidad propia, como una silueta recortable que no se conformara con ser un simple contraste.La adorable niña protagonista trastea en lo que parece ser un desván, lleno de objetos cotidianos.Una luz cenital le permite unir sus manos e imaginar que ambas forman la sombra de una paloma. Una bota vieja se convierte en un lobo de enormes fauces, y gracias al tubo de una aspiradora parece cobrar vida un elefante que alza su trompa con gentileza.El lobo, como ocurre con casi todos los lobos de los cuentos de hadas, asusta a las criaturas nacidas en esas tinieblas. Sin embargo, pronto se siente solo, y la niña accede a que se incorpore a su fiesta de amigos imaginarios.Cuando la pequeña se va para cenar, apaga la luz. Pero las sombras, contagiadas por su alegría, prolongan ese entrañable carnaval por su cuenta.

Pese a la sencillez aparente de su relato, Suzy Lee demuestra el desafío técnico que, como ilustradora, debe realizar. Así, el volumen abierto nos brinda siempre dos planos: en una página emerge el mundo real, y en la página opuesta, el modelado por las sombras.

Sombras

Por su encanto y sofisticación, este modo de desentrañar la fantasía infantil me recuerda las sombras chinescas que empleaba Lotte Reiniger en sus películas de los años veinte y treinta. Obviamente, hablamos de dos artistas con un planteamiento estético muy diferente, pero ambas consiguen el mismo milagro: que los niños completen con su imaginación todo aquello que sugieren la negrura.
En suma, nos hallamos ante un libro que atesora belleza, diversión y vitalidad, y que hará las delicias de esos lectores que ya disfrutaron con La Ola, otro magnífico álbum de Lee.

Guzmán Urrero
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SOMBRAS

Septiembre 2010 | ISBN: 978-84-937506-5-7 | 40 páginas | Cartoné | 31 x 18 | 16,00€

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