Del 13 al 16 de este mes se celebra en Bolonia la Feria del Libro Iinfantil, en la que España es en esta ocasión el país invitado, y donde unos desdichados criterios ministeriales respecto a la selección se han acabado traduciendo en que los visitantes a este encuentro no verán exactamente a los mejores de nuestros ilustradores, aunque alguno ha quedado en la criba, sino a un plantel en el que nuestras editoriales tienen depositadas actualmente sus esperanzas comerciales.

Pero allí, en Bolonia, ahora hace un año, se premiaba en el apartado Ficción 2004 como el mejor libro a La gran pregunta de Wolf Erlbruch, seguramente uno de los pocos auténticamente grandes de la ilustración que hoy existen en el mundo, y del que quisiera comentarles algunas cosas

Erlbruch nació en Wuppertat en 1948, y lo único que le quedó de su paso infantil por las escuelas fue un odio hacia las mismas, hasta que, a punto de entrar en la veintena, se encontró con el dibujo en la Folkwanscbule filr Gestaltung de Essen-Werden. A la salida de aquel centro volcaría sus esfuerzos en el diseño y en la ilustración, en la última de las cuales fue haciendo un recorrido por Play Boy, Esquire o Stern. Hasta que la casualidad le puso en contacto con la literatura infantil en 1985, fecha en la que le encargaron ilustrar la obra del ghanés James Aggrey El águila que no quería volar.

Y fue, a partir de ese instante, en que, paulatinamente, y con una audacia creciente, fue encontrando su voz y su línea en este ámbito hasta llegar a ser uno de los dos o tres auténticamente grandes.

¿Qué es lo que le ha hecho singular? por un lado, su altísima capacidad como dibujante vinculado a la mejor tradición (el noruego Olaf Gulbransson, a la cabeza), destreza que parece últimamente arrinconada por la creciente moda de que los libros ilustrados deben regirse mas por las tendencias que por la generosidad de habilidades. Pueden ver, al respecto, dentro de su pobre representación en el mercado español, títulos como El topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza en Alfaguara, Los cinco horribles en Juventud, El milagro del oso en lóguez, o El taller de las mariposas en Barbara Fiore Editora, que les confirmaran que hacia tiempo que no veían dibujar con esa sabiduría.

Por otro lado, cuando ha decidido ser el autor de sus textos ha demostrado la coherencia con una brillante línea ideológica en la que el conocimiento nace siempre de la duda continua: el oso que sabe cómo hablar y comer, pero pregunta a todo el mundo acerca de su comportamiento para ser padre, u, otro ejemplo, el conjunto de personajes -un piloto, un niño, la muerte, un boxeador…- que, en la obra galardonada en bolonia, se interrogan sobre su papel en la tierra, todo lo cual está tan ingeniosamente expuesto que es una de esas pocas ocasiones en las que los libros hacen de intermediarios para que los adultos sepamos más de los niños y ellos más de nosotros (cuán brillante es esa por la noche, en sm, en la que pedro recorre la ciudad de la mano de un padre somnoliento incapaz de ver todas las maravillas que hay en la oscuridad).

Pero el gran, el grandísimo Erlbruch, hoy catedrático de dibujo en la universidad de su ciudad natal, es el que apoya su visión del mundo con apelaciones gráficas a la memoria individual y colectiva: fondos de papeles cuadriculados de los viejos cuadernos, mapas, sellos de goma, imágenes de antiguas enciclopedias ilustradas, paneles de estampados caseros que, en collage con sus poderosos dibujos, sirven para recordar que los grandes sentimientos tienen también su propia topografía. Y en este punto nos toca esperar a que las editoriales españolas se animen con Die grobe frage, Das hexen-enma-eins (sobre texto de Goethe), Zehn grüne heringe…, o El nuevo libro del abecedario de Karl Philipp Moritz, el último de los cuales Barbara Fiore Editora publicara dentro de unos meses.

Felipe Cava

EL NUEVO LIBRO DEL ABECEDARIO

Septiembre 2005 | ISBN: 978-84-15208-11-2 | 64 páginas | Cartoné | 12 x 17 | 12,00€

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