El visor

Abril 2012 | 978-84-15208-20-4 | Rústica | 32 pág. | 26 x 28 | 12€ Comprar

El visor escrita por el aclamado autor de obras de terror Gary Crew, cuenta una historia peculiar sobre un chico cuya obsesión por curiosos arrtefactos le lleva a descubrir una caja extraña en un vertedero. Resulta que es un viejo arcón lleno de artilugios ópticos, uno de los cuales le llama la atención: se trata de un intrincado objeto mecánico que reproduce discos de imágenes: escenas de destrucción, violencia y la caída de civilizaciones a lo largo del tiempo. El chico tiene miedo, pero a la vez no puede evitar seguir mirando la máquina una y otra vez mientras las imágenes cambian y se suceden…

El visor

Comentarios de Shaun Tan sobre El visor:

El visor fue el primer álbum ilustrado en el que trabajé, y surgió de mi primer encuentro con Gary Crew, un escritor conocido de Queensland que estaba de visita en Perth en 1995. Rápidamente nos dimos cuenta de que compartíamos un interés parecido por la ciencia ficción, el terror y la ficción ilustrada. Ambos somos artistas y autores en proporciones diferentes: Gary quería ser artista al principio, mientras que yo empecé deseando ser escritor. Compartimos además el mismo sentido del humor, y una cierta atracción por los temas sombríos y perturbadores, como lo demuestra El visor, que acabó publicándose un par de años después.

El visor fue un proyecto mucho más basado en la colaboración de lo que suele ser habitual en la creación de álbumes ilustrados, que sorprendentemente suele caracterizarse por la escasa comunicación directa entre autor e ilustrador (algo con lo que yo estaba familiarizado como ilustrador de muchos relatos breves y portadas de libros). Gary y yo hablamos del concepto, las imágenes y el diseño de libros en general antes de empezar a escribir siquiera.

Él tenía una idea inicial muy vaga sobre una especie de juguete de observación corrupto que mostraba escenas horribles en lugar de agradables, y en la que tenía que haber un motivo circular que implicara discos y pequeñas imágenes en lugar del típico diseño de página de un álbum ilustrado. El único concepto claro que ambos tuvimos desde el principio fue el aspecto que debería tener la portada, pese a que normalmente es la última cosa sobre la que te preocupas. Sabíamos que tendría agujeros y «mecanismos internos ocultos» que se revelarían al abrirlo. Gary también sugirió que hubiera un elemento extraterrestre que condujera a una narración misteriosa sin un final claro, en el que el personaje principal simplemente desapareciera, se esfumara en el olvido.

Pueden encontrarse ideas parecidas en un libro previo de Gary que desarrolló con el ilustrdor del sur de Australia Steven Woolman, The Watertower. Es una especie de terror doméstico con posibilidades alienígenas, con un final inconcluso, pistas simbólicas y un diseño visual innovador. Tienes que darle la vuelta al libro durante la lectura, y resulta más sugerente que ilustrativo. De forma notable, Gary ha abogado con fuerza por los álbumes ilustrados creados para adultos, con el argumento esencial de que no hay motivo para que sea sólo un tipo de literatura infantil, ya que nuestro interés por leer imágenes visuales no disminuye con la edad.

Así pues, ¿de qué trata El visor? Mi contribución más importante a nivel conceptual consistió probablemente en sugerir que ese artefacto peligroso no procediera del espacio exterior, sino de lo peor que puede haberse gestado en la Tierra. Sería una especie de cápsula del tiempo que podría haber existido desde el inicio de los tiempos, encerrada dentro de una caja con muchos otros artefactos que serían reconocibles para gente de diferentes épocas y períodos, de ahí el hecho de que el visor emularía a un juguete infantil y lo recogería un chico corriente del siglo veinte. El propósito de todos esos dispositivos es esencialmente desconocido (parte del atractivo misterio de la historia) pero se sugiere en las ilustraciones, tan llenas como están de inscripciones, que la caja que las contiene ha pasado por las manos de muchas historias y culturas distintas.

A partir de ahí surgieron varias ideas clave: que todos los mecanismos servirían para registrar y reproducir imágenes de violencia y muerte, especialmente la caída de las sucesivas civilizaciones humanas, ya fuera por medio de desastres naturales o de instintos autodestructivos. El uso de círculos, espirales y otros motivos cíclicos en las ilustraciones enfatiza la idea de las revoluciones de la vida y la muerte, de que las cosas son mortales e inmortales. Hay muchos símbolos antiguos para eso, como la serpiente que se muerde la cola. La concepción del tiempo como cíclico, y no líneal, es históricamente mucho más dominante. La creencia según la cual la civilización progresa continuamente es en última instancia una ilusión temporal. Las cosas cambian radicalmente o se derrumban. La crisis ecológica actual es una prueba de ello. Aun así, continuamos como si no nos diésemos cuenta del lento desastre que se está gestando ante nosotros.

El visor

En cualquier caso, en la historia Tristan queda fascinado y a la vez horrorizado por ese pequeño teatro del terror y parece que queda, más que absorto, absorbido en el sentido literal de la expresión: la máquina acaba engulliéndolo. El motivo también es una pregunta abierta, aunque un estudio detallado de las ilustraciones muestra a una silueta que camina por debajo de cada imagen llevando un icono visual propio de su tiempo: un hombre de las cavernas con un palo, un escriba egipcio con un papiro, una monja medieval con un libro, un jefe azteca con un telescopio, una enfermera de la segunda guerra mundial con una cámara de fotos, un manipulador de residuos tóxicos con una cámara de vídeo. La idea era que fueran personas anónimas que podrían haber encontrado la caja y haber quedado atrapadas en ella y habrían aportado su testimonio silencioso para registrar los desastres de su tiempo. Una imagen de su propia retina aparece en el centro de cada disco: la imagen del final con el ojo de Tristan mirando a través del centro de un disco en blanco sugiere que es el siguiente «testigo» de un futuro incierto.

Algunos detalles interesantes que pueden encontrarse en este libro incluyen un pequeño cometa que aparece de fondo en algunas imágenes (el primer cuadro de cada disco), ya que los cometas a menudo se han considerado portadores de malos augurios, grandes calamidades y destrucción (también sugiere un tema cósmico cíclico). Un caracol y un escarabajo aparecen de vez en cuando, ya que al parecer simbolizaban la muerte y la renovación, la lenta espiral del caracol y la posible referencia a los ancestrales escarabajos egipcios. En el vertedero, hay reflejos de calaveras en algunas superficies brillantes, y muchos objetos están relacionados con las imágenes siguientes de un modo codificado (una razón por la que ese paisaje tiene ese aspecto tan poco natural).

El visor

El mecanismo que rodea el ojo del chico mientras contempla los discos es bastante elaborado desde el punto de vista visual, aunque no se lee del todo bien en la impresión, por desgracia.

Básicamente, las diferentes secciones rotan y se repliegan a medida que se dilata la pupila del chico, por lo que al final su pupila acaba siendo la de un nuevo gran ojo mecánico.

El diseño del libro es deliberadamente también algo mecánico e inusualmente repetitivo para tratarse de un álbum ilustrado con sus siete composiciones de «disco y ojo». Un motivo para ello es que queríamos que el libro emulara a la máquina, o a la caja que la contenía, de manera que al volver físicamente la página se abran las cosas. Hay una sensacion cinemática intencionada en todo, desde el acercamiento gradual del enfoque a partir del extraño paisaje del vertedero a pequeños mecanismos del visor, y una imagen lleva a la siguiente en los extremos. Hay varios objetos que sirven de marco, como una ventana abierta o un televisor roto que sugieren que siempre estamos mirando a través de algo (el propio libro es otro de esos objeetos).

La introducción de Gary con sólidas descripciones que acompañan a mis ilustraciones añadió la idea de que las ilustraciones iluminadas por el visor también podrían moverse como si estuvieran vivas, en lugar de ser estáticas y silenciosas como las de la página.

El propio Tristan no aparece en ningún momento, y en lugar de eso se convierte en un sustituto del lector. El personaje sólo puede verse realmente de forma accidental, en un reflejo o una sombra, lo que significa que la máquina lo está vigilando, en lugar de que sea al revés. Otra cosa que es interesante observar es que hay dos imágenes de la habitación de Tristan a través de la lente inútil del visor o de la caja (que también tiene un ojo). En la primera imagen tiene la habitación bastante desordenada, mientras que en la última está anormalmente ordenada y pulcra: otro pequeño misterio.

Mirando hacia atrás, no estoy seguro de que muchas de esas ideas funcionaran realmente, ni de que el lector realmente se diera cuenta de ellas, ya que siempre existe el peligro de que una obra acabe teniendo más significados para el creador que para el receptor. Un defecto del libro es que quizás intenta ser demasiado ingenioso visualmente. Además, las ilustraciones originales también son mucho más lúcidas y taciturnas que en la versión impresa, en parte porque entonces no estaba familiarizado con el proceso de reproducción de colores. Las ilustraciones están hechas con gouache y lápices de color sobre papel, lo que produce unos rojos muy intensos y un negro mate aterciopelado. Como primer álbum ilustrado fue una experiencia de aprendizaje muy valiosa, para ver lo que funciona y lo que no en términos de continuidad, detalles y diseño. Al menos salió bien en su propósito: intrigar al lector en lugar de iluminarlo.

El visor

 

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