Historias nunca contadas

En general, mis historias empiezan más con imágenes que con palabras, con pequeños esbozos que dibujo sin un objetivo demasiado concreto. Uno de los placeres de dibujar es que el significado puede posponerse constantemente, que mientras trabajas en tu propio cuaderno de bocetos no tienes ninguna presión por «contar» nada especial. Aun así, las ideas interesantes o profundas pueden surgir por sí mismas, no tanto en forma de «mensaje», sino más bien en una serie de preguntas articuladas de forma extraña. Muchas veces es como si una escena o un personaje te mirara desde el papel y dijera: «¿Qué vas a hacer con esto?».

Para mí, un dibujo satisfactorio es al mismo tiempo claro y ambiguo, algo que intento subrayar dándole un título ambiguo. Aunque estos dibujos no tienen un significado claro, sí incitan a buscar uno (tanto para mí como para mis lectores). A veces se trata de una invitación tan sugerente que me empuja a desarrollar una historia más larga, como en un intento por descubrir qué se esconde realmente detrás de la ilustración. Con los años, eso ha dado lugar a relatos sumamente complejos como La cosa perdida o Emigrantes, dos libros llenos de dibujos minuciosos y de temas expansivos. En muchos casos, sin embargo, basta con un dibujito. Libre de cualquier contexto que lo constriña y a merced de la imaginación del lector, cualquier esbozo puede sugerir su propia «historia nunca contada».

Shaun Tan