La serpiente blanca

Al sirviente le asaltó la curiosidad mientras se llevaba el plato del rey. Se marchó a su habitación con él y, tras cerrarla con cuidado, levantó la tapadera y encontró una serpiente blanca debajo. Sin embargo, en cuanto le puso los ojos encima, le asaltó un irresistible deseo de probarla. Así, cortó un pedacito y se lo llevó a la boca. Apenas lo hubo tocado con la lengua, escuchó un extraño susurro de exquisitas voces que procedían del otro lado de la ventana. Al acercarse para escuchar, se dio cuenta de que eran unos gorriones que hablaban entre sí, contándose lo que habían visto por los campos y los bosques. Al probar la serpiente, había adquirido el poder de comprender el idioma de los animales.

Los huesos cantores, Shaun Tan