Hans el afortunado

—Tengo que hacer todo el camino a casa llevando esta enorme pepita —se quejó Hans—. De acuerdo, es de oro, pero pesa tanto que no puedo ni llevar erguida la cabeza y tengo los hombros cargados.
—Pues te voy a proponer un trato —dijo un jinete que pasaba por allí—. Hagamos un intercambio: yo te doy mi caballo y tú me das tu pepita de oro.
—Encantado —respondió Hans—, pero permíteme que te diga que es
una carga terriblemente pesada.

Los huesos cantores, Shaun Tan