Álbumes ilustrados sin texto

Los libros de la trilogía no tienen palabras o bien incluyen muy pocas. La gente a menudo me pregunta porqué excluyo las palabras de mis álbumes ilustrados, aunque ésa no sería la pregunta más exacta. Lo que hice no fue omitir palabras que ya estaban escritas, como tampoco decidí crear un libro sin palabras cuando empecé con el proyecto. El hecho de si el libro tendrá palabras o no no es lo primero que pienso cuando creo un álbum ilustrado. Me interesa más centrarme en cómo expresar la idea de la mejor forma posible.

Si me dejo llevar a la hora de desarrollar la historia, en ocasiones acaba tomando la forma de álbum ilustrado sin palabras. Ciertas historias se me ocurren en forma de imágenes. Incluso hay veces en las que me limito a añadir historias a las imágenes que me apetece utilizar. En ocasiones pienso que contar historias puede ser una excusa para mostrar ciertas imágenes.

Cuando sitúo una imagen al lado de la otra, aparece una historia entre ellas como por arte de magia. En ese punto, lo importante no son cada una de las imágenes por separado, sino la historia que crean en conjunto. Cuando distribuyo las imágenes y las altero, la historia empieza a desarrollarse sola gracias al poder que tienen cada una de las imágenes. Cuando ya no queda nada por añadir o quitar, el libro está terminado. Añadir palabras a este álbum ilustrado completo sería como añadir una ilustración a un poema. Un poema ilustrado es excesivo, puesto que entorpece el ensueño del lector y elimina la posibilidad de imaginar a partir de unas palabras poéticas.

Ciertas historias piden ser explicadas con el lenguaje de las imágenes y tratadas con la lógica visual. Esas historias suelen ocurrírseles de forma natural a los creadores más acostumbrados a pensar de manera visual. Si primero hubiera existido un texto tipo «hay un espejo» y luego hubiera venido la ilustración para el texto, Espejo habría sido un libro bastante diferente. Por otro lado, si el motivo del proyecto ya es visual como «la página opuesta es un espejo», de forma natural nos lleva a contar la historia de un modo visual y es probable que el proyecto termine adoptando la forma de un libro sin palabras.

Los álbumes ilustrados sin palabras corren el riesgo de acabar siendo demasiado lógicos o aclaratorios por culpa de la ansiedad que produce la posibilidad de que el lector pueda no entender el argumento por la falta de palabras. No habría espacio para respirar si la historia sólo se centrara en hacer avanzar una serie de acontecimientos. La parte más exigente del proceso creativo de los álbumes ilustrados sin palabras es la de guiar a los lectores y a la vez dejar abiertas todas las posibilidades para que puedan experimentar cosas diversas al leerlo. Un buen álbum ilustrado deja espacio para la imaginación del lector, mientras que un mal álbum ilustrado no deja espacio, sino que lo llena por completo con las imágenes de un artista poco imaginativo.

Aunque quizás depende de la capacidad de leer imágenes, un álbum ilustrado sin palabras sólo es una de las numerosas formas distintas que puede adoptar un álbum ilustrado. En un buen álbum ilustrado, una historia y la forma en la que está expresada encajan a la perfección como el tejido externo y el forro en un traje bien confeccionado. Incluso da la impresión de que sin esa forma de expresión concreta, esta historia no podría existir. La «forma de expresión» no se refiere simplemente a las palabras o a las imágenes, sino a todos los métodos que pueden transmitir el mensaje al lector de forma efectiva: la forma en la que se combinan las palabras y las imágenes, el estilo y la estrategia de las imágenes, la forma del libro y la dirección en la que se pasan las páginas, etcétera. El artista piensa en cómo contar la historia de forma óptima y simplemente selecciona entre las ventajas y los efectos que puede ofrecer cada tipo de formato de álbum ilustrado.

También existen varios aspectos en los álbumes ilustrados sin palabras. Creo que los álbumes ilustrados sin palabras son especialmente efectivos a la hora de expandirse y extenderse en un momento dado. Puesto que no utilizan subtítulos explicativos en películas del tipo «diez años más tarde» para indicar saltos temporales, los álbumes ilustrados sin palabras tienden a centrarse en retratar acontecimientos continuos dentro de un espacio de tiempo limitado. Mientras trabajo, en ocasiones tengo la sensación de que estoy dibujando fotogramas para una película de animación.

Espejo, La ola y Sombras se centran en los «actos» continuos dentro de un tiempo y espacio determinados. De repente, los personajes principales aparecen, juegan y se van; todo sin causalidad. Son verdaderos personajes superficiales que sólo aparecen para jugar. El breve espacio de tiempo que ocupan los personajes podría haberlo prolongado el libro. Parece como si el libro alargara el tiempo y el espacio en el que tiene lugar el juego y nos muestra las alegrías, los temores, la ansiedad y el entusiasmo de la niña a cámara lenta, uno a uno.

 

Describir el estado de «pasárselo en grande» es una de las cosas más difíciles de conseguir. Es la ilusión tensa ante un estallido de alegría, la sensación de flotar en el espacio como si el tiempo se hubira detenido, esos momentos apabullantes en los que muchas cosas suceden al mismo tiempo. La única manera de «mostrar» esos momentos tan estimulantes es intentando reflejar su esencia. Supongo que Maurice Sendak estaría de acuerdo conmigo, ya que él representó las tres escenas del jaleo que montan Max y los monstruos en Donde viven los monstruos solo con ilustraciones.

Parece como si los libros sin palabras dijeran: «yo sólo te lo muestro, tú tienes que sentirlo». En cierto sentido puede impresionar, pero también puede resultar frustrante, algo así como estar delante de un gran sabio silencioso. El lector tal vez no esté acostumbrado a los libros sin palabras. Aunque las imágenes son más intuitivas, eso no significa necesariamente que resulten más sencillas de comprender. Para leer álbumes ilustrados sin palabras son necesarias unas habilidades deductivas básicas y la capacidad de comprender los códigos y señales de las imágenes. Por consiguiente, es posible que se tarde un poco en «entrar» en el libro.

La mayoría de lectores suelen avergonzarse un poco ante los álbumes infantiles sin palabras, porque literalmente no hay «nada que leer». Sin una dirección concreta, los álbumes infantiles exigen la participación activa de los lectores. Cuando los padres dudan si deben intentar leer el álbum ilustrado sin palabras, los niños intervienen enseguida y empiezan a contar la historia con sus propias palabras. En una ocasión, a un joven lector le preguntaron de dónde salía el lobo de Sombras. Su respuesta fue la siguiente: «La niña está demasiado distraída jugando y no se ha dado cuenta de que ha abierto la caja secreta prohibida de la que ha salido el lobo».

Es el lector quien tiene que avanzar a partir de las pistas que le ofrece el álbum ilustrado sin palabras. Disfrutando de esa ambigüedad sin prisas, haciendo preguntas y deduciendo las respuestas sin ayuda podrían ser varias maneras de disfrutar de un álbum ilustrado sin palabras. Hay cosas que se revelan de forma furtiva cuando no hay palabras que las indiquen. ¿Importa de dónde procede esa caja secreta de la que ha salido el lobo? Basta con disfrutar gracias a la imaginación, saltando de aquí para allá a partir de las imágenes. Una historia que cambia cada vez que la lees, ¿no es divertido eso?

 

Los álbumes ilustrados son herramientas para jugar. No hay ningún motivo para sentirse incómodo con un proceso confuso de comprensión de la historia basado en la información limitada que ofrecen las imágenes. Es como descifrar un acertijo. Es posible que sea el momento más creativo de todo el proceso. Perry Nodelman mencionó en Pleasures of Children’s Literature que leer libros no era la respuesta que se debía aceptar, sino el origen de la pregunta que tenemos que hacernos en todo momento. Es importante explorar continuamente, extender nuestro hilo mental y no elegir la salida más fácil confiando en la autoridad de las «respuestas correctas». Creo que ésas son actitudes importantes para leer libros de forma creativa.