Los placeres de crear álbumes ilustrados

Tengo los estantes y los cajones del escritorio llenos hasta los topes. Repletos de fragmentos y recortes que «podrían servirme algún día». Todo, excepto las cosas que están en paradero desconocido, puede llegar a ser útil. (Y me gustaría insistir mucho en eso.) El asa rota de la tapadera de una tetera vieja encontró una segunda vida como asa para el horno de la cocina de juguete que fabriqué a partir de unas cajas para mis hijos.

Creo que los demás artistas no son tan diferentes. Seguro que hay más gente con la dudosa costumbre de recoger y acumular cosas que gente con el sano hábito de reducir y tirar. El cuaderno de esbozos de un artista es como un cajón de sastre. Está lleno de palabras o imágenes recogidas durante un paseo o una conversación relajada con amigos. La lista de palabras suele ser un surtido caótico e inconsistente, puesto que los intereses del artista seguramente serán amplios y profundos.

La inspiración se encuentra en cualquier lugar, todo es susceptible de ser una fuente de ideas para un artista. Las piezas que el artista ha ido recogiendo pueden ser sus objetos o temas favoritos, estados de ánimo, técnicas interesantes, conceptos o incluso la obra inspiradora de otros artistas. La envidia es una verdadera fuerza motivadora. Estoy de acuerdo con los que creen que un artista plagia o revoluciona. Sin embargo, aunque creo que es más importante hasta dónde puedes llevar el material que que el lugar en el que encontraste la fuente, no paro de buscar cosas que puedan resultarme útiles.

Las piezas que recojo con la excusa de que «tal vez pueda aprovecharlas algún día» quedan flotando perezosamente hasta que, de improviso, se unen como por arte de magia, como un destello de luz resplandeciente. Me gusta ver cómo las piezas encajan y forman un conjunto, cómo mis ideas se convierten en historias. Esta fase del proceso creativo es la que me parece más divertida y agradable.

Me gustaría hacer un libro laaaargo de formato horizontal / Utilizar sólo dos o tres colores, como en los grabados de tintas planas / La sensación de una sombra rotunda en un día de sol radiante / El momento en el que todo se detiene / La energia vital de una niña / El corazón de una niña y el mar / Un día agotador hasta el punto de la extenuación / Un azul celeste deslumbrante / Una pincelada vigorosa en el corazón / Papel impregnado de aceite que repele el agua / Un monodrama / El límite entre tú y yo / Un libro acerca de libros…

Cuando has visto la luz (o al menos cuando «crees» haber visto la luz), dedicas más energía a mantener vivo ese recuerdo que a cualquier otra cosa. Cuando empieza el proyecto, la chispa de la primera idea empieza a perder brillo y se desvanece. La pasión inocente que te hacía avanzar se topa con las dudas a medio proyecto: «¿esto encaja?», «¿cómo reaccionarán los lectores?», «¿tiene algún significado todo esto?» y ese tipo de cosas. Al afrontar ese tipo de obstáculos, no hay más remedio que intentar recordar la primera inspiración que hizo que se me acelerara el corazón.

 

El trabajo del artista consiste en enfrentarse continuamente a la incertidumbre. Es como abrir los labios para hablar sin saber muy bien cómo acabarás tus palabras. Lo que he mencionado antes acerca de «disfrutar de la ambigüedad de forma relajada» no sólo se aplica al lector, sino también al artista. Una avanza poco a poco entre la densa niebla sin perder de vista esa luz titilante, aunque disfrutar de la niebla de la ambigüedad no resulta tan sencillo.

Una vez hemos empezado a andar, el proyecto parece encontrar su propio camino. En Sombras, después de que los contornos se fundan e intimiden al lobo, me detuve a pensar en la conclusión. Derrotar al lobo sería la solución más sencilla, pero no acababa de gustarme. Examiné el libro y pensé en la posibilidad de que las sombras hablaran entre ellas. «El lobo está hecho de la misma esencia que nosotros, ¿qué sentido tiene vencernos a nosotros mismos? Deberíamos tener en cuenta las diferentes reflexiones acerca de nosotros mismos en lugar de descartarlas solo porque no nos gustan.» Así pues, todos asoman la cabeza por la página superior y consuelan a ese lobo travieso y bondadoso.

En ocasiones, una espera tediosa encierra una solución, pero la mayor parte de las veces ésta surge después de haber aplicado mucho esfuerzo. En cualquier caso, el proceso es interesante. El artista es quien busca la oportunidad de solucionar problemas o quien de forma voluntaria crea problemas que deban resolverse. En la mayoría de los casos, las soluciones se encuentran en la propia obra, puesto que el artista la conoce mejor que nadie. El artista aprende durante el proceso. El próximo libro sin duda alguna será mejor que el anterior.

Mientras el artista va salvando obstáculos, el proyecto va ganando inercia y continúa a todo gas. Una fuerza interior empuja al artista a seguir adelante. Un artista sumergido en la obra no puede pensar en nada más. Es como el personaje de Song Kang Ho en la película de Kim Ji Woon, The Quiet Family. Cuando los clientes de la fonda familiar van muriendo, la familia intenta encubrir el hecho para salvar su reputación enterrando los cadáveres, algo de lo que se encarga sobre todo Song. Mueren tantos clientes que Song acaba preguntando: «¿Algo más por enterrar?» Cadáveres, tarros de comida… lo que sea, está inspirado; el artista está inspirado, está en racha.

Cuando el proyecto llega a su fin, la tormenta de los meses pasados parece un sueño. Entre consolar a mi hijo cuando no quería ir a la escuela porque no le gustaba su nuevo corte de pelo, fregar el suelo innumerables veces mientras enseñaba a usar el baño al segundo y preguntarme porqué las facturas eran tan elevadas ese mes… el hecho de que consiguiera terminar un libro me parece un milagro. El libro dejó de estar en mis manos para pasar a las de mis colegas y lectores.

Tengo un libro recién salido de imprenta. Por fin puedo dedicar un tiempo a explorar a conciencia el camino que he tomado. Enseguida me doy cuenta de que estoy contando variaciones de la misma historia mediante diferentes libros.

Hay quien dice que trabajar en proyectos es como clavar postes en el suelo para construir una cerca. Colocas un poste, luego otro a una cierta distancia y más adelante otro mientras intentas encontrar una dirección. Si vierto todo lo que tengo en un momento dado para crear algo, lo olvido y luego paso a otra cosa… entonces podría ver el interior de lo que he estado haciendo constantemente a pesar de mí misma.

 

Si trazo las coordenadas de todo lo que aprecié y tuve cerca de mí en ciertos momentos, tal vez podría ver hacia dónde me dirijo cuando dé un paso atrás.

Cuando pasamos las hojas de un libro, un pequeño mundo encerrado en un espacio cuadrangular se abre y se cierra. Pasamos la última página y la historia ha terminado. El libro está cerrado y el mundo también lo está.

Y luego lo dejamos enseguida en un rincón de una estantería. El arte puede guardarse en un estante, es arte de estantería. Bueno, ¿no es fantástico?

Ha llegado el momento de salir del libro.

Y, así pues,

… no es un fallo de imprenta.