Tropecista
22, Septiembre 2022
Esta es una historia que comienza desde el título: Tropecista, que es a su vez el nombre de la mujer de la que el protagonista se enamora, con ese sencillo juego de palabras cambiando tan solo una letra, que nos hace ver por dónde irá el camino. Jorge Gonzalvo, el escritor, y Elena Odriozola, la ilustradora, se unen para crear una elegante historia de amor de forma atípica y cargada de delicadeza. El toque final lo pone la edición: El libro, blanco de principio a fin, viene guardado en una funda negra mate. El título, tanto en la funda como en la cubierta solo se ve con el brillo.
El texto es sencillo y poético. Primero, el protagonista se describe brevemente enumerando sus variados y alocados oficios. Después, conoce a la chica, de la que cae perdidamente enamorado, y nos muestra su relación. Con esos continuos tropiezos, Gonzalvo evoca las dificultades y asperezas que surgen en una relación. El final será inesperado, quizás triste, pero con un cariño enternecedor. Es un libro, como bien decía Gonzalvo, para niños de 0 a 100 años.
Las imágenes que Odriozola crea para el libro parecen danzar a la perfección al son de la melodía del texto de Gonzalvo. Odriozola construye las imágenes con papel blanco sobre blanco, las formas nacen, pues, de las sombras del troquelado. Y con esta genial sutileza dibuja al protagonista barbudo y a la chica desmontable que no para de caer. Además de los personajes y pequeñas pinceladas de su casa, hay un tercer elemento vital en el desarrollo de la historia: la ventana. Y no hablo de los grandes ventanales que aparecen en algunas páginas tras ellos, por donde se escapa el gato esfinge en algún tropiezo; sino de la ventana por la que el lector se asoma a la historia, que comienza siendo un pequeño cuadradito, y se va agrandando conforme crece su relación.