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Viaja ligero: El nuevo libro del abecedario

Viaja ligero: El nuevo libro del abecedario

Cuando viajamos entra en juego un nuevo parámetro a la hora de escoger qué llevar: peso y tamaño. Para que podáis viajar con comodidad y llevarlos con vosotros a cualquier parte, os vamos a recomendar algunos libros ligeros de peso, que caben en cualquier recoveco, pero que no por ello pierden calidad. Comenzamos por El nuevo libro del abecedario (y no será el único de Wolf Erlbruch que veamos), hablemos de qué hace o quién hace que esta obra sea exactamente como es: [caption id="attachment_13654" align="aligncenter" width="520"]Una página del libro correspondiente a la ilustración de la letra P. En el centro, en primer plano, una mujer vestida elegantemente mira Decimoquinta imagen, Lujo y exceso[/caption] Para empezar, debemos aclarar que el autor original del texto no es Wolf Erlbruch ni se escribió en este siglo. Los poemas que leemos en este libro los escribió originalmente Karl Philipp Moritz en 1790. Moritz nació en un hogar humilde y sin pretensiones, pero sabía que no encajaba en los límites que sus allegados querían establecer para él. Buscó siempre su camino, anduvo por varios antes de encontrar el propio. Le obsesionó la búsqueda del conocimiento y el cómo obtenerlo, era un apasionado de la lectura y la pedagogía. Para comprender su obra primero debemos establecer nuestra mente en el contexto: aprender a leer y escribir no es igual en el s. XXI que en el s. XVIII, y no digamos ya adquirir otros conocimientos y desarrollar un pensamiento crítico. Por ello Moritz concibió esta propuesta para enseñar el abecedario a los niños y demás población analfabeta de la época. Pero no se quedó ahí, fue más allá. Cada letra es además una excusa para transmitir temas más profundos, comenzando poco a poco, desde los sentidos. Con estos poemas breves, trataba de instar a los iletrados a pensar, a aprender, la relación entre humanos y naturaleza, a tratar a los demás desde la igualdad. Ya decía al final del libro aplicarse en aprender es una recompensa en sí mismo; también conocía las desventajas del ilustrado, por eso añade después quien desee cortar una rosa no debe temer las espinas. Es común el pensamiento de que el conocimiento hace a las personas infelices, pero Moritz pensaba, probablemente, que el desasosiego y las dudas existenciales que conllevaba la sabiduría, merecían la pena. [caption id="attachment_13657" align="aligncenter" width="516"]Tres figuras en tonos grises dibujadas a lápiz sobre fondo rojo. En primer plano, a la izquierda, un hombre tumbado en el suelo, la parte inferior del cuerpo se sale del plano. Lleva traje con corbata y tiene un sombrero tirado en el suelo. Al fondo, dos esqueletos con vestido entran desde la izquierda portando una camilla sencilla. En la parte inferior de la imagen se puede leer: El movimiento de pies y manos con la muerte termina. Decimonovena imagen, Muerte[/caption] En el 2000, Wolf Erlbruch toma este abecedario y lo reinterpreta e ilustra con su estilo particular. Nada habla mejor del valor y la calidad de una obra que el hecho de que siga siendo vigente 210 años después (y 232 también). En una época en la que todo lo que creemos saber está en constante cambio y actualización, cada año cuenta. Erlbruch actualiza la obra mediante el diseño y las ilustraciones. Para empezar, las imágenes ya no están al final del libro como en su versión original; cada poema está acompañado por la composición que le corresponde. Estas ilustraciones siguen la línea del marcado estilo del autor: fondos a menudo planos, siluetas recortadas en papeles tramados, con texturas, a veces con letras y números, yuxtaposición de técnicas desde figuras silueteadas con líneas a profundidades creadas con suaves sombras a lápiz. Las deformaciones calculadas, las composiciones y los elementos añadidos crean escenas que invitan a analizar repetidamente cada imagen, a dejar vagar la mirada por la hoja buscando los detalles y el sentido. Los poemas didácticos y las ilustraciones al estilo Erlbruch hacen un maridaje perfecto para estimular el pensamiento, que sin duda era el objetivo primigenio de Moritz cuando concibió su obra. [caption id="attachment_13660" align="aligncenter" width="525"]Varios elementos que parecen ser recortes de papel con marcas de pintura y algunos con letras, sobre un fondo negro plano. Desde la izquierda unas rocas se desmoronan y caen. Sobre las rocas, en lo más alto hay una casa cayendo en llamas, que recibe un rayo procedente de unas nubes rojas. Sobre la casa flota un tenedor gigante. La parte inferior, lo que sería el suelo está construido con fragmentos de papel con letras. En la parte derecha hay un recuadro de color claro con la letra w en mayúsculas y minúsculas. En la parte inferior se puede leer Vigésima segunda imagen, Lo efímero[/caption] El último factor, y el decisivo para que la obra puediese llegar a nuestras manos y a las regiones hispanohablantes fueron Albert Vitó y Carles Andreu, así, los fragmentos mencionados mantienen el sentido y el significado que Moritz planeó pero son, en realidad, las palabras con que Vitó y Andreu dan forma a aquella intención del escritor. La labor de los traductores no era sencilla: traspasar un texto en el alemán de 1790 hasta el español del 2005 (cuando se editó por primera vez el libro en español). Los idiomas son entes vivos y cambiantes que evolucionan cada vez más rápido. Segunda dificultad: el abecedario. Cada pie de foto debía cuadrar, de un modo similar al que Moritz ideó, con una letra del alfabeto. Todas estas personas ayudaron a conformar El nuevo libro del abecedario y a hacer de la experiencia un deleite mental y visual.

El libro está ante mí.

El pensamiento está en mí. El libro me lo pueden quitar. El pensamiento no me lo pueden quitar.