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Al principio no nos sentíamos nunca solos

Al principio no nos sentíamos nunca solos

Al principio no estábamos nunca solos. Nuestros pies descalzos caminaban en la abundancia y cuando nos tumbábamos, teníamos la sensación de ahogarnos en la vida. La mujer buscaba mi mano y yo la suya, y nos ayudábamos mutuamente a ponernos a salvo. –¿Estás bien? –me preguntaba ella a mí, o yo a ella. Estábamos bien. Al principio no nos sentíamos nunca solos. El Paraíso, Bart Moeyaert y Wolf Erlbruch