«¿Por qué vivimos en mundos separados si todos somos humanos?»
01, Octubre 2015
La chica pelirroja se llamaba Yona Yona. Campanella le habló del Reino Celeste. Al parecer, los habitantes de ambos mundos ignoraban la existencia de los demás humanos. —¿Podéis vivir en el Bosque sin llevar trajes protectores? —Qué cosas más raras dices, Campanella. No vivimos en el Bosque, vivimos con el Bosque. —¡Mi mundo es tan diferente! —¿No tenéis bosques en el Reino Celeste? —Sí, pero son bosques artificiales y desinfectados. Nuestros cuerpos están acostumbrados a la atmósfera del Reino Celeste, y no podrían vivir en un bosque natural.
Al anochecer, los habitantes del Bosque celebraron una fiesta de bienvenida para Campanella. Yona Yona los había convencido para que lo recibieran con todos los honores. Bailaron al ritmo de los tambores y cantaron la melodía de las flautas y los instrumentos de cuerda. Cuando la fiesta empezó a decaer, Yona Yona se sentó en la raíz de un gran árbol y sacó una concha de amonita de su bolsa.
—¿Qué es eso? —le preguntó Campanella. —Una cajita de música. Todos los habitantes del Bosque tenemos una igual. La chica hizo girar una pequeña manecilla y la concha empezó a reproducir la melodía más hermosa que Campanella había oído nunca. —Es preciosa —dijo Campanella al cabo de un rato. Entonces sonrió e hizo el símbolo de la paz con los dedos. —¿Qué significa eso? —¿No lo sabes? Cuando estamos contentos, los habitantes del Reino Celeste levantamos dos dedos para expresar nuestra alegría. —¿Así? —dijo Yona Yona, imitando a Campanella. —La melodía de vuestra cajita de música es preciosa. Es como un reflejo de la vida que lleváis en el Bosque. En el Reino Celeste no tenemos esa música tan bonita. —Me alegro de que te haya gustado. Te la regalo. —Yona Yona le ofreció la cajita de música en forma de concha. —Así tendrás siempre un recuerdo del Bosque. Yona Yona le sonrió y volvió a levantar los dedos haciendo el símbolo de la paz. Mientras caminaban por el estrecho sendero, hablaron de muchas cosas. —Creo que estoy empezando a querer al Bosque. —¿Querer? ¿Qué significa querer? —Querer es... amar. —No conozco esa palabra. —¿No sabes qué es amar? —No. ¿Qué es?
Era la primera vez que Campanella tenía que explicar el significado de amar, y no encontraba las palabras adecuadas. —Pues... amar es tener la sensación de que sacrificarías cualquier cosa para proteger algo. —Entonces, ¿amar significa sacrificarse? Campanella nunca lo había pensado así. —Cuando alguien rompe algo que queremos, nos enfadamos con él. Cuando alguien se lleva algo que queremos, le tenemos envidia. En el Reino Celeste, todos los días nos peleamos por cosas así. —Y la causa de vuestras peleas es el amor, ¿no? Pues deberíais dejar de amar. —Eso es imposible. Hace mucho tiempo que el amor forma parte de los habitantes del Reino Celeste. —No comprendo ese sentimiento. No me puedo creer que para amar haya que sacrificar cosas. Los dos jóvenes empezaban a entender los motivos por los que los humanos vivían separados. —En el Reino Celeste, las personas que no son capaces de amar son unos insensibles. Pero tú no eres insensible, eres muy amable. —Yona Yona no respondió. —Ya veo que nuestros mundos son muy diferentes, y no creo que podamos volver a vivir juntos. Pero todos somos humanos, y deberíamos encontrar la forma de unirnos algún día.
Ella dejó escapar una risita. —Estás loco, pero parece divertido. —¡Encontraré algo que una a toda la humanidad! Akihiro Nishino El planeta de la cajita de música