La piscina: un tierno homenaje ilustrado a la curiosidad discreta y a la forma en que conocemos a nuestras almas gemelas.

La piscina: un tierno homenaje ilustrado a la curiosidad discreta y a la forma en que conocemos a nuestras almas gemelas.

Sobre la relación de la necesidad de establecer vínculos personales y los seres imaginarios de Borges.

Un siglo y medio después de que Lewis Carroll hiciera zambullirse a su Alicia en un mundo fantástico a través del espejo, la ilustradora y artista plástica surcoreana Ji Hyeon Lee nos brinda un magnífico equivalente moderno con La piscina, su primer álbum ilustrado: una obra maestra muda en la que convergen el espacio, la escala y el silencio para crear un fascinante mundo submarino que se encuentra debajo de la superficie reflectante de la vida ordinaria.

En el mismo núcleo de la historia, de las delicadas aunque tremendamente expresivas ilustraciones a lápiz de Lee —a medio camino de la obra de Sophie Blackall y de la etapa intermedia de Maurice Sendak— emanan las tiernas inquietudes de la niñez y una apacible alegría.

Nos encontramos con un niño de pie junto a una piscina, mirando a regañadientes a la bulliciosa multitud, la cual va dando bandazos para invadir como todos los años la piscina pública: se trata de una caótica y ruidosa escena que Lee comunica con gran quietud y sutileza.

La piscina


Encaramado a una esquina de la piscina en la que hay poca gente, el niño sopesa con vacilación la posibilidad de zambullirse.

Al final da el salto y se sumerge bajo el clamor de la multitud que reina en la superficie, y allí se encuentra con una inesperada compañera: una niña movida por la misma tímida curiosidad.

Una vez juntos, se sumergen aún más hasta que la piscina se metamorfosea de repente en un extravagante país de las maravillas subacuático repleto de extrañas y hermosas criaturas: un mágico revoltijo en el que conviven los más espléndidos habitantes reales de los océanos, deidades marinas mitológicas del folclore antiguo y seres imaginarios de Borges.

Y, de repente, se topan con una majestuosa visión.

Gracias al dominio del ritmo narrativo a través del espacio negativo que evoca al exquisito El león y el pájaro, de Marianne Dubuc, Lee pinta el grito ahogado visual de los dos niños al encontrarse frente a un amable gigante: una peculiar criatura que recuerda al animal más grande del planeta (el cual protagoniza otro espectacular álbum ilustrado), solo que blanca y con vello.

La piscina

Los niños escrutan el gigantesco ojo, la enorme otredad, y no con miedo, sino con una afectuosa admiración; suerte de dulce y sutil recordatorio de las memorables palabras de Neil Gaiman: «Tras cada par de ojos, hay alguien como nosotros».

Cuando ambos regresan a la superficie, a ese espejo acuoso a través del que se han zambullido en un País de las Maravillas moderno, salen de la piscina por el otro lado y en cierto modo transformados; la bulliciosa multitud, una vez que ha cumplido con su obligación anual, se marcha con el mismo estrépito que con el que había llegado.

La piscina

Y, después, al quitarse las gafas, se miran a los ojos desnudos para descubrir en la otredad una afectuosa mismidad espiritual que les devuelve la mirada.

La piscina, una maravilla indescriptible desde la cubierta a la contracubierta, se complementa con otra obra maestra sin texto: El granjero y el payaso, de Marla Frazee.

Gracias, Amy

María Popova
Brian Pickings

LA PISCINA

Marzo 2014 | ISBN: 978-84-15208-50-1 | 52 páginas | Cartoné | 22 x 31 | 18,00€

Comprar